¿Dónde está mi pitufina?

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Querido lector:

Hace poco he dado un paso atrás para apreciar el panorama, he detenido la marcha para contemplar el camino andado. Hoy le escribo a usted, con toda sinceridad y sin reservas. 

Mi carta es una más en la serie que poco a poco he creado. Un relato de mi vida, mis andanzas, mi pensar, mi quehacer. Eso eso lo que poco a poco he ido compartiendo, ahora me doy cuenta. 

No se ha tratado de escribir para entretener, de escribir por deber o incluso por gusto. He escrito porque todas las circunstancias se conjugan en un inexorable momento. Le hablo como hablaría conmigo mismo. Digo las cosas como las pienso, como las siento, y por eso ni me enfado ni me arrepiento. La autocensura es la peor de las desgracias, y espero no pecar de ello nunca.

El motivo de esta misiva es la pujante razón que se esconde detrás de todas las razones, la que se esconde detrás del amor, detrás de los vientos y los atardeceres a su lado.

A mis manos ha llegado un texto envuelto en sueños que me ha dejado sin palabras, un texto que ha anulado mi pensamiento. Vamos a ello:

¿Dónde estará mi musa? 

Aquella que me guía en los senderos intrincados del destino. Aquella que con la silueta de su mano me hace seguir adelante sin dudar, sin descansar, sin cuestionar. Aquella por quien daría todo.

No es un ángel, no es perfecta, no tiene más ni menos que otras, es llena de detalles. Su mirada comprensiva, su andar escalofriante, su silueta inconfundible, su talento para que de sus dedos broten colibríes, paisajes llenos de infancia, cantos de amor, invocaciones al demiurgo y tantas cosas que no puedo ni comenzar a comprender.

No tiene nombre, no tiene edad, raza o condición. La encuentro a veces haciendo tortillas en un mercado, en la mirada de las esposas abnegadas, en el andar orgulloso de las amantes satisfechas o en mi vecina. Está por todas partes excepto en mis sueños, en mi imaginación. Aunque su imagen nunca me abandona no puedo asignarle un cuerpo. Son todas las mujeres y ninguna.

Esto es un canto al divino género femenino. Es ceder ante algo más grande y mucho más hermoso que yo, que tú y que todos los hombres que existimos o que hemos respirado alguna vez en este mundo. Es hacer una pequeña lista de hechos, de verdades, de agradecimiento a todas la mujeres. Es una confesión de amor, amor de hijo, de hermano, de amante, de compañero de vida, de amigo, de extraño.

Sin ustedes mis queridas musas, yo jamás podría ser.

Las amo, la amo.

No puedo decir más.

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