Incongruencia municipal

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Como vivir en Xalapa


Mi ciudad podría ser una ciudad mejor para vivir si de cuando en cuando nos tocará un alcalde con congruencia, tanto administrativa como mental.

Mi comentario viene a raíz del reciente anuncio, por parte del presidente municipal de Xalapa, Américo Zúñiga Martínez, de la construcción de un puente peatonal que unirá la Zona Universitaria con la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información (USBI), a las cuales divide el Circuito Presidentes. La incongruencia en este asunto estriba en que el alcalde lleva el mismo tiempo que tiene su administración, asegurando que Xalapa será el paraíso peatonal por excelencia y un ejemplo nacional de esto mismo, para lo cual ha recibido asesoría de algunas instancias auspiciadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien ha financiado a firmas como Gehl Architects, una consultoría de investigación y diseño urbano con sede en Copenhague, Dinamarca, cuyas intervenciones a espacios públicos en varias ciudades del mundo buscan mejorar armónicamente la relación que existe entre el ambiente construido y la calidad de vida de las persona, para que lleven a cabo estudios y recomendaciones para hacer de Xalapa una ciudad amigable para con las personas que caminan.

Pues bien, el asunto aquí es que a pesar de lo mucho que se ha presumido este tipo de asesorías, incluso llevando a cabo en el centro de la ciudad algunas de las acciones recomendadas (el andador peatonal en la calle de Lucio, por ejemplo), las cuales se centran en restarle espacio a los vehículos automotores para regresárselo a los peatones, apenas bastó una leve presión de un grupúsculo de estudiantes universitarios para que el alcalde se olvidara de lo que le dijeron los especialistas daneses y prometiera, como una de las “grandes” obras de su administración, la construcción del puente peatonal descrito líneas arriba.

Y aquí quiero hacer una pausa para explicar, brevemente, por qué un puente peatonal no debe ser la solución a la movilidad urbana. En primera, tanto los que manejan autos como los peatones tienen los mismos derechos viales, es decir, pueden hacer uso de los espacios públicos para desplazarse, por tanto no debería privilegiarse el uso de las calles para aquellos que manejan un vehículo motorizado y menospreciar a los que caminan, obligándolos a cruzar por determinados lugares o a subir puentes, no importando si éstos tienen alguna discapacidad física o si son de edad avanzada. Es decir, es mucho menor el esfuerzo para mover un pie unos cuantos centímetros para pisar el pedal del freno, que el que se requiere para caminar, y mucho menor aún que el que se requiere para subir cincuenta escalones para cruzar por un puente. En ese sentido no tiene que haber privilegios en el espacio público para que los autos circulen.

Así entonces, si durante casi dos años el alcalde ha recibido asesorías, y ha llevado a cabo un indeterminado número de foros para establecer nuevas formas de convivencia vial, ¿por qué ahora viene a demostrar que no aprendió nada de lo que le dijeron los especialistas, o que si lo aprendió pues le vale sombrilla, porque es más importante, políticamente hablando, construir un puente (que deje vestigios físicos de su paso por la alcaldía) que tratar de lograr los cambios que una ciudad sustentable y accesible para todos necesita?

Si mal no recuerdo en días pasados hasta un premio recibió por el proyecto de sustentabilidad en el transporte público y la movilidad urbana, lo cual nos debería de mandar un mensaje a los ciudadanos de que las recomendaciones de los especialistas auspiciados por el BID, habrán de ser tomadas en cuenta concienzudamente y que, en la escala de prioridades, están antes los peatones y no los automovilistas, los cuales representan aproximadamente apenas si el 20 % de los personas que se mueven por la ciudad.

Un puente peatonal, entendámoslo de una vez, no es un recurso que beneficie a los peatones, sino que reafirma la preponderancia de los automovilistas, por lo que la construcción del que se pretende hacer en la Zona Universitaria es la desestimación más burda y grosera a las recomendaciones de los especialistas internacionales y a las de las organizaciones civiles que pugnan por la recuperación de los espacios públicos para las personas.

Congruencia se llama el juego, mi estimado alcalde, sobre todo si quiere que los ciudadanos lo respeten como un funcionario vanguardista y comprometido con las nuevas formas de convivencia social que empiezan a regir a las ciudades del mundo, a las ciudades progresistas, por supuesto

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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