¿Quién podrá defendernos?

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“No contaban con mi astucia”, solía decir con entusiasmo y tono salvador ese pequeño héroe ataviado en un payasito rojo, con un corazón amarillo en el pecho, unas móviles y graciosas antenitas de vinil y por su puesto, con su chipote chillón como arma infalible contra los malechores que siempre solían ponerlo en terribles aprietos cuando llegaba la hora de salvar a gentiles personas indefensas. El Chapulín Colorado, ese antihéroe nacional que emergió en una de las etapas más intensas de producción televisiva en México (su etapa industrial), hizo de la frase “Síganme los buenos” todo un grito de batalla, para toda clase de causas.

Y no es que los mexicanos, o en general, los ciudadanos del mundo, estemos necesitados y urgidos de un héroe que venga a salvarnos cada vez que estamos en algún aprieto. Pero resulta idílica la idea de que ante cualquier eventualidad, del tipo que sea, aparezca un superhéroe guapo, enfundado en sus mallitas que de preferencia acentúen una buena figura, con voz varonil y mucho valor, que según la tradición al respecto debe venir de algún planeta lejano, o haber mutado algún superpoder, o estar completamente desligado de las esferas políticas pero que sea capaz de ser aliado de la justicia y reconocido por las más altas autoridades. Oh si, idílico. Pero en el mundo en el que vivimos eso lo vemos cuando asomamos nuestros ojitos a la pantalla cinematográfica, televisiva, o leyendo un cómic. Nada más. Pero como no contábamos con la astucia de unas personitas muy listillas que vivieron en Suecia en el siglo XIX, hoy podemos tener, aunque pocos lo sepamos, con figuras legales capaces de defendernos de algunas prácticas políticas malechoras.

En el Parlamento sueco de principios del siglo XIX, a partir de la nueva constitución que tuvo como base la teoría del filósofo francés Montesquieu, aparece una figura de nombre “justitieombudsman”, conocido coloquialmente como ombudsman. No es que aparezca mucho, pero lo que se sabe es que es un representante del Parlamento que velará por los derechos generales e individuales del pueblo, vigilando que las autoridades cumplan con la ley y apliquen de manera cabal los mandatos de su Carta Magna. Este individuo, además, sería independiente de todo lazo con el gobierno. Pasaron casi cien años para que esta figura fuera replicada en otros países, y un poquito más para que apareciera inmerso en el contexto de los medios de comunicación, cuando en la misma Suecia se constituyó un Consejo de Prensa que tendría a su cargo recibir las quejas contra los periódicos del reino, en 1916. Tiempo después figuró en el Washington Post de Estados Unidos, y en América Latina llega (más vale tarde que nunca) en 1989 a la prensa brasileña. El cuanto a los medios audiovisuales el primer caso es en Caracol Televisión, de Colombia, en 1997. Y en México, viva México, es hasta el año 2007 que llega el eco del Ombudsman y encontramos desde entonces uno en Canal 11, Canal 22, Radio Educación, el Imer, y Notimex, Agencia de noticias del Estado Mexicano, además de en el apartado MVS Noticias.

Pero, ¿de qué estoy hablando? ¿Ombuds qué? En cristiano se trata nada más ni nada menos que un Defensor de Audiencias. En palabras de Jerónimo Repoll, se trata de un “actor clave, por un lado tanto que articuladores de las demandas de audiencia y su traducción en acciones concretas por parte de los medios y, por otro, como formadores de audiencias críticas e ‘interactivas’” (2012). ¿Y eso para qué sirve? Expondré un caso hipotético.

