¡Aleluya, aleluya!, que cada quien agarre la suya: aborto en Veracruz

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Aborto en Veracruz - xalapo.com

Aborto en Veracruz


En un tema tan volátil y de sensibles fibras políticas como lo es la penalización y derecho al aborto, es necesario escuchar a todas las voces implicadas, desde las ortodoxas hasta las más radicales.

El albacea del obispo don Polo en la Arquidiócesis de Xalapa, el padre José Manuel Suazo Reyes, difunde en su parco boletín dominical del día 24 de enero que la reforma al artículo 4 de la Constitución del Estado arroja “una luz de esperanza” sobre la oscuridad de muerte en la que vivimos los veracruzanos. Y después de santiguarse continúa explicando que dicha reforma tiene como objeto proteger la vida humana desde el momento de la concepción, es decir, desde que el óvulo es fecundado por el espermatozoide, y hasta la muerte natural.

Dos reuniones entre los obispos de Veracruz y el mandatario estatal: la primera el 22 de diciembre y la segunda, más reciente, el 11 de enero de este año; de cara al proceso electoral más caro de la historia para el estado de Veracruz, padeciendo el rechazo general al partido oficial con el inminente voto de castigo: ya no sienten lo duro, sino lo tupido. Una ayudita de la iglesia no caería mal.

Fue así como en fast track los legisladores sacaron de la congeladora dicha iniciativa que llevaba más de un año enfriándose. Le habían quedado a deber al clero, y en el último jalón, “pa que no digan, pa que no cuenten”, salió la reforma; de la cual,  por cierto que falta su ratificación en una segunda vuelta, no se ha establecido lo referente al orden punitivo ya que, de acuerdo con los expertos, la práctica del aborto se equipararía como “homicidio doloso”; a pesar de la insistencia de Suazo Reyes al rechazar que dicha reforma criminalice, alegando esquizofrenia en sus detractores: “este concepto (criminalizar el aborto) no aparece más que en la mente o imaginación de quienes han criticado esta votación”.

Por otra parte, diferentes miembros de organizaciones no gubernamentales, representantes de la opinión pública, académicos y científicos (en su mayoría mujeres), luego luego dijeron esta boca es mía al señalar que dicha reforma sí criminalizaría a las mujeres embarazadas que decidan abortar.

“Decidir”, es el verbo que escandaliza y al mismo tiempo sirve de estandarte. “Decidir sobre mi cuerpo”: argumentan los sectores femeninos. De acuerdo con dicha óptica la reforma violentaría intrínsecamente la libertad y los derechos humanos de las que decidan interrumpir su embarazo. Eso es lo que reprochan, lo mismo a curas que legisladores.

El huevo o la gallina

¿En la fecundación hay vida humana?, ¿después de cuántos meses?: la naturaleza no sabe de relativismos y sus misterios nos superan; se trata de asuntos tan insufribles como cuestionarse qué fue primero, si el huevo o la gallina. Ante toda esta confusión el común denominador debe estar marcado por conductas que compongan en un sentido más reduccionista y abstracto el principio universal de derecho a la vida, que por supuesto, incluye también el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos: ¡Un callejón sin salida!

Pero lo que sí se puede cuantificar, lo tangible y comprobable es la terrible falta de estrategias en educación y salud reproductiva que lamentablemente azota a los sectores más vulnerables de la población: pobres, indígenas y discapacitados.

En la humilde opinión de un servidor, fríamente, el aborto, excepto en los casos de abuso sexual, malformación del feto o peligro de muerte materna, tanto en hombres como en mujeres debería ser la última opción: el último recurso, pero eso sí, garantizando constitucionalmente la posibilidad de hacerlo efectivo, respetando dicha decisión con todas las de la ley. Aun así, reitero, debe ser el último recurso.

Las estadísticas expresan que entre las mujeres que han decidido abortar, clandestinamente, o bien, mediante los servicios de salud en los estados que han modificado su legislación para el caso, las repercusiones más que físicas, psicológicas y emocionales del acto, no deben subestimarse: desordenes de la personalidad, depresión, ansiedad, sentimiento de culpa, y a veces, el suicidio.

