La guerra de las banquetas

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La guerra de las banquetas de Ursulo Galván; Como vivir en Xalapa

Mi ciudad, trazada sobre un montón de cerros y lomas y en un tiempo en el que el automóvil ni siquiera habría sido considerado un tema de la ciencia ficción, porque a nadie se le habría ocurrido, sufre ahora los embates de la modernidad, quedándose chica a las “necesidades” de los que manejan un auto y de los que creen que este aparato es el símbolo del triunfo de la tecnología y el desarrollo.

Para ilustrar lo anterior usemos el debate que ha generado la intención del Ayuntamiento de ampliar las banquetas de la avenida Úrsulo Galván. El proyecto ha generado una guerra de opiniones entre los que creen que la medida es buena y entre los que aseguran que es una locura.

Muchos expertos en urbanismo aseguran que banquetas más amplias, con árboles tal vez, con bancas y otros equipamientos urbanos, incluyendo cableado subterráneo y embellecimiento de fachadas, favorecen el transitar de las personas, la convivencia humana y, contrario a lo que piensan muchos, estimulan las actividades comerciales. Sin embargo, gente para la que un automóvil es el bien más preciado opina que ganar terreno a las vialidades para las personas, quitándoselo a éste, ocasionará el caos, la destrucción de la civilización como la conocemos y traerá pobreza y males inimaginables, cuasi bíblicos.

Esta visión obtusa no es más que el temor a cambios positivos, que no sólo contribuyen a crear un entorno más sano para las personas que caminan, sino también hasta para los mismos automovilistas.

En Xalapa, lamentablemente, existe mucha gente, dedicada al comercio sobre todo, que desconoce que la tendencia urbanística mundial es que los centros históricos de las ciudades se vuelvan peatonales, y que calles enteras sean cerradas al paso de vehículos automotores, lo que favorece, insisto, las actividades turísticas, culturales, recreativas y, por supuesto, las comerciales. Esto último no cuesta mucho entenderlo si uno reflexiona en que la gente que acude a las plazas comerciales no estaciona sus vehículos a pie de puerta de donde va a comprar, sino que utiliza un estacionamiento adjunto y realiza, a veces, grandes caminatas dentro de los pasillos para llevar a cabo la compra de mercancías o la adquisición de algunos servicios. En ese sentido una calle peatonal, o con banquetas más amplias, se vuelve una zona comercial, como una plaza pues, pero extendida.

Esgrimir, para oponerse a la ampliación de las banquetas de Úrsulo Galván, el argumento que los autos no podrán estacionarse, y por tanto los clientes dejarán de acudir a comprar, es mirar el asunto con una visión limitada, sobre todo porque ahora, que las banquetas son angostas y el arroyo vial más ancho, no hay lugar para estacionarse de todos modos.

Lo que es verdad, y en eso muchos estarán de acuerdo conmigo, es que pareciera que al Ayuntamiento le gusta hacer las cosas de atrás pa’ delante. Es decir, antes de llevar a cabo obras como la que se pretende hacer en Úrsulo Galván, debe reestructurarse la ingeniera vial de las calles del Centro Histórico, cambiar sentidos viales, reordenar a fondo las rutas del transporte público, reubicar paradas de autobuses, bridarle opciones de transporte a la ciudadanía, etcétera, y ya cuando se alcance una mediana fluidez y eficiencia en la movilidad urbana, empezar a hacer obras de remodelación y embellecimiento.

Yo creo que la ciudadanía sería menos reacia a los cambios si se le demostrara que en verdad se pretende mejorar las cosas de fondo y no nomás de forma, pero allá mi alcalde y su forma de “comunicarse” con sus gobernados. Mientras eso pasa, si es que algún día llega a pasar, estemos atentos a ver cómo es que termina esta guerra de las banquetas.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios y sugerencias: motardxal@gmail.com

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