Desechable

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Con las elecciones frescas y el amargo sabor de boca que siempre dejan, quisiera hablar de lo desechable, quisiera hablar pero no puedo hacerlo libremente. Primero hay que hacer la pregunta: ¿qué significa la palabra “desechable”? No quiero caer en la vulgar práctica de la definición (aunque lo haré) pero en su segunda acepción quiere decir: que ya no es aprovechable y puede tirarse.

Cultura desechable, ropa desechable, vestido, comida, autos, vida desechable. Estamos invadidos por lo que debemos tirar después de usar. Las boletas electorales de hoy son la basura de mañana, archivadas, quemadas, extraviadas… Es lo mismo, basura. El producto: una falsa democracia, una sociedad de consumo resuelta en más consumo, la serpiente que se devora a si misma.

La supuesta fe occidental se puede resumir en un Starbucks, un Mc Donald’s o cualquier producto Apple. Vigentes hoy pero obsoletos en un par de meses, siempre algo nuevo, siempre disfrazando la voraz hambre de consumo de la humanidad en lo que llaman “actualizaciones”, “productos de temporada” y tantos más términos genéricos.

Despotricar palabras, escupir textos, defecar ideas. Parece que esto es lo que nos enseñan, a producir sin siquiera saber para qué, para quién o simplemente cuestionarnos si vale la pena hacerlo, si acaso se puede hacer mejor. Valorar el tiempo, el esfuerzo, la dedicación y el sacrificio son prácticas ignoradas o reducidas a ridículas proporciones. El eterno e insaciable YO, el cegarnos ante todo lo que el mundo hace por nosotros mientras creamos caos. La total inconsciencia. Aberrantes seres privados de sentido, ciegos, mudos, sordos, faltos de tacto, de olfato, privados de sentido común, de sentido de comunidad, de alma. Dispuestos a hacer lo necesario para salir adelante sin importar las consecuencias de nuestras acciones. Parece que herir es requisito, mutilar a quienes nos extienden la mano en forma de ayuda.

Quiero y debo alzar mi voz y mi palabra, no sólo hoy sino siempre, invitándolo a Ud, lector, a tomarse una pausa, un minuto, una hora, un día, lo que le sea posible para observarse y observar su entorno, para cuestionarse, verse con los ojos de la niñez y la pureza, recordar aquello que siempre quiso y que el mundo poco a poco o de golpe le arrebató de las manos, de su memoria, de su vida. Quiero que se ayude y ayude a quienes tenga la oportunidad, sin esperar nada más que la satisfacción de haberlo hecho, y, una vez terminado, que lo vuelva a hacer, que vuelva a ser quien quería y no un simple desechable más.

@mentedominguera

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