Caminito de la escuela

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Donde hay educación no hay distinción de clases.
Confucio, el creador de la confusión.

Sí, las vacaciones llegan a su fin. Después de hermosos días, semanas de estar instalados en la hueva, ya sea en un paradisíaco destino tropical o mojándonos las patas en una palangana en la azotea de la casa, es hora de retomar el camino, mover al país con nuestro trabajo, nuestra dedicación y empeño y  además, procurar el bienestar de nuestro futuro, de nuestros chamacos, porque oh sí, el fin de las vacaciones conlleva otra cuestión que nos trae peripecias, experiencias y también sinsabores en esta vida loca: el regreso a clases.

Es por demás, cada año el mes de agosto se convierte en una aventura más épica que intentar salir vivo de un concierto de El Komander y hay para todos los gustos, por ejemplo,  aquellos padres que tienen a sus chilpayates en escuelas públicas, luchando codo a codo con otros valientes por encontrarles lugar en la institución que les quede más cerca de su casa, para así evitar andar pagando los transportes nada económicos con los que contamos en esta jarochísima entidad, bastión de la prosperidad. Si tienen suerte, podrán mandarlos en el turno matutino, lo cual es lo ideal, ya que el grueso de la población tiene trabajos por la mañana y así en las tardes pueden estar con los chiquillos ayudándoles con lo de sus tareas, pero también puede que les toque el turno de la tarde y ahí sí que se les puede armar un desmadre, empezando por la seguridad en las horas de salida, ya que como sabemos, el horno no está para bollos en este aspecto. Otro punto son las famosas cuotas “voluntarias”, las cuales y pasándose la constitución por entre los huevos (o por donde se la pasen las mujeres en su caso), son un requisito para poder proceder a la inscripción (revuélcate en tu tumba, Benito Juárez). También hay que mencionar que si de entrada el grupo y turno asignado no es del agrado de los padres, siempre buscarán el palancazo, buscando al primo del vecino del papá de la novia del hijo del director para lograr un cambio a gusto (no hagan caras raras, que bien que lo han hecho, condenadotes).

Por otro lado tenemos a los que tienen la posibilidad de enviar a sus hijos a escuelas privadas, sus motivos los tienen, tal vez para darse los aires de mamonería o porque consideran que es lo mejor para sus hijos, no nos metamos en mucho detalle y dejémoslo así; quienes también tienen sus detalles, por ejemplo, comprar unos libros carísimos de las clases que en su plan de estudios complementan al programa oficial, los cuales pues ya te hacen el “favor” de venderlos en la misma escuela para evitarte los problemas de andar buscándolos como pendejo en todas las librerías de la ciudad, por supuesto, es en ese momento en que inflan el precio para sacarle ganancia, no crean que son taaan buena gente como piensan, ya que en ese paquetito también te enjaretan los cuadernos “oficiales” de la institución, los cuales son de dudosa calidad, pero vienen con una portada con el escudo de la escuela, los cuales también salen más caros que ir a comprar una buena libreta en cualquier papelería, como lo haría el de la escuela pública; efectivamente, las escuelas privadas son un negocio y muy redituable, ya que también te avisan que el uniforme lo puedes adquirir en una única tienda de la ciudad, la cual, misteriosamente es propiedad de algún pariente de la directora de la escuela y si va a hacer frío pues que nada más pueden ir con la chamarra, gorro y bufanda oficiales “para mantener un estricto orden”, valiéndoles madre que dichas prendas sean más delgadas que mi cartera a mediados de quincena.

De ahí lo más importante, las famosas listas de útiles, esos días en que ir a las papelerías de la ciudad es correr el riesgo de no regresar con vida, la vorágine total, en donde los caballeros y las damas olvidan que lo son, todo en afán de que no les apañen con las existencias de los juegos de geometría o el lápiz adhesivo de la marca específica, porque vaya que luego se ponen mamones en las escuelas, en ocasiones te piden cosas que ni Linterna Verde con su poderoso anillo sería capaz de materializar (sí, hablo de ti, marcatextos borrable, marca Crayola).

Y ya cuando creíamos que todo sería tranquilidad… ¡madres! la forrada de los libros, en donde las mamás se rifarán toda una noche haciéndose bolas con plásticos y adheribles, porque una cosa es segura, de no ser por eso, los libros quedarían convertidos en simples hojas sujetadas por un clip.

Pero de verdad, hay que reconocer el esfuerzo que los papás hacen para brindarles educación a los niños, la economía, aún para los de escuela particular, no es la ideal y hacen la valona, confiando en que por más que a los niños les dé la hueva total de levantarse temprano y tengan que corretearlos para hacer la tarea, no hay mejor inversión y regalo que la educación.

Aunque por otra parte, podrían arriesgarse a no invertirle mucho y meterlos de políticos o funcionarios públicos, ya hemos visto que no es indispensable para llegar a puestos muy, muy altos.

Hasta la próxima.

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