Luz de Facebook, oscuridad de la casa

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Amo a mis hijos, tengo piel de cordero, pero por defenderlos me convierto en una leona.

-Pie de foto en Facebook de una mamá que 5 minutos después está dándole de chanclazos a sus hijos.

Vivimos en la era de la información, no se puede negar, como he mencionado en anteriores entregas, la evolución de los medios de comunicación ha cambiado la manera de hacer muchas cosas, desde cómo conocer las noticias más recientes, hasta la forma de hacer negocios, llevándose por en medio muchas otras situaciones. La aparición de las famosas redes sociales digitales, ha coadyuvado en los últimos años a lograr estos avances, la manera de interactuar con nuestros amigos, familiares y hasta con aquella compañera de tercero de prepa que nunca te peló, pero por alguna extraña razón (y para la buena suerte de tus sucios pensamientos) está en tus contactos, no puede pasarse por alto.

Lo que más abunda en las redes sociales es el compartir los famosos “status”, un pensamiento, emoción, dolor, alegría o sufrimiento que a manera de texto y acompañado de alguna imagen o los famosos “emojis” (las chingadas caritas felices o gestos de mentada de madre), nos da a conocer cualquier situación o mensaje que nos quieran transmitir, pudiendo ser una noticia de vital trascendencia o la más absoluta de las pendejadas llena de hashtags (sí, lo digo por ti, el que escribió aquí #Cagando y #NoHayPapel).

Hay que hacer notar el potencial catártico que tiene el hacer publicaciones y manifestar nuestros estados de ánimo hacia todos nuestros contactos de una red social, tal vez buscando aceptación, apoyo moral o el sacar algún coraje de nuestro sistema. Muchos dicen que Facebook es como ir al psicólogo, pero mucho más barato.

Sin embargo debemos también aceptar que gracias a la influencia de la mercadotecnia y programas y personajes sociales como las hermanas Kardashian, también vivimos en una era en que la imagen que se proyecta y la percepción que generamos en otros es muy importante (vaya, de algo sirvieron 4 años de universidad). Por eso tenemos a aquel que presume fotos de su Iphone de última generación, sus zapatos de diseñador o alguna joya lujosa, aunque en realidad está pariendo chayotes para poder pagar la renta, despensa para la semana y el abono de los cobertores que le encargó a doña Cleofas, proyectando una imagen que difiere de su realidad, todo por buscar algunos likes, aceptación, proyectar que les está yendo super chingón.

Ahora, el lado triste, tenebroso de este asunto al que tanto preámbulo le he brindado y que me motivó a hablar de este tema. Brindaré un ejemplo y conste que es E-JEM-PLO, no anden luego de resentidos poniendo comentarios de que soy un misógino y bla bla bla, aplica tanto para hombres como para mujeres y ya me dirán si no es cierto.

En ese afán de proyectar una imagen de felicidad y amor hacia nuestras amistades, tenemos el caso de una joven mamá soltera, Daniela, separada de su marido después de 7 años de estar juntos, regresa a vivir a casa de sus padres (de ella, obvio) con sus dos hijos, ha encontrado una manera cómoda de vivir, ya que en su afán de recuperar el tiempo “perdido” cuidando chamacos y lavando las trusas de su entonces querer, encontró trabajo y decidió estudiar la carrera que dejó trunca, aunado a esto está decidida a disfrutar de su “libertad”, de vivir los años y la diversión que dejó pasar; sus papás le cuidan a los niños cuando ella trabaja o estudia (o sea, todo el día, todos los días), recibe la pensión alimenticia correspondiente, la cual no se refleja en los niños, pero sí en sus zapatos, ropa y celular nuevos, se ha conseguido un novio al que ve a escondidas en un motel, llega tarde a la casa a regañar a sus hijos por cualquier cosa que hayan hecho en su ausencia, se cambia de ropa y dice que va a un mandado, cuando realmente se va al cine o al café por horas, se toma selfies y publica el lugar en donde está con el hashtag #Cafecito #RicaPlática #BestFriends, mientras los hijos están con los abuelos, cenando cereal genérico de los que venden en el super (que saben a cartón, por favor, no los compren, ni de pedo), en resumidas cuentas, intenta pasar el mayor tiempo posible alejada del estrés de soportar las travesuras de los niños y los regaños y consejos de sus padres, porque considera que ya con su ajetreada agenda laboral-estudiantil es más que suficiente; por las mañanas levanta a sus hijos con gritos y los lleva con mala cara a la escuela, debido a la falta de atención, los niños sacan malas calificaciones y los regaña y madrea por lo mismo, pero en los pocos momentos que está de buenas en la casa aprovecha para tomarse muchas fotos con ellos y publicarlas en sus redes con textos como Aquí estoy, de pie, luchando, Mis amores, doy todo por ellos o Mis angelitos, yo los cuidaré siempre #MisBebés #LosAmo. Publicaciones avaladas por varios likes, que se quedan en la superficialidad de la imagen y el texto y que hacen ver a Daniela como una heroína, una luchona, que la hacen sentir como tal y le hacen pensar que está haciendo lo correcto,  pero que desconocen la realidad de las cosas, aquellas que no se ven en las pantallas de las computadoras y celulares.

Como he dicho, muchos publican sus problemas como un desfogue, aunque a varios nos valga madre y tengamos que chutarnos todo en nuestros muros; otros, orgullosos, presumidos o inconscientes, publican cosas super woow que distan mucho de la realidad, más preocupados por el qué dirán, que en enfrentar y atender las verdaderas problemáticas de sus vidas y las consecuencias que acarrean.

Todos usamos máscaras, por más que digamos que somos auténticos, originales, siempre queremos que los demás nos vean bien, la imagen es lo que cuenta.

Hasta la próxima.

Mi Twitter: @eldoogie

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