“The Revenant”, al mejor cazador se le va la peli

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The Revenant xalapo.com
Donde no se habla de lo difícil que fue hacer la película sino de cómo nos acercamos al cine

The Revenant xalapo.comAunque en distintas ocasiones he mencionado que no suelo hablar de películas en particular, es verdad que la situación que “The revenant” ha generado en su camino al Oscar (visto este como meta última y suprema de un film), hace que se vuelva interesante para hablar de otras cosas incluso más importantes que la misma obtención del tan ansiado galardón; concretamente es un buen motivo para pensar en cómo nos acercamos al cine.

A estas alturas, cuando la película se ha estrenado exitosamente en todo el mundo -prueba de este éxito es que se puede encontrar en la piratería en una excelente calidad-, parece que ya se ha dicho todo acerca de la más reciente película de Alejandro González Iñárritu; incluso tengo la sospecha que se ha hablado de más y de que se le han buscado muchos más pies al gato del que éste tiene.

The Revenant xalapo.comYa sabemos lo difícil que fue realizarla, lo espectacular que es la fotografía del “chivo Lubeski” o que Leonardo Di Caprio casi se muere al atorársele una espina intentando comer un pez crudo en su búsqueda de una actuación realista, ¿pero estamos seguros de que estas cuestiones tan triviales hacen una película? Habiéndose dicho ya prácticamente todo, lo que me llama la atención año con año es el formato para abordar una obra cinematográfica, que la cultura festivalera y en especial la del Oscar, nos ha hecho pasar por válido y de la cual emanan todo tipo de conclusiones.

Me refiero en particular a dos aspectos que rondan la manera en cómo juzgamos una película; el primero en cuanto a la disección  o partición de los elementos de un film para premiarlos por separado (mejor fotografía, mejor actor, mejores efectos especiales, mejor director, mejor soundtrack, etc.), práctica que responde directamente a un mecanismo comercial y publicitario para generar razones por las cuales vender o comprar una película; y en esto los premios de la academia son los campeones del mundo, existen por lo menos 24 nominaciones principales, más una serie de reconocimientos y menciones especiales; una verdadera venta nocturna.

A nivel de industria esta disección resulta comprensible, en términos económicos se le conoce como la diversificación de un mercado, el problema viene cuando esta visión se traslada a los terrenos de una expresión artística y creemos que los atributos de un lenguaje se rigen de esa manera.

Yo le pregunto al lector, ¿acaso cuando analizamos o disfrutamos una pieza musical decimos o pensamos “la melodía de esta canción es magnifica, pero el ritmo es pésimo” o  al escuchar a una orquesta decir “los metales fueron sublimes, pero las cuerdas dejan mucho que desear”?, lo dudo mucho.

director xalapo.comEn este sentido al ser el cine una expresión que convoca distintas disciplinas artísticas para formar un lenguaje colectivo superior, una buena película debe entenderse en principio por el equilibrio de sus elementos en la búsqueda de la unidad.

De esta manera y al igual que en el ejemplo anterior, no tiene mucho sentido cuando analizamos una película decir que  “el soundtrack es  genial, pero las actuaciones son fatales” o “la historia y el guión son fascinantes, pero el ritmo es lento y aburrido” ; si en una película hay un actor, o una pieza musical, o una fotografía exuberante que se come el trabajo de los demás por muy realista o grandilocuente que esta sea, no es ninguna virtud sino contrariamente se convierte en un hecho de que la película cojea de una pata y por más grande y marcada que sea esta diferencia, mayor será el riesgo de que la película se caiga.

Esta visión está directamente relacionada con el segundo aspecto que hemos heredado de la cultura festivalera y es precisamente esta necesidad de llevar las expresiones artísticas a una competencia.

Hay algo que los artistas tendrán que envidiarle por siempre a los deportistas, ese momento primitivo en el cual un estadio repleto corea y vitorea al héroe después de haber anotado un gol o la algarabía y el desasosiego que genera un boxeador después de knockear a su contrincante.Iñarritu-Lubezki xalapo.com

Si aceptamos que las ideas que rigen la actividad artística son la relatividad, la diversidad, pluralidad y todo concepto que signifique una afrenta directa al absoluto, una competencia en los campos del arte no tiene ninguna razón de ser; en términos artísticos las palabras ganador o perdedor nunca podrán anteponerse a los valores de lo complejo, lo interesante o lo contradictorio.

Pocos han hablado convincentemente de que el andamiaje narrativo de “The Revenant” es débil y que esa es la principal razón de que la película adolezca de verosimilitud; curiosamente al padre del llamado “realismo crudo”, que en sus anteriores películas siempre sobresalió por cuidar una lógica realista tanto en sus planteamientos como en su realización (Amores Perros, Biutiful) le ha fallado en esta ocasión  la dosis mínima de realismo que permita que el espectador crea sin mayores problemas lo que se le plantea en la pantalla.

Un ejemplo fabuloso de lo que refiero es el propio trabajo de Iñarritu en “Birdman”, la cual es un logro de esta construcción narrativa que permite que aceptemos que el personaje principal vuele por los aires, tenga toda clase de delirios, vea a un baterista en los pasillos más estrechos o salga desnudo a la calle en medio de un carnaval.

Por el contrario en “The revenant” Leonardo Di Caprio patina y se desborda en un guión, que fuera de los requerimientos físicos, nunca llegó a tener la densidad ni una profundidad suficiente para hacerle justicia a un motivo narrativo clásico como lo es el “ajuste de cuentas”; las soluciones formales y el manejo de la relación entre venganza y redención en “The Revenant” hacen que al lado de narrativas como Montecristo, Los Miserables, Hamlet (por mencionar algunas), parezca una vacilada y una tomada de pelo.

Birdman xalapo.comCon todo lo anterior no estoy afirmando que “The revenant” sea una película mala, o buena, usted tendrá que juzgarlo,  ni que después de esto Iñárritu sea mejor o peor director; sin duda alguna Alejandro González Iñárritu es un director de dimensiones mayores en términos de influencia, de realización y de una propuesta estética particular que a estas alturas nada tiene que probar; el hecho de hacer “historia” en términos de obtención del Oscar una vez más sale sobrando, la única responsabilidad que tiene el director es de seguir explorando y hacer películas honestas.

En cuanto al trabajo fotográfico del Chivo Lubezki retomando la cinta anterior Birdman, donde con una fotografía mesurada, elegante y sobre todo con el desarrollo de los artificios técnicos para la realización de falsos planos secuencias que ni el ojo más aguzado pudiese notar, tiene un peso específico mucho mayor en términos artísticos que en toda la fotografía preciosista y epifánica utilizada en “The Revenant”

Conociendo a la academia gringa “The Revenant” tendrá muchas posibilidades de ganar cualquier cantidad de categorías la noche del Oscar, pero la enseñanza más grande que nos puede dejar un acontecimiento como este es que “incluso al mejor director se le va la liebre”.

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