La otra urbanidad

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El comportamiento es un espejo en el que

cada uno muestra su verdadera imagen.”

Johann Wolfgang von Goethe


Los buenos modales son una serie de normas que, tanto en lo que atañe al cuidado de nuestra persona y aspecto externo, como en lo tocante a los modales y otras cuestiones relativas a nuestra forma de ser, hacen posible que el trato con los demás se dé con cordialidad y respeto. Quizá en el pasado había, por parte de cierto tipo de gente —la gente “de razón”, se autonombraban—, una especie de manía por comportarse de determinada forma. Había, incluso, manuales de urbanidad y aquel que se preciara de educado mínimo tenía el Manual de Carreño como un texto al que recurría con frecuencia. El manual de Carreño, o Manual de urbanidad y buenas costumbres, cuyo título completo es “Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos en el cual se encuentran las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, precedido de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre”, es un texto clásico en Latinoamérica sobre etiqueta y buenas maneras escrito, por entregas en 1853, por el venezolano Manuel Antonio Carreño.

Buenos modales - xalapo.comNomás por el puro año de su publicación, este compendio de anacrónicas recomendaciones resulta obsoleto en un mundo en donde las reglas de urbanidad se han relajado de un modo casi escandaloso. Independientemente de lo que diga este, más citado que conocido, manual, hay reglas de convivencia que son casi consustanciales y que si no se siguen nos pueden meter en graves problemas. Es decir, uno no llega y le agarra las “pompis” a alguien con quien no se tenga cierta familiaridad, ni tampoco le pica uno el ombligo, lo cual nos deja claro que más que reglas de urbanidad existen clarísimas normas de supervivencia básica. Y por supervivencia no estoy hablando de conservar la vida solamente, sino de transitar por el mundo con cierta dignidad y, por qué no, hasta con algún grado de elegancia.

Buenos modales - xalapo.comLo que hace uno por mantener o alcanzar, una u otra, es lo que yo llamo: la otra urbanidad. Ejemplifiquemos. Uno llega a casa de su novia o novio (según el caso o preferencia), aquellos, por supuesto, con los que ya se trata de quedar bien, y de repente se experimenta cierta urgencia de ir “a hacer del cuerpo” —eufemismo que significa, querer ir al baño—. Por alguna extraña razón, cuya explicación me ha devanado los sesos al grado de la calvicie, todos los baños ajenos tienen una puerta que, una de tres, deja escapar todos los sonidos, no cierra bien o da directamente al comedor. En ese lugar y con la urgencia fisiológica royéndole a uno los intestinos, uno debe dejar claro que nuestro cuerpo funciona maravillosamente —sin ruidos y pujidos que delatarían una mala salud—, por lo cual habrá de  echarse mano a algunos recursos que no vienen en ningún manual, pero que forman parte del acervo cultural del mexicano y que consisten en hacer alguna de estas cosas: 1.- Toser en armonía con los sonidos propios de la deposición. 2.- Bajarle a la palanca del sanitario, calculando que cuando el agua haga el clásico ruido de “bladosh, bronmm, blush” uno afloje el pujido; eso sí, tomando en cuenta que éste no rebase los decibeles causados por aquella. 3.- Cantar al ritmo de la música que esté sonando en ese momento, no le hace que uno sea más desafinado que el difunto Valentín Elizalde.

Buenos modales - xalapo.comEsas reglas no escritas, pero que sirven excelentemente bien para disimular situaciones por demás embarazosas, existen también para pegar chicles debajo de los muebles sin que nadie se dé cuenta, para limpiarse popó de perro en una jardinera ajena sin causar daños significativos al pastito; para poner cara de “yo no fui” cuando se le sale a uno una flatulencia; para hacerse buey cuando en un velorio en vez del pésame se le va a uno un estúpido “felicidades”; para encontrar la disculpa más creíble cuando se ha llegado tarde a una cita; para justificar, tosiendo como tuberculoso, un “no quiero ir a cenar con tus papás”; para sonreír como idiota cuando se ha machucado uno un dedo con la puerta; para pararse al baño cuando llega la cuenta en un restaurante; etcétera.

Hoy como ayer seguir ciertas reglas cívicas, aun las más bizarras, mantiene el status quo de la sociedad y nos permite, a pesar de ser tantos en tan poco espacio, mantener un casi aceptable nivel de armonía. Recuerde, la educación no sólo se mama, también se improvisa.

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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