Melodrama xalapeño

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Hola, yo soy Pochacas y soy tuitera. En esta bonita presentación me parece importante mencionar dos cosas: no soy xalapeña y me encanta hablar de telenovelas.

Aunque pudiera parecer un tanto petulante comenzar el texto haciendo estas dos aclaraciones, créanme, tienen una razón de ser. Para empezar porque me han invitado a colaborar en una página donde el colectivo TeamXalapo dedica sus pensamientos, críticas, reflexiones y comentarios hacia el tema de esta cosmopolita capital, y sería un acto casi hipócrita de mi parte omitir al respetable lector que yo no soy xalapeña, ni por nacimiento (aunque quizá podría considerarme como tal después de cumplir 25 años viviendo por aquí), ni por “adopción”, aunque la gente diga que después de tanto tiempo ya lo amerita, pero la realidad es que no me siento así. Muchos teóricos dicen que una de las características de las telenovelas latinoamericanas es el sentimiento de orfandad que las invade: en estos melodramas siempre hay un hijo ilegítimo, perdido, o abandonado en un bote de basura, que crece con unos padres que lo adoptan y educan como propio aunque el niño o niña en cuestión siempre anda en busca de su verdadera sangre. Según estos estudiosos, tal búsqueda se traduce a la identidad latinoamericana que no acaba de entender de dónde viene ni quien es “su madre patria”. Digamos que así me siento yo: Xalapa ha sido esa madre buena que me recibió con los brazos abiertos, pero a quien nomás yo no acabo de reconocer como propia. Es una cuestión de emociones encontradas.

Sin querer queriendo ya le di sentido a la segunda aclaración antes hecha. Y es que así, cual protagonista de telenovela, yo llegué a esta ciudad no por gusto, sino porque la vida laboral de mi padre así lo demandó, cumpliendo con esto el deseo tan largamente acariciado por mi madre de regresar a su lugar favorito. Como diría Cristina Pacheco, aquí me tocó vivir, pues. En realidad mi sangre no corre por estas tierras, pero cuando un par de recién casados llegaron a Xalapa a comenzar su vida familiar en 1974, ella (mi madre) quedó perdidamente enamorada de las calles, del clima, de la gente, y si la vida los movió de aquí después de tres años de felicidad en estos parajes, todo se confabuló para que en 1990 regresaran ya con hijas, suegra, y demás agregados culturales. Entre esos años volvíamos en vacaciones y para mí desde niña evocar el recuerdo de este lugar era, inevitablemente, el olor a jazmín (literal como la canción)… ese era mi mejor pensamiento de Xalapa. Así que no, no puedo decir que este lugar me ha tratado mal ni mucho menos. Tampoco que no le tenga un cierto aprecio, al contrario. Pero eso será tema de otro post. Hoy les quise hacer todo este recorrido melodramático-mágico-familiar sólo porque de inicio no supe qué otra cosa decir sobre Xalapa y lo único que se me ocurrió fue compartir con ustedes este video que contiene imágenes de la ciudad que conocieron mis padres, de la que se enamoraron, y por lo cuál regresaron y yo me encuentro [todavía] en bonito y medio maltratado punto geográfico. Es un video casero grabado en 1977 donde pueden apreciarse muchos lugares emblemáticos que seguramente ustedes identificaran y posiblemente les traigan muchos recuerdos, o bien, las nuevas generaciones podrán conocer lo que alguna vez fue esta ciudad capital.

XalapaOld from Ra G Viguri on Vimeo.

Ojalá que hayan disfrutado mi primera y emotiva intervención en el TeamXalapo, directamente extraída de la videoteca familiar. Si la comparten, nomás den el crédito, sino el camarógrafo y productor de semejante joya (o sease mi señor padre) se nos puede ofender. Es cuanto.

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