Juan García Ponce: el “pornógrafo” de la literatura mexicana

Juan García Ponce

 el “pornógrafo” de la literatura mexicana

Por: Adriana Castillo


Dentro de la literatura universal existen muchos autores que se han caracterizado por el uso que hacen del lenguaje, entre otras cosas, para crear atmósferas altamente eróticas que rayan incluso en la pornografía, uno de estos escritores es el yucateco Juan García Ponce (1932-2003) que perteneció a la llamada Generación del Medio Siglo, de la que formaron parte escritores como Inés Arredondo, Carlos Fuentes, Jaime Sabines, Juan Vicente Melo, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol entre otros, y que se caracterizó por un alejamiento de la literatura de la Revolución, preocupada por los problemas sociales del indígena y el campesino, para acercarse a historias donde predominaba más lo urbano, lo mundano, lo cosmopolita; en la que sus exploraciones escudriñaban más por el sujeto individual, por su vida íntima y secreta, por las razones existenciales que le permitían vivir día con día. El interés que despertó la lucha revolucionaria y los temas de índole social en las distintas áreas de la producción artística iban ya hacia un declive que resultaría definitivo, porque lo nuevo era ahora, apropiarse de lo universal.

Juan García Ponce - xalapo.comSu producción es basta y abarca el cuento, la novela y el ensayo. Con dos de sus libros de cuentos, La noche e Imagen primera, ambos publicados en 1963, el primero por Editorial Era y el otro por la Editorial de la Universidad Veracruzana, se marca ese principio, esa nueva propuesta, esa ruptura por así decirlo, de la que Rosario Castellanos señala atinadamente: “No era posible leer una página de prosa narrativa sin preguntarse inmediatamente quién de los dos antagonistas era el modelo del autor: Juan Rulfo o Juan José Arreola. Juan García Ponce llegó con una nueva propuesta donde los personajes ya no ‘deliraban de hambre y de sufrimiento’, tampoco eran figuras campesinas cuidadosamente pulidas. No. Ni realismo mágico, ni fantasía pura. Basta: una nueva voz había nacido. Corriente alterna: la vía de la contemplación.”

Juan García Ponce, no le tenía miedo a las palabras, las utiliza todas, sin filtro alguno, para contarnos sobre historias fuertes, para llevarnos por un devenir erótico, en el que las descripciones de cada uno de sus relatos poseen además nostalgia, libertad, independencia, muerte.

De verdad escribe como quien contempla, como quien observa, sus personajes también ensalzan por sobre cualquier otro de los sentidos el de la vista: “Al sentir el peso del animal, su amiga retiró el brazo de su cara y abrió los ojos con un gesto de reconocimiento, como si se imaginara que la que la había tocado era la mano de D. Sólo al verlo de pie frente a la cama bajó la vista y reconoció al gato. Éste estaba inmóvil sobre su cuerpo, pero al verlo ella hizo un movimiento, sorprendida, y la pequeña figura gris rodó a su lado, sobre la cama, donde se quedó quieta de nuevo, incapaz de moverse.” Éstas son unas líneas del cuento “El gato” donde su protagonista, D, sufre un arrebato al observar al felino que camina sobre el cuerpo de su compañera sexual y pone sus patas sobre los pechos y el vientre de la mujer desnuda.

En la novela Inmaculada o los placeres de la inocencia; FCE; 1989, aparecen escenas como ésta:

-¿Me dejas llevarte a algún lado? -dijo el hombre.

-¿A qué lado? -preguntó Inmaculada con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el respaldo del asiento.

-A un lugar donde pueda verte desnuda sin prisa. Te gustaría, me gustaría, me gustaría mucho -contestó el hombre con la mano de Inmaculada sobre su boca.

En tanto, el hombre miraba el pecho fuera de la blusa, a la muchacha vestida de azul. Su posición hacía más largo su cuello, tenía los tiernos labios entreabiertos y los ojos cerrados. Era maravillosamente joven. No pudo dejar de pasarle suavemente el dorso de la mano por el saliente pezón.

-Ahora no -murmuró sin ningún rechazo, como una especia de súplica, Inmaculada-Estamos muy bien. Déjame así. Otro día… El hombre le sacó el otro pecho y siguió acariciándolos. Inmaculada no había abierto los ojos. Sintió que el hombre retiraba su mano de la boca donde la lengua había empezado a lamer su palma, los abrió entonces y vio, sorprendida y fascinada, sin poder apartar la vista…”

Juan García Ponce - xalapo.comPor eso no resulta extraño que muchas personas lo consideren un escritor pornográfico, sobre todo en una sociedad, donde la doble moral es el pan nuestro de cada día y donde llamar a las cosas por su nombre a veces hiere a las susceptibilidades más recalcitrantes.

Pero más que pornográfico, Juan García Ponce es un escritor adelantado a su tiempo, un escritor cuyo eje temático más fuerte, cuya pulsión más clara es el erotismo, parece que más que interesarle describir mera y burdamente un acto sexual como tal, le interesa contar las reacciones que éste provoca en sus personajes, sobre todo en los personajes femeninos, liberándolos así de las dualidades morales que siempre nos han acompañado universalmente: bueno/malo, lícito/ilícito y enfrentándolos a aceptar que la verdad y la mentira transitan por una frontera muy endeble donde no hay diferencia entre una y otra, todo depende del contexto.

Toda su obra es una especie de gran deseo, de deseo infinito, de un apetito inagotable de posesión por el otro, leerla, es a mi parecer, sumergirnos en una especie de energía liberadora que nos permite alcanzar un “nirvana erótico” y conseguir con ello un estado absoluto de placer y manumisión de nuestros más recónditos apetitos.


Lucia Berlin, el secreto de la literatura norteamericana

Lucia Berlin - xalapo.com

 

Comentarios

comentarios