“¡Pasumecha, Marimar!”

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Marimar - xalapo.com

El pasado miércoles tuve el gusto y el placer de ser invitada al programa de radio del Team Xalapo y debo confesar que me la pasé sumamente bien, sobre todo por compartir invitación con Abel Zavala, mejor conocido en el mundo del twitter como @elciempies, quien también es muy fan de las telenovelas y hasta hizo su propia versión radial de Marimar.

marimar-2Para quienes no la recuerden, Marimar es parte de una singular trilogía en el mundo del melodrama mexicano, donde coinciden varios elementos: que las protagonistas se llamaban María, que fueron interpretadas por la misma actriz, y que el tratamiento de las historias era en exceso fársico, casi rayando en la caricatura. En Marimar se nos contaba la historia de Marimar (lógico, ¿no creen?), una muchachita costeña que creció con sus abuelos en un lindo y cálido mar, que todito le dio cuando al amor la llevó. La costeñita, joven e ingenua, contó durante gran parte de la novela con un amigo que casi casi hacía las veces de su conciencia; era fiel, peludo, sucio y para sorpresa de todos, hablaba en nuestro mismo idioma: el perro Pulgoso. No nada más comprendimos que se dirigía al público en castellano, sino en un castellano tropical. Y esa es la imagen que muchos conservamos, la de una Thalía mugrosita junto a su perro parlanchín.

Aunque se piensa que las telenovelas son o aspiran ser un reflejo de la realidad, eso no es más que un terrible error; son más bien una representación de ciertos aspectos de la vida para contar una historia. Y triste o no, lo que en estas representaciones pensadas y planeadas sucede trasciende de tal forma en la audiencia que a veces, de manera inconsciente, solemos repetir comportamientos, palabras y actitudes que vemos en los personajes. En este tenor, yo hubiera hecho algo bueno con Marimar aspirando a que más que copiar ese acento repleto de Jotas al hablar (“¡pajjjjumecha!”), hubieran explicado que parte de tener una mascota es hacerse responsable de su alimentación, de su cuidado y sobre todo, de su higiene y sus desechos. Porque al Pulgoso lo vimos hacer muchas cosas, pero nunca supimos cuándo iba al baño ni qué hacía la Marimar con sus popós. Yo creo que por eso la vida la castigaba con tanta maldad alrededor suyo, porque nunca hizo algo socialmente responsable por su entorno como lo es la simple acción de levantar una caca con una bolsita biodegradable y tirarla al bote de basura.

Hace exactamente 2 años, el 26 de marzo de 2013, el Ayuntamiento de Xalapa aprobó el Reglamento para el Bienestar y Protección de los Animales, que entró en vigor ese 12 de abril. En 89 artículos y 10 capítulos, se desglosan cuáles son las competencias de las autoridades al respecto, cuál la función del Centro de salud animal, se habla sobre la existencia de una brigada de vigilancia animal, un consejo municipal regulatorio, y lo que debe hacerse al levantar una denuncia, así como las sanciones para quienes no cumplan con todo lo que en el documento se dice. En el capítulo VI se mencionan las obligaciones de los dueños de mascotas, especificando que:

el propietario de cualquier animal, cuando sea posible según la especie, está obligado a colocarles permanentemente una placa u otro medio de identificación permanente en lo que constarán al menos los datos de identificación del propietario. Así mismo, los propietarios serán responsables de recoger las heces que produzcan los animales cuando transite con ella en la vía pública” (p. 44).

Si lo dice la ley debe ser de cumplido, pensaría uno de manera ingenua. Pero lo cierto es que no sólo la aplicación sino el cumplimiento de este reglamento deja mucho que desear conforme pasan las autoridades municipales y sus equipos de trabajo. Y es que así como la basura, los baches o la vialidad, esto de las heces en vía pública es un problema no sólo de salud sino de cultura. Me parece increíble que tenga que existir una ley que exija a alguien que haga lo que por sentido común debería hacer.

dog-poopSi de por sí el caos es peor con la cantidad de perritos callejeros que existen en esta o en cualquier otra ciudad de México (según cifras del INEGI de 2013, de 22 millones de perros en el país únicamente 6 millones son cuidados por una familia), parece increíble que aquellos que sí viven en un hogar contribuyan a la propagación de las múltiples enfermedades que provocan las heces a la intemperie, ya sea por aquellos dueños que piensan que “si se quedan en el pastito se hacen abono solitas” (gran error), o porque justamente si se quedan en el pastito y pasa alguien y las pisa, esa popó llega a carros, hogares y otros sitios, viaje gratuito en los zapatos de quien tuvo la desgracia de posarlos sorpresivamente en un pastelito de estos.

Varias preguntas me quedan al vuelo. ¿No es desagradable para ustedes que esto suceda? ¿Dónde están las autoridades que emiten reglamentos que nadie hace valer? ¿Por qué desconocemos como xalapeños estos documentos? ¿Por qué necesitamos que nos digan lo que como dueños responsables y ciudadanos consientes debemos hacer? ¿Si Marimar hubiera puesto el ejemplo con Pulgoso, cuántos de nosotros hubiéramos corrido a recoger las heces de nuestras mascotas, en pos de una ciudad más limpia y mejor?

Cuántas dudas, por Dios… ¡Pasumecha Marimar!

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