Imaginen que están viendo un programa en su televisora local (hablemos en concreto de los sistemas públicos, en los que nosotros como ciudadanos que pagamos impuestos deberíamos tener cierta injerencia), llámese un espacio de noticias, de variedad, o incluso un documental. Imaginen que ustedes son expertos en temas ambientales y al escuchar con atención detectan un grave error en un término, en una información, o en un dato concreto. Ustedes, como expertos y conocedores de la materia tienen varias opciones en ese momento: 1) Indignarse y despotricar en contra de la ignorancia de aquel que redactó semejante horror; 2) Comprender que los guionistas no siempre son expertos en todo, y que tienen todo el derecho del mundo a equivocarse; o 3) Intentar decirle a ese medio, llámese radio o televisión, que el dato es incorrecto y que usted como ciudadano agradecería muchísimo que la población no sea desinformada al respecto. Imaginen pasamos por todas las fases, y al caer en el punto 3 decidimos hacer algo al respecto. ¿Qué hacemos? En la era de las redes sociales sería muy fácil arrobar o etiquetar a la cuenta oficial del medio y explicarle su error. Y entonces, otra vez, tendríamos varias opciones: 1) que el Community Manager tenga un buen criterio y sea capaz de enviar el comentario a la producción correspondiente, o bien, 2) ser ignorados por completo.

Justamente para que estas hipotéticas situaciones puedan tener respuesta es que existe, entre otras muchas cosas, la figura del Defensor de Audiencias. Para poner otro ejemplo, este real, mencionaré el caso del Ombudsman de MVS Noticias, que el año pasado atendió varias inquietudes de la audiencia del noticiero vespertino cuando el conductor, sin mayor justificación, habló en tono de nota rosa sobre la supuesta infidelidad del periodista Pedro Ferríz de Con. El público se quejo e indignó por, palabras más palabras menos, creer que estaban escuchando un espacio serio y no una sucursal del más espantoso programa de chismes de farándula. Entonces el Defensor, que recibió las quejas directamente desde su propia cuenta en redes sociales (espacios que el medio debe abrir), recibió, canalizó y habló con la parte afectada (en este caso, con el conductor del noticiario), hasta emitir un documento dirigido a esa audiencia donde se explicaba la versión del conductor y algunas recomendaciones que el Ombudsman realizó tanto para la empresa como para los colaboradores del espacio noticioso. No, no es que sea un viejito regañón, sino alguien que a través de diversos mecanismos es designado para que funja como mediador entre quien consume el medio y quien genera contenidos y dirige esos medios.

ConceptoPelicula-ChapulinColoradoIniciaDefensorY la noticia es que a partir de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión estos entes, los Defensores de la audiencia, son una obligación para cualquier medio de comunicación mexicano, así como la existencia de un código de ética. En un mundo utópico esto suena tan idílico como cualquier superhéroe en mallitas, ya que, como sabemos, en la práctica es impensable que un medio ponga a una persona para recibir toda clase de silbidos y jitomatazos. Impensable. Sin embargo si nosotros mismos desconocemos la ley (cualquier ley) y si bien conociéndola no somos capaces de pedir su correcta aplicación, entonces no podremos avanzar mucho como sociedad.

Así que tooodo este choro mareador fue para invitarlos a que tengamos un espíritu crítico a la hora de consumir contenidos audiovisuales, pero sobre todo a exigir que en nuestros medios se cumplan nuestros DERECHOS como audiencia, que también están expresados en la ley. Y si me referí en el caso hipotético a los medios públicos es porque en efecto, nosotros tenemos todo el derecho del mundo a exigir buenos contenidos, a exigir que estemos ahí representados todos aquellos que quedamos fuera del panorama cliché de los medios privados: gordos, flacos, distintas religiones, discapacidades, todos los pueblos de nuestro estado, otras lenguas, etc. Quizá nos hace falta más voluntad que indiferencia. Como dirían por ahí, “al que no habla Dios no lo oye”.

Así que en un mundo raro donde la televisión puede tener su propio defensor es posible, y aunque nos lo imaginemos con antenitas de vinil ni Chipote Chillón, estoy segura que es imperante que todos los medios cuenten con uno. ¿Me siguen los buenos en esta idea para ir en contra de los malechores mediáticos?

 

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