A toda acción una reacción

La práctica legal del aborto no es necesariamente “segura” para las mujeres que deciden practicarla. Pocas son las voces proabortistas que incluyen en su discurso el establecimiento de un ordenamiento en materia de salud que signifique atención integral a las mujeres que decidan abortar: estudios médicos y de psicometría, perfil de personalidad, entrevistas de trabajo social para contextualizar a la paciente en su entorno físico, familiar, y social, así como información acerca de otras posibilidades tal y como se revisa a continuación. De esta manera se aseguraría de que el aborto fuera siempre la última opción, la última alternativa.

¿Por qué tales grupos en defensa de los derechos de la mujer subestiman la posibilidad de dar en adopción al producto en vez de acabar con la posibilidad de que una nueva vida se abra camino por el mundo?; al fin y al cabo llevar a su término un embarazo también es una decisión de las mujeres, y si no lo es, ahí está otro tema para no quitar el dedo del renglón.

De ser valorada esta posibilidad, por supuesto que habría que proponer que sea el estado quien asuma la responsabilidad de subsanar y supervisar durante la gestación todas las necesidades de la mujer embarazada hasta que el producto nazca y sea dado en adopción.

Cada acto que realizamos, por mínimo que parezca, lleva consigo una consecuencia; no es cuestión de moralidad, es cuestión de praxis; diría la física: a toda acción, una reacción.

Lo anterior implica que los reflectores, que apuntan al embrollo en el que están trenzados de las greñas el clero, el discurso político electorero y grupos de la sociedad civil, debería señalar hacia las raíces de este fenómeno, que compete, aunque pocos lo conozcan, a las estrategias fallidas de salud reproductiva en el hombre y en la mujer de las distintas dependencias gubernamentales de los niveles tanto ejecutivo como estatal.

¿Por qué abortan las mujeres?

Reitero que con excepción de los casos en que el producto presente malformaciones, el abuso sexual y posibilidad de muerte materna, la fórmula es sencilla: ¿por qué abortan las mujeres?, la respuesta parece obvia, pero no. En mujeres tanto en hombres la decisión sobre su cuerpo en materia sexual comienza desde la implementación de métodos anticonceptivos. La verdadera lucha feminista debe también atender a los sectores vulnerables desinformados y sin la posibilidad de obtener los métodos anticonceptivos más baratos y efectivos.

La clave de esto apunta indiscutiblemente a la educación: garantizar que hombres y mujeres obtengan desde temprana edad una educación sexual integral, y al alcance la asesoría necesaria para utilizar los métodos anticonceptivos que mejor se apeguen a sus necesidades.

El derecho de abortar se debe garantizar, pero también se debe insistir en el derecho de que hombres y mujeres decidan libremente acerca del ejercicio pleno y satisfactorio de su sexualidad, a sabiendas de las consecuencias que pueden devenir: embarazos no deseados, y en no menor proporción, las terribles enfermedades de transmisión sexual.

Me gustaría ver que aquellos grupos cuasi radicales dejen un poco de lado la promoción del aborto como una necesidad que debe garantizarse constitucionalmente, y más bien, que su lucha se dirija a los niños y niñas de 10 años que hoy día viven su sexualidad desconociendo las consecuencias que pueden tener sus actos. El aborto, sí, podría ofertarse constitucionalmente como una opción, solo una opción, una última opción; mas nunca la solución.

Opciones hay, y si no hay opción, no hay libertad.

Epílogo

El especial de noche de brujas de los Simpsons mostraba a un extraterrestre disfrazado de humano, candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Sin entrar en detalles dicho impostor abrió su discurso con el mensaje “aborto para todos”. La rechifla no se hizo esperar. “Aborto para nadie”, fue lo siguiente que declaró: de nuevo el abucheo. “Aborto para unos, banderitas norteamericanas para otros”, entonces sí, todos festejaron.

Tal vez esa sea la mejor estrategia política: “¡Aleluya, aleluya!, que cada quien agarre la suya”

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