La madre de todos los miedos

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Fobia - xalapo.com

Fobia


El término fobia, según el diccionario, proviene de la palabra fobos, que en griego significa pánico. A esta palabra, vuelta sufijo, se le pueden agregar cualquier tipo de vocablos, según sea el miedo de que se trate. Es decir, si alguien le tiene miedo a los lugares cerrados -por poner un ejemplo muy común- se dirá que sufre de claustrofobia.

Nadie está exento de sufrir una fobia y nadie, tampoco, lo está de adquirir alguna. O, en el mejor de los casos, de dejar de sentirla.

Las fobias son miedos irracionales, intensos e incontrolables que algunas personas manifiestan en determinada situación o ante algún elemento en particular, aun y cuando se den cuenta de que no representa para ellos una amenaza real.

Así pues, un mexicano valentón de bigote tupido, voz aguardentosa y andar de cowboy, que no le tiene miedo a la muerte y mero ni a su suegra, puede, como la más desamparada de las niñitas, ponerse a temblar ante una araña cualquiera. Este chillón espécimen se dice, sufrirá de: aracnofobia.

Pero, ¿qué causa una fobia? No existe una sola causa para explicar por qué determinada persona padece de una u otra fobia, ya que no hay una relación uno a uno entre los antecedentes de un paciente y el desarrollo de un trastorno determinado.

Una de las causas posibles por las que surge una fobia específica es que la persona haya tenido en su infancia una experiencia traumática, a la que después asocia el elemento que le causa temor. La asociación puede ser directa o indirecta. Es directa cuando ha sido ese elemento la causa misma que desemboca en una fobia: por ejemplo, un niño es arañado por un gato furioso y, a consecuencia de ello, el niño cuando crece se convierte en un hombre con ailurofobia (fobia a los gatos). En cambio, es una asociación indirecta cuando el temor aparece desplazado: en la televisión norteamericana mostraron el caso de una joven que, habiendo sido abusada sexualmente de niña, había desarrollado una curiosa fobia a los pepinillos. Curiosa pero muy gráfica, cabe agregar.

Algunos investigadores dicen que las fobias tienen una predisposición genética, lo que inclina a los hijos a sufrir de los mismos miedos que sus padres; aunque, yo más bien creo que si un niño -cuando no puede discernir por su falta de criterio- ve que su mamá le tiene miedo a los insectos (entomofobia) él se lo tendrá también, al inferir que estos bichos son peligrosos.

Existen fobias como existen humanos en el mundo, pues cada persona experimentará algún miedo o aversión diferente, y a las cosas más variadas: animales, plantas, enfermedades o situaciones. De ahí que los especialistas tengan que buscar una variedad impresionante de términos para designar a cada una de ellas. Veamos algunos ejemplos.

Los alemanes nazis sentían una animadversión marcadísima hacia los judíos y otros grupos raciales, los alemanes nazis tenían, entonces: xenofobia. Algunos supersticiosos sufrirán de triscadecafobia, que es el miedo al número trece, si al trece le juntamos el viernes, entonces los pobres se volverán unos parascevedecatriafóbicos; los priistas tendrían cianofobia, que es el miedo al color azul; los vampiros padecerían alliumfobia, o sea, miedo al ajo. Los xalapeños nunca podríamos tener antrofobia (miedo a las flores); en cambio, los delincuentes siempre traen a flor de piel la balistofobia, que es el miedo a las balas. Todos, sin embargo, alguna vez hemos padecido bogifobia, que es el miedo al hombre del costal.

Hay ceraunofóbicos por doquier (gente que le tiene miedo a los rayos y truenos), pero no muchos cometofóbicos; seguramente porque es más fácil que le caiga a uno un rayo del cielo, pero no tanto, un cometa. No debe haber crometofóbicos en ninguna parte, pero sí muchos peniafóbicos; lo primero es el miedo al dinero, lo segundo, a la pobreza.

Muchos xalapeños sufren de dromofobia, pues cualquiera, gracias a la amabilidad de los automovilistas, teme cruzar una avenida como Lázaro Cárdenas o Veinte de Noviembre. Los apocalípticos seguramente experimentaran hexakosioihexekontahexafobia, que es el miedo al número 666; y yo, después de escribir esa palabrota me volví helenologofóbico (el que teme a los términos griegos).

Muchas mujeres modernas padecen mageirocofobia, pero se curarían si vieran, por la televisión, un programa del chef Oropeza.

Señoritas, cocinar no debe dar miedo, sino placer.

Aunque muchas otras acumulan fobias como acumulan lápices labiales o zapatos, pues conozco muchas obesofóbicas, ritifóbicas, amaxofóbicas, soserafóbicas, sarmasofóbicas y, para colmo, surifóbicas. Ya, ya, no son cosas graves, sólo dije que no les gusta verse gordas, ni arrugadas, que les fastidia manejar, que le tienen tirria a su suegra, que no les gustan los juegos amorosos -“me duele la cabeza”, ¿recuerdan?- y que le tienen miedo a los ratones.

Y mejor aquí la dejamos, porque de tanta fobia ya empiezo a desarrollar fobofobia. Y eso sí es el colmo, de los colmos, de un fóbico; significa: fobia a las fobias.

 

Alejandro Hernández Hdez.

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