Cuando los animales atacan…

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Hormigas - xalapo.com

Quien vive o ha vivido en Xalapa está al tanto de la cantidad de colonias que se han ido construyendo sobre reservas ecológicas, antiguos ranchos, haciendas, fincas, etc.

Esta invasión no viene sin un precio que pagar. La naturaleza siempre se las arregla para recuperar lo que es suyo, si no, preguntemos cuánto se gasta en mantenimiento de áreas verdes, es decir, en mantener al monte lejos de los pobres parroquianos que sólo tratan de llevar una vida tranquila y sin mayores contratiempos que su empleo, su familia y tal vez alguna otra familia… Casual la cosa.

Cuando tratamos con algo tan fuerte como es “el monte”, se requiere una gran cantidad de herramientas, incluidas por supuesto las químicas. Pero resulta que es tan astuta la naturaleza que siempre halla la forma de evolucionar y hacerse inmune a cuanta porquería le demos para combatirla. Por lo tanto es comprensible y de esperarse ver insectos y toda clase de animales en estas colonias, pero ¿qué pasa cuando esto pasa en plena “ciudad”?

Un clásico ejemplo son las cucarachas, díganme ¿en qué ambiente no han visto una cucaracha? Exacto.

Pues tal es mi sorpresa. Resulta que, viviendo en una zona decente, poblada, urbana, alejada de “lo salvaje”, fui víctima de un ataque masivo de animales salvajes. Su servidor fue torturado a lo largo de la noche por pequeñas mordidas, casi picaduras pero no con la misma comezón, hinchazón ni molestación… Cinco horas de esta porfía que en su momento pareció interminable. Al despertar uno trata de hacer sentido de lo que pasó la noche anterior entre sueños. Uno se revisa y al no encontrar marcas se piensa que no pasó nada, que fue sólo un sueño. Lo deja pasar y comienza con un día más. Cuando de pronto, por azares del destino, se decide ver la almohada, esa compañera de sueños y otras aventuras menos propias de este texto. Se observa que por uno de los bordes va caminando impasible una pequeña hormiga, uno de inmediato piensa que ha hallado a la culpable de tanto sufrimiento, y hasta mal se siente por tener tan poca tolerancia a un minúsculo bichito.

Aquí debería terminar la historia pero por eso que se llama morbo, uno decide abrir la funda y ahí es cuando el horror ocurre, un mar de hormigas comienza a fluir de la almohada, como un panal furioso, como un río de odio negro y rojo, poco a poco van saliendo más y más de esos pequeños entes, como una marea que al parecer tiene como misión destruir al mundo y a todos quienes en él habitan.

Nunca compren una almohada porosa.

 

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