La mujer que debería ser real.

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Mujer real - xalapo.com

“Leo nomás por convivir”- rezaba su blusa. Si la ironía tuviera patas, estaría encarnada en ella como se encarnan las uñas de los futbolistas.

Mide las bolsas de mano en el número de libros que le caben, los martes se dedica a hacer calendarios y beber café. Los miércoles quién sabe. Tiene sus lunares contados y registrados en una libreta que guarda junto a su cama y que no muestra a nadie. Cuando escribe, las palabras brotan con ridícula facilidad. Lo sabe todo y lo que no lo inventa, y al terminar de inventarlo su palabra se convierte en ley.

Cocina como maneja.

Destruye el concepto de las mujeres de cabellos largos e ideas cortas. Su afición a los pumas es tan inexplicable como su gusto por mí, pero en ambos casos es mejor no moverle. Los autobuses urbanos son sus sitios preferidos para siestas no programadas y ama caminar de regreso cuando despierta al final de la ruta, pero es muy orgullosa como para aceptarlo.

La conocí en un sueño y de vez en vez la veo, casi siempre cuando ceno ligero, cuando dejo de ver TV por días o cuando la lluvia me arrulla. Siempre cambia de forma, de rostro, incluso de piel pero su mirada es la misma: indomable como el mar. Huele a guayaba y empanadas de queso.

¿De dónde surge esto? No lo sé pero tenía que compartirlo. ¿Hacia dónde va? También lo ignoro. Ella es como los gatos, uno los cree suyos pero son sólo visitas, se van cuando quieren y vienen cuando deben, cuando son necesarios.

Si la ven en sueños no la ahuyenten, déjenla ser y estar a su lado, les cambiará radicalmente su concepto de soñar.

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