Los tiranos de la moda

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Moda Xalapa - xalapo.com

Los tiranos de la moda

Cómo vivir en Xalapa

Por Alejandro Hernández Hernández


“Considero que es vital tener un tipo de bolso

para cada una de las diez ocasiones sociales:

muy formal, no tan formal, sólo un poquito formal,

informal pero no tanto, para cada día,

para días alternos, viajes diurnos,

viajes nocturnos, teatro y una cita amorosa.”

Miss Piggy

Mi ciudad está llena, ya lo había dicho antes, de snobs. Gente que cree en lo “trendy” como si fuera una ley no escrita. Por eso es que Xalapa es la capital de la moda del sureste de México. Entendiendo por moda una manera de vestir y de, diría mi abuela, ajuarearse. ¿Pero quién dicta la moda?, ¿quién dice qué o cómo habrá de vestirse uno? Yo imagino, como respuesta a estas preguntas, lo siguiente.

En este momento, en algún lugar de Europa, un montón de sádicos, vestidos de lentejuela y plumas de colores, están decidiendo qué llevarán las mujeres para la temporada primavera-verano 2017. Uno de ellos les estará mostrando a los demás un boceto de unos zapatos capaces de hacer talco los metatarsos y los juanetes de las posibles portadoras, pero eso sí, divinos a más no poder. Otro habrá sacado un vestido elegantísimo y fastuoso —e imposible de portar si no se es talla cero—, y alguno más, por allá, estará poniendo sobre una mesa un montón de accesorios de alambre recocido que serán un auténtico furor en las pasarelas de Milán. Así imagino yo a los creadores de la moda, como una cofradía maligna y secreta que se reúne de cuando en cuando, quizá en las noches de luna llena, a decidir con qué nueva extravagancia embaucarán a las mujeres la siguiente temporada. Ahí veo al tal John Galliano diciéndole a Donatella Versace:Moda Xalapa - xalapo.com

— Manita (imagino que se llevarán de manita y toda la cosa) yo creo que si imponemos el azul petróleo las vamos a volver locas. Y a Donatella contestándole —Bueno, pero hay que combinarlo con sandalias de gladiador y estampados militares para darle un toque más fashion.    Yo pienso en la moda como un lastre que hay que recargar dos veces al año: en primavera-verano y en otoño-invierno. Porque, qué es la moda sino un desmedido afán de muchas personas por presumir o definirse en base a una marca o una actitud ante la vida, generada, por supuesto, por los medios publicitarios —y los gurús de la moda— y regida por sus propias carencias. ¿De qué otro modo se explica que alguien se sienta la “Divina envuelta en huevo” nomás por usar mallas de colores con minifalda, botas de minero, collares de mecate y un sombrerito Fedora?

Y qué me dicen de los atentados a la dignidad humana, cometidos en aras de la moda en la década de los setentas y ochentas del siglo pasado. No es de Dios ver, en fotografías, cómo los pantalones de nuestros padres parecían chaparreras de chinaco, nomás que de terlenka de cuadritos, sus camisas blusones de Enrique VIII y sus zapatos como de niño poliomielítico. O, para los que ya andamos en la cuarta y quinta década, fotos de nuestras mocedades en donde se nos ve usando calzones como de papanteco, con el tiro a media asta, y camisas “ACA”, con la botonadura por un lado, casi siempre del lado en que más costaba abotonarlas.

Los modistos, hoy llamados pomposamente, diseñadores, deben ser unos desgraciados resentidos con la vida y la raza humana (quizá los maltrataban de pequeños), pues no se explica de otro modo crear una línea de ropa que sólo se le ve bien a alguien que parece cadáver, aun sabiendo que la mitad de la población es gorda, y pretender que, en pleno invierno, la minifalda sea un “outfit” imprescindible.

¿Qué se dicen entre ellos? “Que se jodan, en verano van los cuellos altos”. “A mí me vale queso, este año van las enaguas hasta el tobillo y las transparencias sin brasier”. “Sí, zapatos de plataforma y calcetas, así se va a usar”. Lo verdaderamente triste no es que diseñen cosas feas y poco prácticas, sino que haya quien muera por comprarlas y ponérselas antes que nadie.

Es cierto que verse bien es muy importante, pero habrá que buscar lo que a uno le va mejor y, ¿por qué no?, quizá habría que volverse un tanto anacrónico y rebelde ante estos tiranillos mercantilistas hijos de su tal por cuál.

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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