Las arracheras de Xalapa

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Recuerdo muy bien la primera vez que visité Xalapa. Recuerdo muy bien cuando llegué. Venía de la ciudad de México y pasando Banderilla el conductor informó que estábamos llegando a Xalapa. Me asomé y vi pinos, seguro estaba por contraloría y mi imagen mental de jarochos, malecón y palmeras choco con esos pinos, ¿qué hacen unos pinos en Veracruz? Después recuerdo cuando me pasearon por el centro de Xalapa y cruzamos el túnel abajo del parque Juarez y pensé: Esta ciudad se parece a Guanajuato, ahora pienso que Guanajuato debe parecerse a Xalapa, tendría que ir un día de estos para salir de la duda.

Este texto tiene que ver con esas primeras impresiones que tiene uno al conocer una ciudad, pero quisiera hablar de algunas cosas que me impresionaron aun más que la arquitectura o los árboles. Si algo me impresionó al llegar a Xalapa fueron los tacos de arrachera. Ahora, con el pasar del tiempo, creo que los tacos de arrachera era una moda norteña que vino con el Alemanismo (del hijo, no del padre), pero en ese momento para mi fue una experiencia sensorial impactante, fue para dejarlo claro, como si probara por primera vez la carne de res y todo lo que hubiera probado antes fuera solo algo parecido, pero con un sabor más deslavado. Desconozco en qué puesto de tacos comí los primeros ya que en aquella época había varios.

Recuerdo también que casi siempre los servían con tortilla hecha a mano, eso hacía más sabroso el taco de arrachera. Después conocí las picadas y hasta me acostumbré a decir picadas sin pensar que era un albur (los chilangos dicen, le buscamos doble sentido a todas las palabras), por cierto, ¿no han notado que ahora cada vez le dicen menos picadas y más gordas? Esto claro, es tema para otro texto y probablemente para que alguien con más fundamentos psicológicos lo escriba.

Después de las arracheras y las picadas de salsa roja y verde, mi siguiente descubrimiento fue la salsa de chile seco acompañada de picadas o de pizza ¿que noble y seria salsa es esta que permite combinarla con una pizza? La salsa de chile seco por cierto me revivió una gastritis que pensaba había quedado en mis desveladas noches de los noventas, pero el gusto y el sabor me impedían dejarla.

Las pizzas en Xalapa tienen su lugar aparte, quizás valen por sí solas para comentarlas, solo diré que fue aquí donde comí una pizza de puro queso, hecha en horno de leña y que me maravilló por su sencillez y buen sabor, no le hacía falta nada, es más, casi pensé seriamente en volverme ovo lacto vegetariano. Iluso de mi. Solo diré: Italianos en Xalapa, que gran bien han hecho.

Ahora que llevo muchos años viviendo en Xalapa, de cierta manera los sabores y los lugares me son más propios, más cotidianos, si se quiere menos sorprendentes. Los tacos de arrachera siguen en algunos lugares de precio excesivo y en general el taco al pastor un poco soso pasó a ocupar toda la ciudad. Xalapa pareciera no haber cambiado tanto,  el que no note tanto estos cambios (que sí existen), tiene que ver con que ahora vivo aquí y me he acostumbrado a la comida y los edificios que la rodean.

@Koffer.

Twitero y diseñador web que recuerda más la comida que las caras.

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