Fiestas Patrias

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Fiestas Patrias en Xalapa

Fiestas Patrias

Cómo vivir en Xalapa

Por: Alejandro Hernández y Hernández


Mi ciudad está llena de gente que no sabe cosas que, se supone, debería de saber. Como muestra de ello hice, antier, una encuesta entre un grupo de personas que esperaban el camión —gente común— y muy pocos supieron, con exactitud, los nombres de los héroes de la Guerra de Independencia; el que más, dijo tres, y el que menos fue un atarantado que lo único que supo de Vicente Guerrero es que es el nombre de una calle del centro.

Casi nadie sabe que el día en que se conmemoraba el inicio de la lucha por la independencia era en realidad el 16 de septiembre y no el 15 como se acostumbra, ni que el cambio obedeció a que Porfirio Díaz nació un 15 de septiembre y pues había que celebrarle su “cumple”. Que la lucha no la motivó, inicialmente, el afán por independizarse de España, sino que se levantara la ocupación francesa sobre ésta y que se restituyera a Fernando VII en el trono.

En cuanto al llamado Padre de la Patria, mucha gente cree que el pueblo de Dolores, en donde dice la historia que dio inicio a la gesta de independencia, está en el estado de Hidalgo y no en el de Guanajuato. Muchos aún piensan que Don Miguelito Hidalgo y Costilla era un anciano venerable, que con trabajos pudo darle de jalones al mecate de la famosa campana de su parroquia, y no, Hidalgo tenía cincuenta y ocho años cuando lo fusilaron; o sea que, en lenguaje coloquial, todavía aguantaba un piano; además, dada la mitificación con la que se maquilla a nuestros héroes se cae en cosas tan cursis como la de decir grandilocuencias sin ton ni son de estos personajes para, así, darles un toque de prócer inmaculado muy a la mexicana. Y es que si bien es cierto que Hidalgo era sacerdote, también es cierto que el mentado “grito” no fue “¡Viva México, hijos míos!” sino “¡Vamos a matar gachupines!” Cosa que en ese momento histórico fue justificable, porque después de haber sido descubiertos conspirando contra la Corona no quedaba más que echar bravata y darle un mosquetonzazo a quien se pusiera enfrente. Y no es falta de respeto lo que motiva mi cavilación, sino más bien un deseo de humanizar a nuestros luchadores sociales; pues siempre será más apreciado el valor en alguien común y corriente que en un personaje de leyenda, que se cree que para eso nació, que ni los balazos le hacían y que todo el día se la pasaba rezando, cultivando uvas agrias, criando gusanos de seda y diciéndole a los soldados españoles, voz en cuello con gesto teatral: “¡Por el amor de Dios, deteneos, dejad en paz a estos pobres indios!”; cuando a lo mejor lo que les decía entre dientes, para no delatarse, fuera: “¡Espérense tantito cabrones, nomás que llegue el quince!”

Yo prefiero imaginar a un Miguel Hidalgo fastidiando durante cuatro horas al Pípila, para tratar de convencerlo de que se pusiera una piedrota en el lomo y quemara la puerta de la Alhóndiga, a uno que nomás levantara la mano, omnipotente, y los demás lo obedecieran sin chistar, como actores de una mala representación de escuela primaria.

Pienso que lo que se debe ponderar es que la inconformidad de algunos pocos, que suponía los deseos de un pueblo oprimido (y los de los conspiradores, que bien o mal eran unos promonárquicos criollos y no unos desinteresados independentistas), y la suma de voluntades pudo hacer crecer la conciencia de libertad e identidad propia. Hidalgo se levantó en armas nomás con trescientos “pelaos”, mal armados, mal comidos y mal aconsejados —porque si hubiesen sabido lo que les esperaba ni se arriman a los campanazos—, y un cañonzote que él mismo diseñó y al cual, la mitad de su ejército tenía que ir empujando; sin embargo, esa conciencia común logró forjar una nación, que algo de especial debe de tener porque después de casi doscientos años de revoluciones y reformas, de robos y saqueos descarados, por propios y extraños, de invasiones, imperios, cuartelazos, setenta años de PRI, diez de PAN, una guerra intestina contra el narco —que ya está pa vomitar— y demás minucias, aún está de pie. Que aun vibra con las notas de su himno nacional, atemporal ya por cierto, porque que es un reto de guerra contra el invasor, lo cual no nos deja darnos cuenta que nuestras batallas deben ser libradas, no en contra de un enemigo advenedizo sino en contra de la desidia y la indiferencia, en contra de nuestra falta de unidad, de la holgazanería y el hurto entre hermanos, contra el descuido que ha hecho caer en las drogas a nuestros jóvenes; en contra del desamor para nuestros ancianos y discapacitados y contra la apatía que nos ha descompuesto tanto como sociedad. Hoy por hoy debemos hacer frente a lo que nos agrede como seres humanos y ciudadanos de un país libre y a la falta de valores. Tenemos que desterrar la corrupción, el engaño, el encono, la desigualdad entre sexos y a todo aquello que frene nuestro desarrollo.

Así pues, señores, a celebrar con conciencia y conocimiento de causa, que vivimos en un gran país; que es nuestra tierra, lugar de un pasado esplendoroso, de un presente de oportunidades y de un futuro, que si nos decidimos, puede ser mejor que lo que ahora tenemos. ¡Viva México!

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios y sugerencias: motardxal@gmail.com

Disfrute las Fiestas Patrias y conozca como fue, la guerra de independencia en Xalapa

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