¡Pelos, pelos, pelos…!

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El Pelo


Contrario a lo que muchos pubertos y otros tantos despistados habrán pensado, hoy no hablaré únicamente de esos pelos a los cuales aduce la exclamación que da título a esta columna, sino que lo haré de todos los que se encuentran en el cuerpo humano y de la curiosidad que me causa su existencia. Quizá en la develación de sus misterios satisfaga, también, las dudas de algunos de mis lectores.

Empecemos por la pregunta primigenia: ¿Qué función tienen los pelos en el cuerpo? En el caso de los animales la respuesta es obvia: para protegerse El Pelo - xalapo.comdel clima y del medio ambiente; en el de los humanos es casi igual de simple pero un tanto más compleja. Básicamente sus funciones son dos, la primera de protección. El cabello protege al cuero cabelludo del sol y del frío. Las cejas y las pestañas protegen los ojos del sudor que pudiera caer de la frente, los pelos de la nariz impiden la entrada en las fosas nasales de polvo, partículas que pueda contener el aire. También sirve para la amortiguación de golpes y rozaduras. Dificulta las picaduras de insectos y mejora el control de la temperatura corporal mediante disipación. La segunda es un tanto más subjetiva y es de carácter estético. En todas las culturas el pelo ha tenido mayor o menor grado de cuidado e importancia. Desde su peinado, lavado, recogido y adornado, hasta su total afeitado. La mucha o poca presencia de vello ha sido un símbolo estético de múltiples significados: fortaleza, sabiduría, experiencia, virilidad/femineidad, libertad, esclavitud, moda, religión, poder adquisitivo, condición social, ideología político-filosófica, etcétera.

Ante el hecho de que para los animales tener pelo representa una ventaja natural, y dando por hecho que la teoría de la evolución de Darwin es cierta, surge la segunda pregunta: ¿Por qué los humanos perdimos nuestro espeso pelaje? La razón de que desapareciera el vello corporal en los humanos y la época en que la gente comenzó a ponerse ropa son interrogantes que han estado fuera del alcance de los científicos. Se supone que perdimos la mayoría del peluche del tablero hace unos dos millones de años y que la ropa no la empezamos a usar sino hasta pasado un millón de años después de eso, lo cual nos lleva a pensar que nuestros ancestros pasaron un millón de años en cueros, con lo que se concluye que si la pérdida del pelo fue por la evolución hacia planos más elevados algo falló en el proceso. Es decir, si ya estábamos por encima de la inteligencia animal y ya no teníamos pelo en el cuerpo, ¿por qué tardamos tanto tiempo en cubrirnos con ropa?, ¿era acaso el hombre antiguo una especie de exhibicionista prehistórico?, ¿fue la ropa un aditamento de ornato más que de utilidad desde siempre?, ¿el frío y el calor les venían guangos a nuestros abuelos paleolíticos o eran unos naturalistas “chimengüenchones”?, ¿fue la pérdida del pelo un accidente genético del propio hombre, como lo sugieren algunos investigadores, o se debe, como lo sugieren otros, a una proliferación de una género de piojo que sólo se alimentaba de nuestra especie? Sabrá Dios, el caso es que perder el pelo nos hizo los más “nice” de la creación —o de la evolución—, pero también nos trajo varios inconvenientes.El Pelo - xalapo.com

Hoy sólo exhibimos mechones de pelo en algunos sitios específicos del cuerpo —y no todos en los mismos lugares como se puede notar en mi persona. Conservamos, en diferentes cantidades según nuestra genética y sexo, un poco de vello encima de los ojos —cejas—, en brazos, pecho, espalda y piernas; los hombres tenemos barba y bigote; y todos, después de cierta edad, en axilas y pubis.

El pelo —cabello— es un problema para muchos, una bendición para otros y para algunos tan sólo un recuerdo. Las mujeres lo sufren y se lo depilan —el vello— de piernas, axila, cejas y algunas hasta el bigote; los hombres batallamos con la barba todos los días, con los pelos de la nariz que se asoman indiscretos y, con los años, con unos muy insistentes y antiestéticos que nos salen en las orejas, o con algunas cejas que, de un día para otro, aparecen midiendo una cuarta y media de longitud.

El pelo o la cantidad de él sirve divinamente para fomentar otro rasgo que nos ha dejado la evolución: el sarcasmo. Nunca hubiera sido posible apodar a alguien, El pelos, si la naturaleza no lo hubiera dotado de una hirsuta e indomable cabellera. Y en esto del sarcasmo con el pelo, o con su falta de él, no queda más que ejercerlo en uno mismo —antes de que los demás lo ejerzan y se gocen en ello—. Por eso les preguntaré: ¿para qué sirve un pelón? Como punto de referencia; si usted está en un bar y quiere señalar alguien a un amigo no tiene más que decirle: Ese de ahí, el que está junto al pelón. Nunca falla.

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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