Xalapa secuestrada por la delincuencia

La pérdida de la capacidad de asombro.

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Xalapa secuestrada por la delincuencia

In Flagranti

Por: Fernando Quijano Vega


Acaban de pasar, por su humilde casa, al menos una ambulancia y varias patrullas de policía a toda velocidad. Ya ni siquiera me asomo a ver para dónde van ni cuántas son, solo escuché las sirenas a todo volumen “volando” a su destino.

Tristemente reflexiono que, hoy en día, eso es algo cotidiano en mi amada Xalapa. Ya nos acostumbramos a esos sonidos como si fuera algo natural, son ruidos de ciudad, de una capital llena de delincuencia. Lamentablemente, hemos perdido la capacidad de asombro.

La historia que les voy a contar, es cien por ciento real. En 1998, tenía yo escasos 14 años, andaba en mi motoneta transitando tranquilamente un domingo en Xalapeños Ilustres. En aquellos ayeres, aunque no me crean, ¡no había tráfico!

Delante de mí iba una camioneta de batea con dos sujetos con sombrero, nada fuera de lo normal. Al llegar a la esquina de Rojano (donde actualmente hay un Súper X24), nos tocó la luz roja del semáforo, nos detuvimos, ellos frente a mí, yo justo atrás.

De pronto, a toda velocidad, llegó una camioneta tipo Suburban negra, con cristales polarizados, nos rebasó por un costado, derrapó de forma calculada y se cruzó frente a la pick up atajándole el paso. Bajaron 3 sujetos tipo guaruras, finamente vestidos de pantalón negro, camisa blanca y lentes oscuros con tremendas armas, uno apuntándole al chofer de la camioneta y, los otros dos, directo al asiento del copiloto, mismo que bajaron con los cañones pegados a su cuerpo y, en una maniobra perfectamente calculada, lo escoltaron “amablemente” a su vehículo aventándolo a los asientos traseros como costal. Todo eso ocurrió con una asombrosa velocidad que al mismo semáforo ni tiempo le dio de cambiar a verde.

La Suburban arrancó a toda velocidad con dirección al centro de Xalapa. El conductor de la camioneta, luego de unos segundos, dobló Rojano con dirección a Correos y se esfumó. Yo, simplemente me quedé pasmado sujetando el manubrio de mi moto.

Tardé como un minuto en reaccionar. Un minuto que me pareció una eternidad. Afortunadamente, a mí ni siquiera me voltearon a ver.

No había nadie cerca, ningún otro testigo de los hechos. No existían los teléfonos celulares ni el 911. Además, ¿qué iba a reportar un chamaco imberbe?, ¿a quién? Durante varios días no dormí. Mi asombro estaba intacto.

Luego de recordar esa historia, vuelvo a reflexionar, hoy en día, si pasa algo así, lo comentamos en un café y ya no nos asombra, sabemos que esa es la cotidianidad de todo Veracruz y gran parte de México. Lamentable.

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foto: http://elheraldodeveracruz.com.mx

Volviendo al hoy, en menos de un mes, aquí en Xalapa, 4 de mis primos hermanos han sido asaltados. A uno se le metieron a su casa y le robaron equipos de trabajo. A otro le robaron su motocicleta que estaba encadenada en su estacionamiento. Uno más, que vive en una de las zonas más riquillas de la ciudad, le vaciaron su domicilio y la persecución policial terminó hasta en balazos. Al último, le dieron un machetazo en la mano por quererle robar un teléfono celular.

En ese mismo mes, en mi colonia popular, han robado 2 motonetas; entrado y desvalijado 3 departamentos, uno de ellos con la niñera dentro del hogar cuidando dos pequeños y; asaltado a 4 vecinas que caminaban en la avenida y, a punta de navaja, les arrancaron sus bolsos para luego escapar en motocicletas.

Los condóminos ya nos organizamos y tenemos nuestro grupo de whatsapp de Vecino Vigilante. Cada que vemos alguna situación sospechosa, nos coordinamos y salimos envalentonados en bola a correr a cualquier extraño. Llenamos la zona de rejas, compramos candados y cadenas extras. Algunos compraron perros grandes para que avisen a ladridos. La vigilancia, bien gracias. Esos casi nunca contestan y, cuando lo hacen, llegan 20 minutos tarde a todo.

¿En qué momento comenzamos a ver la inseguridad como algo normal? ¡No lo es! Autoridades: devuélvanos nuestra tranquilidad y, por piedad, no perdamos la capacidad de asombro.

Comentadas y comentarios, enviarlos a fernando.quijano@gmail. @TheBunkerman.

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