El arte de crear fama

0
40
Crea fama - xalapo.com

El arte de crear fama


Crea fama y acuéstate a dormir”, dice el conocido refrán popular, que se ocupa cuando alguna acción que hemos hecho nos precede y nos distingue. La fama puede ser buena o mala y, la mayoría de las veces, obedece a cosas verdaderamente involuntarias.

Ponga usted por caso el de aquél que un día, sin querer, atropella a un perro; tal acción, deleznable desde cualquier punto de vista porque matar al mejor amigo del hombre no es poca cosa—, lo marcará de por vida. La mala fama con la que cargará el pobre, hasta el fin de sus días, acompañará siempre a su sobrenombre: el mataperros. Caso igual es el de aquel que compuso una canción, que, ya hace algunos ayeres, cantara Jorge Negrete y que decía: “Por una vez que rogué ya me decían el rogón…”

La mala fama es como la suegra: uno no la pide, es incomoda y nunca habla bien de uno. Circunstancialmente uno se puede hacer de buena fama —es más fácil si uno muere joven—, pero eso conlleva mucho trabajo y precisa de llevar una vida de monje benedictino o de ermitaño. Es decir, para tener buena fama hay que hacer algo trascendente y muy altruista —ayudar a cruzar la calle a una viejita, donar un millón de pesos al Teletón, etcétera—, pero, además, muchos deben atestiguar el hecho de manera casual —o que lo parezca—; luego de eso, hay que procurar que ninguna acción de nuestra vida opaque esa hazaña. La buena fama es veleidosa y voluble, precisa de mantener una conducta que raye en el aburrimiento y el ostracismo; la mala fama, en cambio, es tan prolífica y tan fácil de conseguir que una sola acción negativa —o de sana diversión—, por pequeña que ésta sea, es capaz de borrar una vida de bonhomía e indulgencia. Un hombre, por ejemplo, puede ser el más fiel de los maridos y mantener una conducta intachable durante veinte o treinta años de matrimonio, pero bastará tan sólo un pequeño desliz, una canita al aire, o un inocente amorío de verano, para dar al traste con esa buena fama. Su esposa sólo tomará en cuenta la vez que le fue infiel y nunca, ni de chiste, valorará todas las veces que aguantó, estoico y mordiéndose un puño, la tentación. ¡Qué cruel se les juzga a los hombres que flaquean por una miserable vez!

La fama, muchas veces, es un papel que nos toca interpretar, que sea buena o mala dependerá de las circunstancias de la vida. El hijo mayor de una familia, por lo regular, es el responsable —el “hombrecito de la casa”, le dirá su padre alguna vez—; ese rol lo marcará de por vida y la buena fama, con poco esfuerzo de su parte, lo acogerá bajo su manto protector; el hijo de en medio, en cambio, casi siempre será “la bala perdida” —“desde chiquito se le veía lo cabrito”, recordará una tía en alguna fiesta familiar—, la mala o buena fama aquí es casi gratuita.

Las chicas que son novieras —sin que eso signifique que sean promiscuas—, siempre tendrán la mala fama de ser unas locas; las promiscuas, pero que son “mátalas callando”, siempre tendrán fama de virtuosas. El “matadito” del salón llevará sobre sus hombros la fama de inteligente; el inteligente, pero poco afecto a llevar las tareas, llevará la de tonto. La mamá “preocupona” y dominante tendrá fama de buena madre; la indulgente y comprensiva, de irresponsable.

Pero, ¿se puede construir una buena fama? Sí, por supuesto, tan sólo hay que saber utilizar las babosadas que uno hace en su favor. Vean, si no, el caso de Alejandra Guzmán. La muy… cretina se llenó las pompis de plástico, por vanos e innecesarios anhelos —si como las tenía se le veían rebien— y, cuando éstas, en lugar de volverse turgentes se le llenaron de pus, hizo de su estupidez un acontecimiento épico en el que, desde el fondo (¿o fundillo?) de su situación, luchó y luchó hasta convertirse en una heroína que venció a la muerte.

He ahí el arte de cambiar la mala fama —de ser una vanidosa sin remedio—, por la buena fama de ser, ¿cómo fue que dijo una “periodista” de espectáculos en la televisión?, ah sí, ya, una guerrera invencible y ejemplo para la juventud mexicana.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

Comentarios

comentarios