Francisco Tario

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Francisco Tario, La Danza de los Libros


La literatura mexicana tiene en su haber una variada, fuerte y gran producción en todos los géneros, con excelentes autores que logran plasmar la realidad de nuestro país de forma contundente y que alcanza su arranque enérgico a partir de la Revolución, siendo el cuento o narrativa breve donde se encuentra la joya de la corona.

Héctor Perea nos dice al respecto: “La narrativa breve, la manifestación sólo aparentemente fácil dentro de este campo, tiene en México una doble cara: simboliza al objeto anticomercial por excelencia frente a los intereses implacables de los editores de libros, pero ha sido además, a lo largo del siglo XX y sobre todo en la segunda mitad en que nacieron y se consolidaron los proyectos editoriales mexicanos más importantes, el medio ultrainmediato de comunicación entre autores y lectores de publicaciones periódicas. En relación con esto último me refiero, en el ámbito de las revistas y suplementos, a la Revista Mexicana de Literatura PluralVuelta Nexos Sábado La Jornada Semanal, etc.; y en el de los libros, a las editoriales Joaquín Mortiz, la colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica, ERA o los departamentos editoriales de las universidades Veracruzana o la Nacional.”Francisco Tario - xalapo.com

“Ahora bien, una de las características más evidentes de la narrativa mexicana breve de nuestros días es que no se concreta en una sola forma expresiva sino que está representada por muchas escrituras a la vez. Si por un lado el cuento sigue conservando dentro de algunas parcelas una afinidad con nuestras letras nacidas de la Revolución –con las directamente vinculadas al conflicto político, pero también con aquellas otras producto de la revolución cultural que significó el Ateneo de la Juventud y ramificaciones suyas como el grupo Contemporáneos–, con la literatura escrita dentro del espíritu nacional e internacional de experimentación y ruptura de la década de los años cincuenta, por otro ha venido renovando, dentro de esta tradición y fuera de ella, las formas y enfoques proyectados por momentos medulares de nuestras letras1.”

Y es dentro de este género donde nos topamos con un escritor que es considerado por algunos como “marginal” por no pertenecer a ningún grupo literario y por otros como él que introduce la literatura fantástica o realismo mágico en nuestra narrativa, Francisco Tario (1911-1977), autor de los libros de cuentos: La noche(1943),Tapioca Inn: mansión para fantasmas (1952) y Una violeta de más (1968); las novelas: Aquí abajo (1943) y Jardín secreto (1993), de publicación póstuma, además de varias piezas teatrales.

Luis Ignacio Sáinz dice sobre él: “Tario inaugura, en más de un sentido, la literatura fantástica en nuestra geografía narrativa, con una solvencia y belleza tales que debe emparentarse con escritores como Felisberto Hernández, Virgilio Piñera, Jorge Luis Borges, Juan José Arreola e, incluso, Juan Rulfo, para conquistar, finalmente, el sitio que merece en la creación hispanoamericana2.” Francisco Tario - xalapo.com

Y tiene razón, Tario, cuyo nombre verdadero era Francisco Peláez Vega, hombre de negocios y dedicado a su familia, que vivió lejos de las grandes figuras literarias de su época, en la Ciudad de México, Acapulco y España, y cuyos únicos amigos relacionados con esta materia fueron Octavio Paz y José Luis Martínez, resulta un gran narrador fantástico, sus cuentos, compilados hace unos años, en 2004, para ser exactos por la editorial Lectorum, en dos volúmenes, conjugan elementos como la soledad, la muerte, la angustia, transmitidos a través de la voz de personajes poco comunes: un traje, un perro, un barco… Logra incorporar en sus historias a la locura, el terror y la marginalidad para explorar, con esto, temas menospreciados por escritores de su generación. Tiene textos que prometen al lector “mantenerlo al filo de la butaca”, como “Entre tus dedos helados”, una narración cuya atmósfera es cien por ciento onírica.

Muchos de sus estudiosos lo señalan como un escritor con “altibajos, con deficiencias técnicas”, y tal vez sea así, sobre todo porque no tiene una formación académica en el estricto sentido de la palabra, pero su ejercicio literario consigue mantener la perplejidad del lector, trastornarlo, y eso forma parte de lo que se busca provocar cuando se cuentan historias.

Acercarse a su narrativa deriva en una agradable sorpresa, un buen sacudón, y si no cuando menos leeremos a uno de los cuentistas más raros de nuestras letras.

1  Héctor Perea en www.arts-history.mx

2   Luis Ignacio Sáinz en: Revista Casa del Tiempo UAM 

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