La culpa

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Lluvias atípicas Xalapa - xalapo.com

La culpa es de las lluvias atípicas

Cómo vivir en Xalapa

Por Alejandro Hernández y Hernández


Mi ciudad ha sufrido severas afectaciones producto de las lluvias “atípicas” (muy oportuno para los funcionarios de gobierno el nombrecito) que han caído en los últimos días. Para todos ha sido un problema, sin embargo, para unos ha sido más grande que para otros; es decir, no es lo mismo quedarse atascado en el tráfico, cosa por demás rara en esta ciudad, porque hay autos apagados por los encharcamientos, que quedarse atascado en el lodo dentro de su propia casa.

Ni nunca será igual mojarse la camisa por la lluvia en plena calle, a que se le mojen a uno todas las camisas, y los pantalones, y los calzones y los calcetines…, porque el agua de la calle agarró cauce por la recamara de uno.

Y no ha de ser para nada agradable ver correr agua que no se ha de beber (porque es un fregaderal y esta “drenajosa” —neologismo que significa: salida del drenaje—) cuando, esa agua, le fastidia los muebles, las cortinas y arrastra hasta al perico.

Lluvias atípicas Xalapa - xalapo.comAnte tales desgracias, y a falta de solucione, se precisa de un depositario que cargue con algo que se parece a una prima fea, esa que nadie se quiere echar: la culpa; y que sirva, cuando menos, de receptor de una mentada de madre que le permita a los afectados desahogar sus penas y su coraje. Posibles culpables hay, pero no a todos se les puede fincar responsabilidad, en primera porque unos están más allá del bien y del mal, y en segunda porque, en esto de las contingencias ambientales, siempre hay disculpas eficaces.

Para empezar, entre los presuntos culpables está Dios, pero ni modo que él haga las cosas con malicia. Si mandó agua sin lástima fue por qué quién sabe a qué bola de beatas con iniciativa se les ocurrió sacar a pasear a San Isidro… ¡Ah! Ahí está, el culpable, en orden de jerarquía es San Isidro. Pues fíjense que nones para los preguntones, pues ese santo es más socorrido para quitar el agua que para ponerla; remítase como prueba de exoneración la tradicional tonada invocatoria: “San Isidro Labrador quita el agua y pon el sol”. Seguirían las beatas, sin embargo, como todo mundo sabe, una beata no sirve más que para rezar el Rosario en los velorios o para que la parodien haciendo a la Chabelita, por lo tanto quedan fuera por falta de pruebas. Así entonces, sólo nos quedan entes más terrenales a quienes inculpar.

¿Qué tal el alcalde? Ése sí es un buen culpable, tiene los destinos de la ciudad en sus manos, los presupuestos en su escritorio y al director de Obras Públicas a su disposición. El alcalde es el único responsable.

Pues puede que sí, pero hasta él puede argüir varios, cuando menos tres, argumentos en su defensa:

1.- Cuando él llego esas colonias ya se inundaban, ¡pero qué gente de veras, hacer casas en lugares tan feítos!

2.- Es, a todas luces, más importante y urgente hacer un festival con velitas y toda la cosa que hacer más drenajes pluviales, que son cosas que ni lucen porque hay que enterrarlas y sólo beneficiaría a gente que ni coche tiene.

3.- Nunca había llovido como ahora, por eso se llama “lluvia atípica” y lo atípico no se puede tipificar. Y, desde luego, tampoco se le pueden tipificar ni recursos ni planes de contingencia, ¡porque ni modo que se haga un “Plan Atípico de Emergencia Atípica para Lluvias Atípicas”! No sería típico.

Así que, conciudadanos afectados por las inundaciones, lo más seguro es que las autoridades, para salir del paso, le echen la culpa a Dios, o a la naturaleza, o al cambio climático o a cualquier otra fuerza ingobernable, de lo que pasa. Y como ya vimos que él no fue, y contra Dios nadie… pues nadie tiene la culpa. O, tal vez sí, primero pregúntenle al que les vendió los terrenos por qué no les explicó la verdadera razón de que esos lugares tuvieran nombres tan singulares como: La lagunilla, La represa, El sumidero, El bordo, Las fuentes… y luego, pregúntense ustedes mismos por qué diablos no les causó desconfianza su risa nerviosa y el “ocurrente que es la gente…” con que les contestó.

 

Alejandro Hernández y Hernández

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