Crisis, suicidios y locura

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Crisis, suicidios y locura


En estos días de recesión económica y de crisis financieras globalizadas, la Organización Mundial de Salud (OMS), ha advertido que los suicidios y las enfermedades mentales aumentarán entre la población. Los índices de pobreza, exacerbados aún más por esta situación de precariedad en los mercados financieros mundiales provocarán, en “cientos de millones de personas”, una fuerte depresión.

Los recortes presupuestales a que se verán obligados los gobiernos, incidirán especialmente en los programas de salud pública que tienen que ver con las enfermedades mentales; pues nunca será igual suturar el brazo de un accidentado, por ejemplo, que darle seguimiento psiquiátrico a un paciente esquizofrénico. Las dos cosas son urgentes pero no se ven igual de trágicas.

Ante este panorama habremos de mantener la calma y la ecuanimidad. Porque visto con frialdad objetiva, los índices macroeconómicos, que resultan en noticias de ocho columnas para periódicos y elevan los ratings de los noticieros televisados, sí afectarán, de algún modo, nuestra economía personal, pero la verdad es que las cifras millonarias y los indicadores accionarios que se manejan en niveles de Wall Street, NASDAQ u otras organizaciones bursátiles, son cuestiones especulativas, estratégicas y de manufacturas casi ajedrecísticas, que a doña Lucha, la de la miscelánea de la esquina, o a don Juan, el mecánico, como diría el insigne filósofo mexicano, Luis Echeverría Álvarez: ni los benefician ni los afectan, sino todo lo contrario. Es decir, no es lo mismo oír que la Bolsa Mexicana de Valores perdió cien millones de dólares —que nunca hemos tenido, ni tendremos jamás— y sentirnos angustiados, que recordar que ni jugando al Turista Mundial hemos comprado acciones.

En este universo en el que vivimos todo sentimiento, toda preocupación y toda angustia, resultan ser sólo energía gastada a lo tonto. Como la energía ni se pierde ni se destruye, sino todo lo contrario, digo, sólo se transforma, si la gastamos en esas pasiones no tendremos manera de ocuparla en organizar, solucionar o arreglar cosas más importantes. Si los psiquiatras recomiendan actividades creativas, deportivas y entretenidas a los que sufren de depresión, es porque mantener el cerebro ocupado evita que éste se centre en delirios persecutorios y sufrimientos insalvables.

Así entonces, en lugar de dejarnos arrastrar por la ola de pesimismo, que nos recetan: Loret de Mola en las mañanas —como para tener un buen día— y López Dóriga en las noches —como para no dormir en paz—, mantengamos una actitud positiva ante la vida y sus vicisitudes.

Ya para terminar les referiré una anécdota que resulta muy ilustrativa; hace algunos años un pobre hombre, agobiado por situaciones que tenían que ver con deudas y otras cosas, vulgares como ésas, subió a la azotea de un hotel muy conocido, ubicado en el centro histórico de Xalapa; desesperado como estaba se lanzó al vacío buscando terminar con su vida y sus problemas. Por suerte, buena o mala —todo depende del grado de depresión que se tenga en el momento—, el infeliz cayó encima del techo de un taxi que iba pasando por la calle.

A final de cuentas se salvó, pero destrozó el taxi y, según se sabe, el dueño lo demandó por los daños causados.

Moraleja: Aventarse al vacío será una solución, siempre y cuando el vacío esté… vacío.

 

Alejandro Hernández Hernández

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