Directora de orquesta

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Directora de orquesta

Por Bir


Verán, crecí rodeada de adultos (mis abuelos, una tía, mi madre y mi hermano menor) así que a los ocho años parecía un adulto pequeño.

De lunes a viernes la casa era silenciosa, rutinaria: se desayunaba a las siete de la mañana, cada quien se encargaba de sus respectivas labores; a la una y media se comía, por la tarde las mujeres tejían, el abuelo veía la televisión y los niños hacíamos tarea y jugábamos. A las ocho de la noche se cenaba y a más tardar a las nueve todos debíamos estar dormidos. Así crecí.

Los sábados eran sin duda mis días favoritos, aunque no tan temprano, se desayunaba en familia, todos debíamos bajar bañados y arreglados, de tal modo que a eso de las diez cada quien estaba listo para comenzar sus quehaceres. Ese día la tía abuela solía poner música, cosa que no sucedía de lunes a viernes, así que para mí era fabuloso poder escuchar lo que cada semana elegía: desde Beethoven hasta Glen Miller pasando por Frank Pourcel y hasta John Coltraine.Edit La primer que vez que escuché a Miller quedé fascinada, jamás había tenido contacto con el jazz, In The Mood  retumbó en mis oídos y se quedo en mi memoria durante mucho tiempo. Así nació mi gusto por la música. Me sentaba en la mesa del comedor y mientras los discos sonaban yo imaginaba que estaba ante mi un gran piano de cola y que yo era la gran concertista. Me pasaba las horas “tocando” para mi paciente auditorio y por auditorio quiero decir el gato. Los adultos estaban demasiado ocupados para poner atención.

Ante ese amor inesperado por la música un día decidí que cuando fuera grande quería ser directora de orquesta, de tal modo que estaba empecinada en ser la primera mujer en hacerlo. Así que, de tocar el piano pasé a robarme las antenas de conejo de los televisores y dirigir a mi propia orquesta musical.

Han pasado más de veinte años desde que dirigí por última vez, no fui pianista y mucho menos directora de orquesta, mi abuela enfermó y con ella se fueron algunas fantasías infantiles. Ahora lo que me hace verdaderamente feliz es dirigir mi propia vida.

Bir

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