Boleros de arrabal: Cigala en México

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Boleros de arrabal: Cigala en México

 


Pudo haber sido cualquier jueves de febrero en la “nueva” Ciudad de México. Difícilmente sería un jueves común para poco más de 3,000 personas que llegamos ese 25 de febrero al Teatro Metropólitan. Puntualmente a las 20:30 horas, empezaba la impaciencia por ver salir a Ramón Jiménez Salazar, mejor conocido como Diego “El Cigala”.

A las 20:40 horas, la voz masculina del staff del Teatro, anunció la primera llamada. Diez minutos de espera suficientes para repasar en mi mente todas aquellas canciones que el famoso ´cantaor´ ha vuelto marcas de guerra en épocas de amor y desamor; esperando -en la aprehensión de una devota-, que cantara todo un repertorio especial esa noche. Pocos minutos después, escuchamos el anuncio de la segunda y tercera llamada; inmediatamente una voz de mujer agradecía las localidades agotadas de la noche, razón por la que, el madrileño regresará a nuestro país para compartir una velada más con su público mexicano. Imaginé que esa voz, anunciando el beneplácito de una nueva fecha, años atrás pudo ser su manager, Amparo; ahora sólo era una voz más.

Cigala - xalapo.comAl abrirse el telón, quedaron los minutos suspendidos. Un piano Petrof, una mesa, una silla, dos micrófonos, iluminación sencilla. Jaime Calabuch entró a escena, sonriente, en su traje gris oscuro, tomando asiento frente al piano y haciendo volar las primeras notas. Segundos después, vestido de negro, con saco rojo, cabello suelto, El Cigala tomaba su lugar. Quienes seguimos al instinto sin contener los impulsos que provoca la música, nos levantamos del asiento: en un estruendo de aplausos, fue recibido quien tendría atónito a sus seguidores. Te quiero, te quiero, inauguró la noche íntima, con su característica voz flamenca: grave, rasposa, de contrastantes altos y matices que lo hacen inigualable.

“Jumitus”, desliza sus dedos sobre el Petrof y va tejiendo en sus notas 20 años, Compromiso, Inolvidable, Amigo, Cóncavo y Convexo, Vida Loca, Lloviendo ausencia, sin faltar Corazón Loco, Lágrimas Negras,  Se me olvidó que te olvidé. En algún momento, el corazón se acelera. Se escucha, “Soledad, fue una noche sin estrellas, cuando al irte me dejaste, tanta pena y tanto mal…” se hizo evidente el tenue susurro tejido por cientos al corear el “vuelve ya, vuelve ya, mi soledad”.  Entre canciones, el cantante dejaba su asiento para ir a fumar al lado derecho del escenario. A contra luz, los que podíamos observar la escena, disfrutamos de los detalles de un artista que caminaba por el pasillo lateral, con cigarro y bebida en mano. El piano resonaba por segundos antes de volver a escena. Los aplausos no se hacían esperar.

El clímax de la noche: Te extraño. Nada tiene que ver con ser la mejor canción. Tiene que ver todo con lo que significa la conexión de un cantante y su Cigala en México - xalapo.comhistoria. El Cigala dio un ligero manoteo sobre la mesa, la voz más intensa con la mirada al cielo, moviendo la cabeza en señal de una ausencia irremediable. El 20 de agosto de 2015 se presentó en Los Ángeles, California; tan sólo unas cuantas horas antes de salir a ese concierto, murió su esposa, amiga y manager, Amparo Fernández. Aquella noche de agosto, Inolvidable fue la canción que fraguó todas las emociones de la tristeza por su partida. Seis meses después, todas las letras -probablemente- son ella. Pero esa noche, con nosotros ahí, en cada gesto, su voz desgarrada tomaba otro matiz  “…ay, te extraño, cuando camino, cuando lloro, cuando rio, cuando el sol brilla, cuando hace mucho frío, porque te siento como algo muy mío (…); te extraño, en cada paso que siento solitario, cada momento que estoy viviendo a diario, estoy muriendo, amor, porque te extraño…”. Contener el instante con la respiración, fue obligatorio.

La magia del momento se entorpeció con comentarios que flotaban entre algunos presentes,  asistentes a un concierto porque: a) se saben 2 o 3 canciones; b) se lo recomendaron; c) o lo escucharon “hace poco” y “a ver qué tal”. Alguien preguntaba a su interlocutor “¿Por qué hará tanto drama del hombre al cantar? ¿Se sentirá mal o así es su show?”. En contra parte habría que someter a discusión, ¿acaso no es sabido que una interpretación, es el justo vínculo indivisible de una historia con en el acontecer de una melodía? Al final, esas canciones que varios asocian a Luis Miguel, Francisco Céspedes, Roberto Carlos, o de autoría mexicana como las de Armando Manzanero, entre otros; fueron el repertorio de un Diego “El Cigala” entregado a cada ovación. En el recinto se estremecieron las notas del piano con la intensidad de la voz del considerado magno `cantaor` contemporáneo, aludido así por Rosario Flores, Nina Pastori, y el mismo pianista cubano, Bebo Valdés, con quien grabara Lágrimas Negras(2003) y Blanco & Negro (2004).

Escuchábamos Niebla de riachuelo, y el reloj recordaba que la velada llegaba a su fin. Dos horas de concierto culminaron en una ovación de pie que no fue suficiente para agradecer a Diego y Jaime, la noche del 25 de febrero de 2016.  Así concluyó la visita a México, que inició en Tijuana una semana antes, pasando por Guadalajara y despidiéndose en la capital.

Cigala & Piano, gira donde se cantan boleros porque -como dice él-, se parecen mucho al flamenco “son trágicos, románticos, nostálgicos, arrabaleros”. El 19 de abril repetirá cita en México, para cumplir como siempre la promesa de hacer suyos tangos, bulerías, boleros y poemas de Lorca, transformándolos en emociones a quienes gusten de su muy particular estilo y este género.


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