El Horario de Verano

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Horario de Verano - xalapo.com

HORARIO DE VERANO


El próximo domingo 02 de Abril, iniciará el Horario de Verano. Algo que sirve, según sus creadores, para ahorrar energía y, según yo, nomás para hacernos como Tío Lolo —aquel que se hacía tarugo solo—. Porque, a saber, el sol, las estrellas y el universo entero, siguen su curso sin enterarse de nuestros ingenuos intentos por “adelantar” el tiempo. Y que nadie me presuma que en verdad el recibo de energía eléctrica le llega disminuido gracias a esto, porque no le voy a creer. El ahorro, en macro cifras, que todos los años los gobiernos de los países que implementan este cambio de horario anuncian, muy rara vez se ve reflejado en los bolsillos de sus ciudadanos. Sin embargo, la normatividad internacional parece obedecer más a los supuestos beneficios corporativos que a los particulares. Pero, a todo esto, ¿a quién demonios —iba a poner chingaos pero me arrepentí— se le ocurrió esto del horario de verano?

Se dice que a Benjamín Franklin, quien fungía como embajador norteamericano en Francia en 1784, fue al que se le ocurrió mandar una carta al diario Le Journal, en la cual sugería algunas medidas ahorradoras de energía: imponer un gravamen especial a las personas cuyas contraventanas no dejaran pasar la luz a sus habitaciones, regular el consumo de cera y velas, y hacer repicar las campanas de la iglesia al amanecer para que todo el mundo se levantase a la misma hora. Por supuesto que estas ideas no prosperaron, sin embargo, sirvieron como base para que se llegara, de manera formal, a implementarse ideas ahorradoras de energía eléctrica adelantando los relojes cerca del año 1974.

Aunque, investigando un poco más, ya los egipcios y romanos antiguos implementaban algo parecido. Al no tener otra manera de medir el tiempo que no fueran los relojes de sol idearon las clepsidras. Éstas eran unos recipientes llenos de agua con un orificio por el cual el contenido caía en otro, en ambos había marcas y a medida que uno se vaciaba en el otro se medía el tiempo. En el verano tenían vasijas más grandes y en el invierno más chicas, ambas, sin embargo, estaban dividas en doce y las ocupaban para dividir la luz del sol en iguales proporciones en una estación y en otra.

Después de los hidrorelojes de los romanos y egipcios, y de Franklin y sus tañidos al amanecer, a un constructor inglés —William Willett— se le ocurrió, ya de manera más formal, el Horario de Verano. Durante un paseo a caballo, previo al desayuno, se sorprendió al imaginar cuántos londinenses dormían durante la mejor parte de un día de verano, allá en el año del Señor de 1905.

Al retrasar el horario nominal al amanecer y en el crepúsculo, se incrementa el empleo de luz artificial por la mañana y se reduce por la tarde. Como hasta el mismo Franklin apuntó, se ahorra energía si el ahorro vespertino supera al incremento matutino, lo que puede ocurrir si la gente necesita más luz por la tarde que por la mañana. Sin embargo, no se han encontrado evidencias estadísticas significativas para apoyar esta hipótesis. Antes al contrario, si hay que levantarse más temprano, hay que encender la luz por fuerza y cuando se llega a casa después del trabajo también. Además, durante los primeros días de ambos cambios de horario —inicio y término—, los ciclos biológicos de las personas se tienen que readaptar, lo que trae como consecuencia que haya gente con problemas para dormir —para levantarse siempre, claro—, enferma de gripe por una baja en los sistemas inmunológicos, malhumorada y estresada.

Pudiera ser, como una defensa casi insustentable, que el Horario de Verano funcione en los países que se encuentran más cerca de los polos, pues la cantidad de las horas de día y de noche difiere significativamente en el verano y en el invierno; no así más cerca del ecuador, pues las horas de uno y de otra son casi semejantes. Lo que sí no es raro es que el Horario de Verano se le haya ocurrido a alguien que gustaba de levantarse temprano; aunque no me parece justo que si se sintió solo al ver las calles vacías, haya querido que todos lo acompañáramos. Es un crimen de lesa humanidad hacer que la gente decente se levante cuando no hay luz natural.

En la madrugada, cuando el sol es tan sólo un resplandor mortecino en el horizonte nada bueno puede ocurrir. No por nada a los condenados a muerte los fusilan al alba, las trombosis ocurren con el primer pujido del día, la sangre se dona en ayunas y los desequilibrados salen a batirse a espadazos al amanecer. Mucho de perverso ha de tener la hora previa a la salida del sol que las novias la escogen para fugarse, los vampiros para regresar a sus ataúdes, los niños para mojar la cama, los lecheros para ir a jalonearles las ubres a las vacas, los que organizan excursiones en autobús para citar a los viajeros, los rateros para robarse los tapones de los carros y los campaneros de la basura para ocasionarnos un paro cardiaco. Sólo a un psicópata, eso es seguro, se le hubiera ocurrido que la gente tenga que despertarse cuando la cama está más calientita y el sueño discurre por su momento más placentero.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com


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