¿Construyendo identidad?

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Xalapa XL - xalapo.com

Xalapa XL


Mi ciudad ha tenido una identidad propia desde su fundación como centro poblacional, hace ya más de quinientos años. La gente que la habitó antes de nosotros no se parecía en nada a ninguna otra, porque el xalapeño ha sido, y es, un ente muy especial al que cuesta trabajo entender, sin embargo, tiene una personalidad bien definida que está siempre presente. Quizá no se puede describir cómo es un xalapeño, nacido aquí o avecindado nomás, da igual, pero algo es cierto, se sabe cuándo se está enfrente de uno.

Esto, tan evidente, sin embargo no lo es tanto para quienes tienen la fortuna de gobernarnos, pues pareciera que cada alcalde que llega trae una consigna: la de desgraciarnos la identidad a como dé lugar.

No se explica de otro modo que cada tres años, o cuatro ahora, llegue un fulano, o fulana, con ideas “retenovedosas” y quiera descubrir el hilo negro de la xalapeñidad, ahora ya reinventando el sobrenombre de la ciudad, que siempre ha sido “de las flores” o “la Atenas veracruzana”, ahora ya pintándole murales horribles, o uniformando todo de un color en especial o, como sucede ahora, inventándose logotipos mercadotécnicos que nada tienen que ver, ni con nuestro idioma ni con nuestra idiosincrasia. Aunque hay que agregar que eso de “inventándose” es un decir, porque el que diseñó la marca “XL”, que ahora le van a enjaretar a Xalapa, nomás copió modelos iconográficos que alguien ya usó, primero en Melbourne Australia, y después en otras ciudades del país. Plagió, sería la palabra correcta.

Lo que pretende el Ayuntamiento, y quien lo dirige, dicen, es posicionar a la ciudad como una marca; es decir, utilizar el marketing empresarial para imponernos, a los xalapeños, una identidad que quién sabe quién se inventó y que, cultural y socialmente, no tiene nada que ver con nuestras raíces y nuestra tradicional fama de ciudad culta y cuna del saber académico y artístico del sureste del país.

Esto que ahora pretenden no es algo raro, insisto, ya hemos dejado de ser alguna vez, Xalapa, la Atenas veracruzana, para ser Xalapa la bella, o más recientemente, la Atenas de México, pero que seamos de ahora en adelante, Xalapa, la XL, se me hace lo más aberrante que esta ciudad, tan expuesta a las ocurrencias del gobernante en turno, haya visto jamás.

Que Xalapa XL signifique que somos una región grande, no justifica el uso de un acrónimo en un idioma extranjero, XL es Extra Large en el idioma inglés; y mucho menos el hecho de querernos dar una identidad de empresa. Una ciudad no es un negocio, es un lugar en donde viven personas pensantes y con identidad propia, que si bien comparten una idiosincrasia y un entorno cultural, también piensan por sí mismas.

¿Porque, a ver, a quién le preguntaron si los xalapeños queremos ser, de ahora en adelante, extra grandes?, ¿y ese acrónimo, que se presta a burlas porque refiere, casi en automático, a la crisis de obesidad que sufre el país entero, es lo que nos identificará, lo que traerá cohesión ciudadana y mejorará la calidad de vida de los que habitamos en Xalapa?

A mí me parecen puras ocurrencias sin sentido para justificar un puesto administrativo que, este sí, les está quedando grande, pues los más graves problemas de la ciudad siguen sin resolverse. Ahí está el tema de la movilidad urbana, al que se le ha abordado de la manera más insubstancial, pues en tantos foros que es como han hecho, no se contempla, al menos ejecutivamente no, transformar el transporte público para que sea éste el eje rector que resuelva la necesidad apremiante de los xalapeños: moverse por la ciudad de una manera eficaz, rápida y barata.

La inseguridad, otro tema pendiente, es algo de lo que nunca habla nuestro alcalde, ni para bien ni para mal; el crecimiento desordenado de la ciudad, con áreas verdes invadidas por organizaciones afines al partido en el poder, es otro problema que no se toca; el comercio ambulante, que en esta administración ha crecido como nunca, es otro problema que se solapa y hasta se fomenta, pues el alcalde, cuando de darse baños de pueblo se trata, desayuna tacos en un puesto callejero cuyo dueño ya invadió una calle completa.

La identidad de una ciudad se construye con trabajo, dándole una vida digna al ciudadano que la habita, y esto sólo se logra administrando bien los recursos que se tienen y poniendo en orden lo que necesita ser ordenado, no gastándose cifras millonarias en pagar notas periodísticas que canten las “glorias” del alcalde, o jugando al  gran empresario, inventándose marcas y logotipos, bastante feos por cierto.

 

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios y sugerencias: motardxal@gmail.com

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