¡Qué semana!

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Domingo. Hoy el sol entró por la ventana más temprano que de costumbre, o quizá no, pero su luz es insoportable; ni en la peor “cruda” de mi vida había odiado tanto los amaneceres (a las nueve de la madrugada) ¡Qué fiesta la de anoche! Lucía es genial organizando, y hay que ver que a los 17 no es fácil organizar nada. Yo no puedo ni con mi tarea de química… por cierto, ¿qué dijo el profesor que traería el examen? Ay, no sé, me choca estudiar química; ya quisiera entender para qué demonios necesitará una modelo internacional, ¿o la futura esposa de un empresario?, saber de nitratos y sulfuros… ¡Qué bruta!, pero si no tomé mucho… no al menos como en la fiesta de Luis… ¿Fueron dos o tres copas? Si acaso cuatro, pero no es para que me sienta así… ¿Quiénes serían esos “darketos” que llegaron a la fiesta? El que bailó conmigo estaba guapito ¡Qué “friki”!, yo bailando con un “dark”… ya me imagino los comentarios, no quiero ni llegar a la escuela… Le voy a hablar a Lucía para saber qué desfiguros hice… ¡Qué bruto dolor de cabeza!… Me arde el cuello, me revisé y tengo unos granitos… ¡Ufff, hasta los moscos se aprovecharon de mí!

Lunes. Tengo una alergia terrible, no soporto el sol… Reprobé química, era natural. En el receso me dijo Lucía que me salí de la fiesta como por tres horas, que la preocupé, que si no me había pasado nada, que estaba loca, que a los “darks” no los había invitado ella y que preguntó y nadie los había visto antes… un día te van a violar o te van a matar y no vas a saber ni quién, me dijo… Si supiera que no me acuerdo ni que me salí me abofetearía… no supe qué hice… maldita comezón, me está matando… le pedí a mamá una pomada y nomás se me quedó viendo; esperaba que me dijera algo pero se aguantó; qué bueno, no estoy para sermones ahora… Nunca había tenido una “cruda” de dos días… Hoy la noche estaba hermosa, me subí a la azotea… cuando me metí el sol empezaba a salir

Martes. Tengo ojeras… debo tener bichos, no quise ir a la escuela… me siento mal… y mi madre hizo no se qué demonios de comer… vomité.

La luna está increíble… ni las nubes que pasan como con flojera le pueden quitar su brillo… nunca había visto la luna tan de cerca… tiene como barritos… ¡Je! Está cacariza… Lucía me habló para decirme que estaba organizando una salida al antro para mañana, le dije que tal vez no iría. Mi madre estaba furiosa, hasta me gritoneo que si me estoy metiendo algo que me va a mandar con mi padre… ¡Ja! ¡Qué miedo! A mi padre ni le va ni le viene lo que yo haga, como anda muy ocupado con su novia, ¿cuántos años tendrá? Se ve como de mi edad, qué flojera, dormir con un viejo ¡Chin… es mi papá! Bueno, eso no le quita que sea un viejo… Qué complicados son los adúlteros… ja, ja, ja, perdón, los adultos.

Miércoles. Lo del antro estuvo padrísimo… Lucía me preguntó cuántas “tachas” me estaba metiendo; baile toda la noche. Qué raro, antes a mi no me gustaba bailar… Cuando fui al baño me pareció ver a los “weys” ésos, los “darks” de la fiesta, estaban en un rincón, estoy segura… Lucía me dijo que no los vio ¡Ja! No hubiera visto ni a su madre si se le hubiera parado enfrente, estuvo todo el tiempo en pleno “faje” con ¿Luis? No, ¿Cristian?… quién sabe, el chiste es que no los vio. No me acuerdo cómo regresé.

¡Ay mi cabeza! Otra vez me puse hasta atrás… mi mamá tocó la puerta muy temprano, pensó que no había dormido en casa. Me despertó para preguntarme cómo había entrado —seguramente le volvió a poner el pasador a la puerta de la sala para hacerme un drama, le falló—; no supe qué contestarle… me miró el cuello y me dijo que si voy andar de loca que cuando menos no sea corriente; le dije que me dejara dormir… ni a comer bajé, no me da hambre sólo mucha sed, es lógico ¡Quién inventaría las “crudas”, chingada madre!

Jueves. Hoy había examen de “mate”, no fui a la escuela otra vez. Mamá se fue al club temprano, ¡qué bueno!, no hubiera aguantado sus gritos. Debo estar muy mal, traté de peinarme en el espejo del baño y tengo la mirada borrosa, ni me pude ver. Dormí todo el día.

En la noche me sentí mejor ¡Mucho mejor! Mi madre tuvo canasta en casa de la Yuyis. Saqué el auto de papá aunque mi madre dijo que no lo tocara —dice que lo va a vender si no le manda lo de mi colegiatura—. Fui a la Avenida Sur… le gané dos pomos a Kevin, no sabe manejar bien, ¡idiota!, y tanto que presume. Me dijo que estoy muy rara; todos estaban extrañados de mi comportamiento ¡Tarados!, algún día tenían que conocer a la verdadera Alejandra.

Viernes. Cuando desperté ya era de noche. En la tarde mi madre estuvo tocando mi puerta… no le abrí, no pude levantarme de la cama… creo que se me pasó la mano con las “tachas”… Me dijo que le iba a hablar a mi padre y que le iba a decir lo de su coche; creo que lo choqué.

¡Qué bonita está la noche hoy!

Sábado. Como a las doce vino el “darketo” de la fiesta por mí, no sé quién le dijo dónde vivía… ¡Las locuras nocturnas me prenden! Fuimos a buscar a Lucía, casi se desmayó cuando nos vio frente a su ventana… estuvimos un rato en su cuarto. Se puso muy mal, qué pesada… Cuando nos hartamos de ella nos fuimos al antro. ¡Qué libertad, qué emoción!

Domingo. Como a las siete de la noche entró mi madre a mi habitación, me dijo que Lucía murió. Que su mamá llamó en la tarde para avisar. Me dijo que estaba muy alterada, que le contó que la encontró con el cuello desgarrado. Dijo la policía que había sido como un crimen ritual o algo así… que iban a llamarme de un momento a otro porque yo era su mejor amiga y a lo mejor sabía con quién andaba saliendo últimamente. Nadie vio nada, la familia estuvo en la sala viendo una película y aunque la habitación de Lucia está en el segundo piso no vieron entrar a nadie… ni oyeron nada… Antes de que mi madre se fuera me preguntó si yo no sabía algo… me miró muy raro, me enojaron sus ojos como con miedo… cerró por fuera. No importa de todos modos voy a salir.

¡Órale! No me había dado cuenta, cuando camino floto… ¡Me lleva la chingada! ¿Qué demonios me está pasando?… No puedo llorar… Lucía, Lucía, tú tuviste la culpa… nos hubiéramos divertido tanto juntas… ¡Qué semana!

Alejandro Hernández y Hernández, octubre de 2009

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