Spiderman (Printed in México)

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Spiderman, a la mexicana


Después de días y días de lluvias continuas —en los que a veces no sabía si rasurarme o podarme el musgo—, una tarde de sábado, estimulado por ciertos fenoles contenidos en la fórmula de un tequila —ingerido más por aburrimiento que por mexicanidad— que estaba en la alacena, sabría Dios desde cuándo, me hice una pregunta, muy habitual en los días de abandono y hastío: ¿Qué pasaría si…?

Esta pregunta, ustedes lo sabrán, a veces tiene respuestas que cambian vidas y destinos. Imaginen a su padre, una tarde de ésas, pensando ¿Qué pasaría si… (Aquí se pone el nombre de su madre) y yo nos casáramos? ¡Dios! No lo que pasaría, ¡lo que pasó!

Si a alguien se le ha ocurrido hacerse esa pregunta últimamente —poniendo después del “Qué pasaría si…” el nombre de una o uno que apenas conocieron, párese de ese sillón y váyase a caminar un rato para despejarse la mente.

Ese tipo de elucubraciones, sin embargo, a veces sólo traen aparejadas una sarta de sandeces que, empero, nos entretienen y nos hacen reflexionar. Y en ésas estaba aquella tarde cuando me pregunté a mí mismo: —Mí mismo: ¿Qué pasaría si el Hombre Araña fuera creación mía?Spiderman, a la mexicana - xalapo.com

¿Que por qué me hice esa pregunta tan profunda e insondable? Sabrá Dios, el caso es que me puse a divagar en ello y llegué a la conclusión de que si yo hubiera inventado al Hombre Araña, además de ser xalapeño, hubiera usado capa como el Blue Demon y seguro lo habría matado de frustración en el capítulo siete.

Vean cómo: Lugar: México, más puntualmente Xalapa de Enríquez, Ver. Fecha: época actual. Protagonista: Pedro Parco, estudiante de la U.V. que vive de pupilo en casa de su tía Mey Salina. Argumento: Una noche se va de antro y se desvela; la mañana siguiente se despierta “crudísimo” y tarde. Sin ponerse desodorante sale corriendo para alcanzar un autobús con rumbo a Laguna Verde, va con su grupo en viaje de estudios a la planta nuclear. Llega apenitas —tras los ‘gags’ usuales en un ‘nerd’: se le caen los libros, se le baja el pantalón porque no encontró el cinturón, se le olvida una ‘chela’ que tenía en el ‘refri’ para ‘curar’, etcétera— y se sienta junto a Mari Juana, su imposible y eterno amor; ella lo mira, su aroma la envuelve y se cambia de asiento In chinxa. (En chinga: en mixe antiguo.)

Llegan a la planta nuclear —hace un bochorno infernal— y un técnico los guía dentro de las instalaciones; Pedro Parco le da rienda suelta a su gran pasión: la fotografía de interiores. Con la cámara de su celular hace unas tomas increíbles: Un short pegadito bajo la falda de Lucía, bajo la de Mariana la misma tanga rosa que traía antier, en la de Jennifer algo parecido al refajo de su abuelita, la de Luisa que esconde… ¡Dios mío…! ¿Qué es eso?

El grupo ha llegado al reactor principal, la tecnología es impresionante: cables por aquí, foquitos de colores por acá, decenas de relojes más allá, tramos y tramos de cinta ‘masking’ cubriendo varias grietas en el cono central y los indicadores de radiación hasta la ‘mausser’; los alumnos están fascinados. El maestro les ordena tomar apuntes.Spiderman, a la mexicana - xalapo.com

Pedro Parco saca su libreta Scribe y escribe anotaciones —ininteligibles porque los ojos se le cierran de sueño—. Nadie se ha dado cuenta de que una araña que ha anidado atrás del altar de la virgencita, cerca de una fuga radiactiva —imperceptible por que la cubren dos veladoras rojas con foquito temblón— se descuelga lentamente sobre la cabeza de Pedro. El insecto —que exhibe una luminiscencia verdosa— se desliza hasta su cuello, él se sacude pensando que es una gota de sudor, de las tantas que brotan como ríos de sus axilas y corren por su musculoso —bueno, voluminoso— tórax.

La araña resbala y es arrastrada por uno de esos torrentes viscosos hacia la espalda de Pedro Parco; el insecto se resiste, se agarra de unos pelos mal depilados en la zona lumbosacra pero la corriente la jala por un canal natural y un remolino termina hundiéndola en… “¡Donde las arañes hacen su nideeee!”

El pobre arácnido, agobiado por gases irrespirables, en el estertor postrero de la muerte descarga un pinchazo póstumo en donde la carne de Pedro Parco se hace nudo; éste cae desmayado. — ¡Pronto, una cerveza que se nos muere de la cruda! —Grita Mari Juana— confundida por los síntomas de su enamorado.

Cuando Pedro Parco despierta han pasado horas, está en casa de su tía Mey; no sabe qué pasó. Cena unos chilaquiles verdes con queso de La Joya, una jarra grande de tepache y se vuelve a dormir.

Al otro día, cuando va al baño, descubre que ya nunca más va a necesitar papel sanitario. Una suave, resistente, pachoncita e interminable caricia de seda fluye, a voluntad, de su… interior.

En la página doce del capítulo seis de mi versión pacheca del súper héroe, Pedro Parco aparece adherido cabeza abajo del cortinero del baño y su tía Mey, debajo de él, lía y lía madejas de seda para tejer mantones de Manila. En el capítulo siete, Pedro Parco muere de una frustración muy parecida a la que mató a un tal Gregorio Samsa, protagonista de otra historia de insectos humanos muy conocida.

Historia que, por cierto, nadie en su sano juicio hubiera tenido la ocurrencia de escribir. ¡Ánimas que ya salga el sol!

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios o sugerencias: motardxal@gmail.com


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