22 güeyes atrás de un balón.

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Balón - xalapo.com

En la infancia de todo niño siempre existe un regalo de sus padres, tíos, padrinos o abuelos que marca sus vidas, una pelota de fútbol.

Muchos lo llaman el deporte más popular el mundo, otros lo llaman panbol, pero sin temor a equivocarme ha sido uno de los deportes con mayor pasión alrededor del mundo, incluso guerras se han desatado por este deporte.

En lo personal, este es un deporte que ha estado en mi vida y nunca me ha gustado. Recuerdo que mi padre me decía: “Ándale, pégale con el empeine”, “Que pase el balón o el hombre, pero nunca los dos”, pero, por más que trató de inculcarme este insípido deporte, nunca logró que compenetrara en mis entrañas a tal grado de querer llorar porque Jorge Comas fallaba un gol, caso contrario de mi hermano, el cual siempre ha sido un futbolista de corazón y que por cierto le va a los Tiburones.

Cuando cursaba en la primaria, no me fue difícil encontrar compañeros de juego, ya que el recreo se iba en comprar en la tienda escolar y andar correteandote jugando a “las traes”. Pero en las tardes cuando salía a jugar con mis vecinos afuera de mi casa, siempre se armaba la cascara de “fucho” y por ende a mi me tocaba ser el último que escogieran y por lo general mi posición era de portero.

En la secundaria, una época difícil para mí, mis compañeros todos los lunes hablaban sobre como había estado la jornada futbolera dominical. Recuerdo que había dos bandos, los que le iban al América y los que le iban a los Tiburones, yo sólo los miraba discutir porque mi domingo se había repartido entre la lectura de mis cómics, un juego de béisbol y ver alguna película. En la clase de educación física siempre se armaba la “reta” y yo era obligado a participar en el encuentro futbolístico, empecé como delantero, luego fui medio, pero como literalmente parecía una pared al rebotar todos los balones me cambiaron a defensa, de ahí como portero y al final, después de mostrar mis dotes futbolísticos pasé a ser el niño que le pasaba lista a sus compañeros.

Para la preparatoria hice mi último esfuerzo por agradarle a este deporte, que toda mi vida me ha castigado por ser muy torpe con los pies, pero después de que en un juego oficial abaniqué un despeje y la pelota terminó en las redes, opté por colgar los tenis terminando así mi paupérrima carrera de 2 juegos como futbolista.

Ahora en mi etapa adulta, si así se le puede llamar a mis 37 años, hago un recuento de mi vida futbolera y llego a la conclusión de que realmente nunca me llamó la atención el corretear un balón, creo que el gusto por los deportes es muy subjetivo y donde muchos ven una pasión, yo solo veo a 22 güeyes corriendo atrás de un balón.

Y me despido con esta frase del comentarista deportivo Alfredo Domínguez Muro, “Los deportes son como los tamales de mi tierra, hay de dulce, de rajas, rancheros, mole y salsa verde; y cada quien agarra del que más le gusta”. Hasta la próxima.

 

Twitter: @ivanbarradas

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