La realidad tiene dos caras

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Américo Zúñiga Martínez,  construirá dos puentes en Xalapa

Mi ciudad tiene dos caras, no porque sea bipolar, sino porque lo que es una realidad para unos no lo es para otros. Siempre, como sucede con una moneda, lo que aquí sucede tiene dos carices; así, lo que para unos es un beneficio para otros no lo es tanto, lo que para unos es un logro, para otros es una pérdida. Y habrá de ser así porque, como dice el refrán, cada quién habla según cómo le va en la feria.

El ciudadano común, casi siempre, es el que ve la vida en esta ciudad con un cristal gris, el de la realidad que sí es verdadera, contrario a la clase gobernante que todo lo mira a través del cristal color de rosa de la realidad acomodaticia. En ese tenor el que gobierna pretende que el gobernado mire a través del cristal de un falso positivismo que éste, que afronta todos los días los problemas cotidianos, no distingue.

Para ilustrar esta disertación voy a utilizar dos obras anunciadas recientemente por el alcalde de esta ciudad, Américo Zúñiga Martínez, quien dijo que construirá dos puentes; uno de ellos peatonal, en la Zona Universitaria, y otro, para vehículos automotores, que unirá la avenida Veracruz, atrás de la SEV, con Paseo de los Alpes, del Fraccionamiento Las Cumbres, en la zona de Las Ánimas.

El primer puente, que costará doce millones de pesos, es casi una necedad y una inconsistencia con los discursos propeatones que han caracterizado a esta administración municipal que, al parecer, hace una cosa y dice otra, pues mientras en unas calles, en el Centro Histórico principalmente, reduce el espacio que utilizan los automóviles, en la Zona Universitaria pretende que éstos sigan circulando sin problemas, haciendo que el peatón camine 300 metros, subiendo y bajando una estructura arquitectónica, para cruzar una calle que a lo sumo mide 30 nomás. Esto es, a todas luces, privilegiar a los automovilistas por sobre los peatones.

El otro puente, el vehicular de la zona de Las Ánimas, del que se dice es una necesidad histórica para los que en esa zona habitan, y cuyo costo, en su mayoría, correrá a cargo de un particular, es en realidad un beneficio para el que “altruistamente” donará el dinero para que se haga, pues a pocos días del anuncio de su construcción ya se oyen, por diversas estaciones de radio locales, anuncios que publicitan una plaza comercial en esa zona, a la que, “casualmente”, se podrá acceder por el nuevo puente.

Así entonces, mientras quien gobierna pretende que veamos “las buenas nuevas” que anuncia como beneficios para nosotros; los ciudadanos, ya bastante ciscados, por cierto, nomás vemos con harto “sospechosismo” tales “bondades”. Porque si en verdad se quisiera beneficiar al mayor número posible de xalapeños con obras públicas, esos doce millones de pesos del puente peatonal podrían servir para evitar inundaciones en colonias populares, o para implementar programas de transporte público eficiente, por ejemplo; y si el altruista ciudadano que donó cinco millones de pesos para hacer el otro puente en realidad quisiera hacer algo desinteresadamente por sus paisanos, vería que su dinero se ocupara en mejorar las condiciones de vida de los xalapeños más pobres, no la de los más ricos, que son los que viven en Las Ánimas.

Pero bueno, las decisiones gubernamentales no siempre se toman con la finalidad de beneficiar a muchos ciudadanos, sino con la de quedar bien con algunos nomás, pero haciendo creer que es al revés. Bemoles de las dos maneras de ver una misma realidad.

Alejandro Hernández y Hernández

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