Deja de regalar tu chamba

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La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho.

-Jonas Edward Salk (no me pregunten quién es, muchos comparten frases de Paulo Coelho sin haber leído uno de sus libros nunca jamás)

Recuerdo con mucho cariño mis años de universidad, estudiando la gloriosa y heroica Licenciatura en Publicidad y Relaciones Públicas en la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la Universidad Veracruzana (aunque se les acabe el aire al mencionarla), 4 años en que nos divertimos mucho disfrutando el momento, conviviendo en los pasillos de la facultad y alguna fiesta alocada que terminaba con algún compañero desnudo en los separos del MP y alguna chica embarazada, pero eso sí, nos rifamos estudiando, quemándonos las pestañas haciendo proyectos de un día para el otro, armados con tal dotación de Cafiaspirinas y Red Bull que hasta podríamos mantener despiertos a 10 diputados durante todo el periodo de sesiones. Muchos amigos de otras facultades nos platicaban también de las chingas que se llevaban estudiando, nosotros no éramos exentos, nos llevábamos unas madrizas épicas conceptualizando, estudiando psicología de colores, creando de la nada mensajes, spots, sustentos teóricos para apoyar una imagen corporativa. Enormes chingas, igual de intensas que los de medicina, derecho, contabilidad, bueno, hasta los que estudiaban histopatólogo embalsamador, que hasta la fecha no sé qué hacen (quitemos a los de Administración de Empresas, aceptémoslo, son el Tlaxcala de las licenciaturas, ya no tiene que existir esa carrera).

Años de preparación fueron seguidos por el proceso de la experiencia real en el campo laboral (los Godínez que siempre han estado en gobierno por lo general no entenderán, ellos son felices trabajando sus ocho horas diarias y cobrando cada quincena), empezar desde abajo, cobrando lo mínimo, porque obvio no vas a salir de la universidad directamente a cobrar las millonadas, debes conseguir clientes que te ayuden a llenar el refri; cometer errores, aprender a evitarlos, ir subiendo de status, que tu trabajo sea reconocido y cotizarte, engrosar el currículum para que no nada más pongas “dominio de Microsoft Office” en tus habilidades, tener un prestigio como alguien que hace bien las cosas, lograr que los demás digan que eres chingón, creerlo y obvio, empezar a cobrar mejor.

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No cobro por lo que hago.

Sin embargo, no falta la persona, desconocedora (por no decirle “pinche ignorante”), entre las que por lo regular destacan algunas amistades o familiares, que se te acercan con el fin de pedirte ayuda con algún proyecto, sí, de esos que te dicen tú estudiaste publicidad, anda, ayúdame con la comunicación de mi negocio y te paso una lana, nada más necesito unos volantes o también tengo tanta lana, a ver qué me puedes hacer con eso, frases apoyadas en la camaradería que envuelve a la relación; otro ejemplo, estudias derecho y te llega un cuate diciendo oye, ayúdame con mi amparo, pero no seas culo y no me cobres tan caro.

Alguna vez (y otras tantas, ya que es un mal que parece que no desaparecerá), he contestado mira, lo que necesitas es un plan completo de comunicación, podemos trabajar de tal o cual manera y mis honorarios y condiciones son estas, uy no, para qué les dices eso, te empiezan a tachar de mamón, que que poco valoras su amistad,  mamadas por el estilo y a veces sueltan una de esas frases para imprimirla, enmarcarla y pegarla en tu álbum de chingaderas  épicas, como ay ya, si para eso vine contigo, para que no me saliera tan caro o el otro clásico ah chingá ¿por qué tan caro? ¿neta? ¿tan poco valoran el esfuerzo y preparación de un profesionista? Y así también sale el informático al cual van a que les vacune la USB, el arquitecto al que le piden que les dibuje un plano “sencillito” en una servilleta o el diseñador gráfico al que le piden un logotipo “rápido y sencillo” ¿saben que al hacer esto afectan la percepción que estas personas tienen de su propia capacidad? Sinceramente, no me fui a partir el lomo, ni gastar el dinero de mis padres en vano estudiando una carrera por tanto tiempo para que la gente menosprecie mi capacidad.

Podrían indagar más sobre las profesiones y lo que cada una hace, se limitan a creer que uno realiza tareas consideradas como “bien pinches fáciles”, no valoran el trabajo intelectual, los años de estudio y experiencia, el hacer girar la ardilla, el pensar la resolución del problema en cuestión y las horas de análisis del caso, para que cuando llegas y lo resuelves te dicen chale, lo resolviste bien fácil, hasta yo hubiera podido. Por otra parte, los mismos profesionistas deben valorar su propio trabajo y defenderlo ante estas personas, diferenciar la amistad del trabajo, tener estándares y evitar de esta manera el abaratamiento de su labor, no regalar su trabajo y buscar crecer, los podrán tachar de mamones, careros y otras tantas cosas, pero deben hacer de lado la falsa modestia y decir, yo soy chingón y mi trabajo y conocimiento son valiosos.

Ya para terminar con este asunto, me remitiré a dedicar unas palabra a aquellas personas que no valoran la capacidad de un profesionista, esto que les digo está sacado de una historia que circula en redes sociales y que en resumidas cuentas dice que cualquiera puede apretar un tornillo, pero pocos saben cuál tornillo apretar para reparar un aparato.

Hasta la próxima.

Mi Twitter: @eldoogie

 

 

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