Todos vamos al Teatro del Estado

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(Primera llamada, primera)


sala grande[dropcap size=dropcap-big]T[/dropcap]odos los que nacimos y/o hemos estudiado en Xalapa hemos ido al Teatro del Estado, pero no porque seamos unos apasionados de la artes escénicas, sino porque al salir de la primaria, secundaria o preparatoria (con suerte hasta de la universidad), nos ha tocado ir a una bonita ceremonia de graduación en ese recinto cultural. Ya sea en la sala chica, “Dagoberto Guillaumin” o en la fastuosa sala grande, pasamos en su momento por el reconocimiento o diploma de la escuela, saludando a cuanto personajazo de la SEV se acomidiera a ir, o ya de suerte, el alcalde en turno.

*Era un plus entonces participar en los bailables de graduación y poder presumir que “el escenario del Teatro del Estado fue tuyo por unos minutos”. (Y sí, yo participé en todos los de mi generación).

Esta ocasión, desmenuzaré al gran Teatro del Estado, porque lo disfruto así, por partes, y porque si hay alguien que a estas fechas no ha ido, espero convencerlo, persuadirlo o mínimo despertar una leve curiosidad por conocer este edificio tan representativo de la capital.

LA BUTACA

No hay nada mejor en el mundo que llegar a tiempo a función de teatro, concierto o cualquier otra presentación y elegir “La butaca”, pero no cualquier butaca, la mejor. Esa que no esté muy lejos que no logres ver quién es el protagonista, ni muy cerca que sólo veas el polvo que levantan los actores al pasar de un lado para otro.

Aunque ahora, ya poco sucede eso porque ya compras tu boleto enumerado, previamente asignado, y eso, a mi parecer le quita la emoción de saltar de una butaca a otra hasta encontrar la mejorcita.

EL BOLETO

“No es un gasto, es una inversión”, la frase que ocupo para justificar el dinero que escapa de mi bolsa cada vez que voy al Teatro del Estado.

Y es que tengo la fortuna de que en casa y desde que era estudiante de primaria, me inculcaron el gusto por el teatro, el cine, las exposiciones de esculturas o pinturas, aunque casi nunca entendiera nada.sala chica

De ahí que, con el tiempo y los gustos aprendidos, confirmé la oración: “No es un gasto, es una inversión”, claro, una inversión en el conocimiento, en la cultura, en un medio de entretenimiento que además puedes disfrutar en familia, en pareja o solo.

EL CANDELABRO

Siempre que entro al Teatro “sepa la bola por qué”, me fascina ver el candelabro de la sala grande. Me hipnotiza, me encanta, me seduce por unos segundos con su brillo, a estos tiempos está descuidado y creo que hasta le faltan algunas piezas, pero como les comenté en el inicio, disfruto el Teatro por partes, y el brilloso candelabro, me encanta.

EL PALCO ESPECIAL

Quizá a algunos de ustedes les ha tocado estar en el palco especial de la sala grande del Teatro del Estado. Sepan desde ahora que los envidio.

El palco especial es ese rinconcito central donde hasta cadenas tienen para que sólo pasen los invitados especiales, o sea: el gobernador, el alcalde, la titular del DIF estatal, la rectora de la UV, actores, dramaturgos, secretarios de gobierno, en fin. Todos menos yo.

Desde muy niña me prometí que algún día ocuparé un lugar en ese palco. No sé que tendré que hacer para cumplir, pero lo haré. Si alguno de los que están leyendo esto me puede infiltrar en la siguiente obra que estrenen, adelante.

EL ESCENARIO

Muchas veces bailé en el escenario de la sala grande, no de manera profesional, siempre como aficionada, pero estar tras bambalinas, aguantar los nervios y que digan “rómpete una pierna” (así es como desean éxito en Teatro, no por mala onda), es otro rollo. Es que de veras, hay que disfrutar cada parte de ese recinto.

EL TELÓN

¿Les ha pasado que sienten una emoción bárbara al escuchar una voz seductora que dice por micrófono: Tercera llamada, tercera llamada. Comenzamos? Entonces se apagan las luces, los tramoyistas suben lentamente el telón y ahí es cuando empieza la función, la magia, justo cuando sube esa tela roja, aterciopelada y pesada.

LOS PASILLOSTEATRO 2

Cuando acaba una función desocupas la butaca, te diriges a los pasillos con tu acompañante y ahí es cuando empieza otra de mis partes favoritas, la comentada.

Sí, el momento ideal para comentar y  compartir tu opinión sobre la función que acabas de presenciar. ¡Ah, si esos pasillos hablaran!

Igual pasa con el lobby, ese espacio previo a las escaleras en el que haces tiempo para poder ingresar a las salas, donde te encuentras a varios conocidos que gustan también del teatro, a reconocidos catedráticos, escritores, fotógrafos y estudiantes.

Esta es pues, la primera llamada de la serie “Todos vamos al Teatro del Estado”, en la segunda comentaremos de otros aspectos que quizá les despierte un poco el interés sobre este edificio encallado en la avenida Ávila Camacho.

PD: Si les gustó compartan… si no también.

No sean gachos, síganme: @susanacordova

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