Consejos tontos

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Consejos tontos

Por: Alejandro Hernández y Hernández


Dice el refrán que “quien no oye consejo no llega a viejo”, sin embargo, creo que esa máxima no tiene respaldo científico, pues yo he sabido de muchos que nunca oyeron un consejo y llegaron a viejos; entre ellos un hombre que conocí en un pueblo del sur de Veracruz y a quien todos llamaban “Cacho´e puro”. Fumador de puro desde su juventud, de ahí el mote, siempre vivió rodeado de amenazas: “No fumes, te vas a morir de cáncer”, “deja el puro, hombre, que no vas a llegar a viejo”, etcétera; sin embargo, cuando conocí a “Cacho´e puro” éste ya tenía 75 años, fumaba desde que se levantaba y se le veía de lo más saludable. Eso me dejó varias enseñanzas, la primera: los refranes no siempre son ciertos; la segunda: fumar puro no mata, nomás “taranta” —nadie podía estar a menos de medio metro de “Cacho´e puro” sin acabar tosiendo—; la tercera: hay gente que nomás da consejos a lo tonto; esto último acabó sirviéndome para escribir la columna de hoy.

Los CP (consejos tontos, nomás que cambiándoles el tonto por una palabrota que no quiero escribir y que se oye como: tontejos) son el pan nuestro de cada día. A todos nos han dado un CP alguna vez y, lo que es peor, lo hemos seguido y nos ha ido de la patada por ello. “Hombre, yo sé lo que te digo, invierte en la Bolsa, te va a ir bien”, le dijeron a un cuate mío y perdió hasta los calzones.

Pero no nos vayamos a los extremos, en las situaciones más sencillas de la vida siempre hay un buen samaritano dispuesto a darnos un CP. Pongamos por caso que nos quemamos con algo, una quemadita ahí cualquiera, nada que amerite doctor pero que nos resulta muy molesta. Nunca faltará el que nos diga “Ponte pasta de dientes”. La pasta de dientes quemará más la herida porque contiene alcohol y, además, se pegará en la piel dañada dificultando la curación. Lo peor en este caso no es que haya quien lo aconseje, sino que alguien le haga caso al aconsejador.

A mí alguien me aconsejó un día, en que tenía que hablar delante de un grupo de personas y estaba nervioso, que las imaginara en calzones a todas para quitarme el pánico escénico. ¡Dios! Así lo hice y nunca como en ese día me he sentido tan incómodo; mi público eran puros abuelitos que bailaban danzón en un grupo de la tercera edad.

En el tema del amor siempre habrá un acomedido que nos dé un CP. “Llégale buey, si está que se derrite por ti”, me dijo alguien cuando cursaba la secundaria y arrastraba la cobija —en este caso la mochila— por una puberta pelirroja. ¿Para qué lo hice?, la pelirroja ni se derretía por mí ni mucho menos, es más, le caía yo regordo y luego que me le declaré tuvo la desfachatez de contarles a todas sus amigas, y a las que no lo eran también, que me había mandado por un tubo.

Por Internet circulan un montón de CP’s. A mí me llegó un correo que decía “Qué hacer en caso de un asalto”, el cual era una colección completa de puras malas recomendaciones. Decía en un punto: “Si le disparan tírese al suelo y cúbrase la cabeza con las manos.” ¿Las balas no atraviesan las manos?, me pregunto yo. Otro: “Lleve en su bolso o cartera los siguientes teléfonos —y estaban los de la policía, el ejército, la marina, etcétera—.” ¿Qué los asaltantes no lo primero que le quitan a uno es, precisamente, la bolsa o la cartera?, o qué, ¿darán “chance” los ladrones de sacar el papelito con los números? Y seguía: “En caso de que los asaltantes se hayan subido a su auto acelere y trate de estrellarlo en un poste, pared, etcétera y salga corriendo enseguida.” ¡¿Demonios, y uno es de hule, o qué?! Y como esos, muchos más. Aunque los que sí no tienen abuela son los que editan las revistas para mujeres, ellos se llevan el campeonato en dar CP’s.

Un día una pareja que conozco, que pasaba por un mal momento en su relación, leyó en una revista de esas algo que, bajo el título de “Cómo renovar el amor en pareja”, decía: “Conduzcan por el campo y busquen una colina cubierta con hierba y hagan el amor. Después jueguen a encontrar figuras en las nubes”. Así lo hicieron, pero como no tenía auto se fueron a “Los Lagos”. No sólo recuperaron la pasión, sino que también aprendieron qué quería decir eso de “faltas a la moral” pues mientras, todavía encuerados, le encontraban las alitas a un ángel en un Cumulus congestus, llegó la policía y los remitió al cuartel de San José.

Moraleja: Lo único para lo que sirven los consejos es para darlos a otros porque a uno nunca le sirven.

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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