De la música: la necesidad que el ser reclama

Escuchar música es una manera de contemplar el mundo.

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De la música: la necesidad que el ser reclama

Por: Monserrat Torres

“El placer por la existencia alcanza su punto

más álgido en la experiencia musical

 y en ella encuentra su expresión suprema”


Pese a los siglos transcurridos desde la Edad Media, puedo imaginar  las paredes y los pilares que sostienen el monasterio de Rupertsberg situado en Alemania y, si pongo atención, escucho en sus esquinas la música y el canto de Hildegard von Binge que clama O virga ac diadema… Pero llega un pensamiento tras otro, continúo en Alemania, es principio del siglo XIX y lo que parecía una capilla ha tomado forma de habitación pequeña, observo de cerca el camino que recorren unas manos sobre las teclas de un piano; afuera el romanticismo escucha Mondscheinsonate (Claro de luna) y ovaciona, adentro es Beethoven el que toca. Y así como un dedo cambia de una nota a otra, mis imágenes mentales también: sin esperarlo veo de cerca un Apolo que, inspirado por las musas, sostiene victorioso en las manos su lira y también el poder. Imagino cómo tocaría y lo escucho, mientras que de a poco y sin saber cómo llega a mi memoria la oscuridad de una sala de teatro donde por vez primera escuché un concierto de jazz. Inevitablemente algo en mí vuelve a revivir ese instante.

Hildegard von Binge - xalapo.comHablar de música es buscar la manera de explicar con palabras un lenguaje que carece de ellas. A diario, las personas nos comunicamos principalmente por medio de un sistema lingüístico que utilizamos para expresarnos u obtener un fin, para nombrar lo que acontece en nuestra realidad inmediata e incluso el propio acaecer en el mundo. Este lenguaje verbal nos permite, además y sobre todo, definirnos y revestirnos de significados, es decir, formar nuestra identidad como individuos. Sin embargo, entre las tantas maneras de decir algo sin hacer uso de palabras se encuentra otro tipo de lenguaje que también se vale de sonidos pero éstos no articulados; me refiero a los tonos y, por supuesto, a la música.

Ajena al ruido y la casualidad, la música se distingue por ser un hecho que se gesta en la mente. En un principio nace como pensamiento y entonces su creador le concede cualidades como la melodía, la armonía y el ritmo, sólo por mencionar algunos de los elemento musicales; sin olvidar un inicio y un fin, que le son dados como a todo aquello que pertenece al tiempo.

La escuchamos y aun cuando no posee valores semánticos nos dice algo, porque no necesita de predeterminaciones para tener sentido y significar. Los seres humanos, y algunos otros seres vivos, tienen la capacidad de relacionar un hecho con otro, tales asociaciones son fundamentales para hacer posible el significado, así como el previo conocimiento que se tenga del mundo y, en este caso, son igual de importantes las sensaciones experimentadas al estar en contacto por primera vez con alguna pieza musical. Por eso no pensaríamos en hacer sonar La Marcha Nupcial de Mendelsohn en un velorio ni mucho menos Le Marche Funebre de Chopin al inicio de una boda (o tal vez sí, quizá al final), pues de la tradición y cultura hemos aprendido lo contrario, pero incluso si no supiésemos nada de ambas piezas, sabríamos por intuición cuál corresponde a cada evento. La música puede simbolizar y tener significado, sin embargo, es condición suya no limitarse a definiciones y conceptos, sino a las múltiples y válidas interpretaciones que hagan de ella en una experiencia personal e irrepetible.

Música - xalapo.comEscuchar música es una manera de contemplar el mundo. La percibo onírica y me place, pero no es ensoñación, la música no es un medio para huir de la realidad sino una manera profunda y distinta de conocerla. Es la voz del silencio que susurra pudorosa o grita vehemente el sentir del alma, la inquietud del espíritu, aquello que lo doblega o fortalece. Aquello único que solamente puede ser liberado y conocido bajo la condición musical. Es la intimidad del ser puesta al descubierto en una realidad que se aprehende con la sensibilidad de quien, además de oír, sabe escuchar. Y quien sabe escuchar música sabe escucharse así mismo. Quien escucha música forja la virtud de saber escuchar a los demás.

“La experiencia musical es una forma de buscar la verdad y obtener conocimiento válido; del mundo, de la experiencia, de nosotros mismos”, dice Lewis Rowell. Es por ello un arte noble que no restringe ni limita, dota de herramientas y medios necesarios que compositor, músico, intérprete o espectador elegirán para construirse, reconstruirse o deconstruirse en ella. Es un hecho extraordinario que ocurre en la cotidianidad, por eso al estar tan acostumbrados a percibirla en todo momento pocas veces nos detenemos a analizar lo que ocurre a partir de ella. Cuando tomamos un momento para ello, damos apertura a un diálogo, con el compositor o intérprete, así como de nosotros para con nosotros mismos.

¡Oh Dionisio, oh Apolo! La mesura y el arrebato, la armonía que une ambos polos. La conjunción de lo emocional y lo racional, las pasiones que se liberan sobre una base razonada y estructurada. La experiencia musical implica la armonía de los sentidos, el orden y equilibrio para el alma y el cuerpo. Como víctimas y victimarios sobreviviendo en sociedades construidas por el ruido y escándalo, necesitamos la armonía de la música, las epifanías que devienen con ella, la catarsis que despoja  al hombre del ‘estar’ y lo vuelve en la libertad de ‘ser’. El ser del humano reclama el todo que compone a la música y que además, por naturaleza, nos corresponde.

Monserrat Torres

Comentarios: moonlipan@gmail.com / @TorresMoon

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