Al filo de la navaja

0
59
De la serie de entrevistas: Como mejor actor de reparto

Desde la calle, llena de ruidos sordos, en el fondo y como salido de una olla de grillos, con una nitidez que traspasa paredes se escucha la escala musical; una y otra vez, con una métrica que parece contarse en pasos y con un ritmo que se mide en cuadras. El responsable se llama Domingo López Santos, y su instrumento es un silbato que le sirve para ir anunciando lo que él hace; su oficio parece inamovible en el tiempo, es antiguo: don Domingo es afilador.

afiladorLleva nada más 38 años en esta actividad, y dice con orgullo que hasta que se muera o ya no pueda salir a caminar seguirá haciendo lo que hace.

Nació el 11 de Marzo de 1945, en Juan Díaz Covarrubias, muy cerca de la región de los Tuxtlas. Hijo de un obrero, llegó a esta ciudad a la edad de cinco años, junto con sus padres y sus dos hermanos buscando un mejor futuro. Pasó una infancia difícil y muy joven ingresó a las fuerzas armadas, estuvo asignado a los Batallones de Infantería, número 44 en la ciudad de México, y en el 21 de esta zona de Xalapa. Dejó la milicia, después de seis años porque, estando en servicio y actuando en legítima defensa, tuvo un desaguisado con un policía. Después de cuatro meses de arresto salió absuelto. Aunque varias veces promovió su ascenso ante las autoridades militares, éstas siempre se lo negaron, desesperanzado y hastiado de la dura disciplina causó baja.

En las vueltas que da la vida, anduvo de aquí para allá empleándose de peón de albañil, sin embargo, el trabajo era pesado y muy escaso. Una mañana, estando sentado en el quicio de su vivienda, desempleado y meditando en lo que iba a hacer, pasó por ahí un conocido suyo que le preguntó qué hacia ahí a esas horas, en son de broma y con esa facilidad que tiene la gente del pueblo para disfrazar una mala situación le contestó que se disponía gozar de sus vacaciones. ¡Qué vacaciones ni que nada!, ven conmigo que te voy a enseñar un oficio — le replicó el amigo. Y así empezó su carrera de afilador, primero como aprendiz y después repartiendo a medias las ganancias con su mentor, pues aparte de enseñarle el oficio también le prestaba el aparato, algunos días, para que saliera a ganarse el pan.

Hablando un poco del artilugio que ocupan los afiladores para realizar su trabajo, podemos decir que es una muestra de la perfecta improvisación mecánica del mexicano, este aparato consiste en una estructura de metal o madera  en donde, al centro de ella, adaptada con baleros se encuentra una llanta de bicicleta; con una banda hecha del piso de rodamiento de otra llanta, se transmite la fuerza a una piedra de afilar que gira en la parte superior, todo esto se mueve con un pedal que se asemeja al que tenían las maquinas de coser antiguas. Sencillo, eficaz y no muy caro. El aparato de Don Domingo tiene la particularidad que fue fabricado por él mismo.afilador2

Ya ha llovido mucho desde que Don Domingo anda en las calles, ha visto cómo la ciudad crece, cómo de la nada surgen colonias nuevas; cómo se convierten las callejuelas periféricas, por la magia de la urbanización, en avenidas llenas de autos y de gente. Esto él lo ve como más camino para andar, así nomás.

Todos los días sale invariablemente a las nueve de la mañana, come lo que puede en la calle y regresa a su casa a las cinco de la tarde; recorre entre ocho y diez kilómetros diarios, tiene sus rutas establecidas metódicamente en base a algunos clientes fijos y recorre cada una de éstas cada diez o quince días. Nunca trabaja en domingo, pues como él se llama así, ese día es como si fuera su santo y nadie trabaja el día de su santo. También se dispensa los días lluviosos, pero no por flojera, sino por un aspecto técnico: con el agua la banda se resbala y no se puede trabajar bien. Va afilando y dando mantenimiento a todo tipo de cuchillos, tijeras y alicates; con la vista ya cansada por los años y auxiliándose con unos lentes, Don Domingo se precia de hacer un buen trabajo siempre. Tiene cinco hijos que bien que mal la van pasando; todos estudiaron cuando menos hasta la secundaria. Me dice orgulloso que tiene una hija, la menor, que acaba de entrar a la universidad — ¡Va a ser licenciada! —, aunque después, como si pensara en voz alta, me explica que no pudo entrar a la Universidad Veracruzana y la tuvo que meter a una de paga, y pues eso para él implica darle más duro a la chamba.

Don Domingo es un ser sencillo, de ropas humildes, pero bien limpias y planchadas; mira directo a los ojos y no se avergüenza de su oficio; habla fuerte pero no ofende, es educado como mayordomo de hacienda, y muy respetuoso; su piel es bronce bruñido por el sol y tiene la sonrisa fácil. Conoce lo que es salir a ganarse el pan todos los días y no le causa ningún problema darse cuenta que siempre ha vivido de puro amolar, aunque no como los políticos, que me dice, no amuelan, joden.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com

afilador3

Comentarios

comentarios