¡Aguas con la Flor de la abundancia!

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Mi ciudad, pueblerina con aires de grandeza al fin y al cabo, de cuando en cuando ve cómo sus hijos son esquilmados en sus patrimonios por vivales que, cual conquistadores españoles antiguos, vienen a ofrecer espejitos de ilusión a cambio de oro.

En estos días una ya conocida forma de fraude se está gestando entre la clase media de esta capital, cuyo pomposo nombre es: La flor de la abundancia.

Esta dichosa flor no es otra cosa que una pirámide financiera, en donde los que están en los niveles de abajo, en este caso son líneas de pétalos de una flor de varias capas, dan dinero a los que están arriba. Luego de apoquinar a los que les precedieron los ingenuos, perdón, los inversionistas, se supone, subirán un nivel y luego otro hasta quedar en la cima, o en el centro de la flor en el caso que nos ocupa, y recibirán su “inversión” multiplicada. En La flor de la abundancia se entra con tres mil pesos, junto con otros siete inocentes; el del centro de la flor recibe, entonces, 24 mil pesos y uno de los dos del nivel próximo hacia abajo sube al centro, para ello alguien más tendrá que haber entrado en el nivel más bajo, es decir, otro inversionista. El caso es que cada uno de los que entra tendrá que invitar a dos más para garantizar que la flor siga “viva” y produciendo dinero para los que vayan subiendo. En este esquema de atrapar incautos se confía en la amistad o familiaridad porque, precisamente, se recomienda invitar a “gente de confianza” y se les alienta para que no dejen de aportar sus tres mil pesitos.

El fraude estriba en que nadie les dice a los inversionistas que el sistema de pirámide tarde o temprano, per se, va a colapsar, porque las bases de la pirámide tienen, para seguir generando recursos, que crecer de manera exponencial, es decir, se debe multiplicar el número de integrantes del último escalón de la flor por un número que se potencializa matemáticamente. Esto, en muy poco tiempo, hace crecer el número de participantes a un número infinito e incontrolable para seguir produciendo ganancias, sobre todo para los de nuevo ingreso.

Este tipo de engaños financieros no son nuevos, ya en la década de los ochenta, cuando Xalapa era una ciudad no tan grande, se gestó un fraude monumental en donde se vieron involucrados los más pomposos apellidos de aquel entonces. Y aunque hubo denuncias la mayoría no fructificaron porque los que organizaron los primeros niveles de la pirámide, que ni eran xalapeños, huyeron con el botín. Se debe desconfiar de negocios que prometen muchas ganancias con poca inversión, tal y como son estas pirámides financieras con nombres tan pomposos como el que ahora le pusieron. Asimismo se debe hacer con cooperativas de dudosa procedencia, que ofrecen ganancias magníficas a cambio de casi nada, pues debemos recordar que muchos xalapeños han terminado viendo a sus patrimonios esfumarse de un día para otro. Casos como el de aquel famoso Don Cafeto en la década de los noventas, o el de financieras como Cofia, más recientemente, son ejemplos de ello.

No hay, amigos xalapeños, una forma mágica de ganar dinero, a menos, claro, que sean ustedes políticos fidelistas o duartistas, por lo que les recomiendo tener mucho cuidado con flores de la abundancia, pirámides mágicas o puertas que se abren a medianoche y que descubren, una vez al año, tesoros inmensos, como es que dicen que pasa en el cerro de Macuiltépec la noche de San Juan; pero eso, como diría la ya desaparecida nana Goya, es otra historia.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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