Duarteland: la caída

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Duarteland: la caída

Marginalia –  Por Amolián Elvéin


Hace algún tiempo, en realidad, no demasiado, Javier Duarte, primero de su nombre, nacido del PRI, rompedor de periodistas, padre de deudas, el que no se encarcela, king in the port, le dijo a todo el mundo -Peña es mi amigo, nunca me ha negado nada, la decisión de quién se quede después de mí me corresponde a mí-.

Pero aún antes, Peña Nieto, Primero de su nombre, presidente de México, nacido de la guapura, rey de los chairos y los lamebotas, rompedor de economías, comprador de casas blancas y Rey en el Cedemex, afirmaba -Vengo a la tierra de mi mejor amigo best-friend bromance Fidel Herrera Beltrán- mientras estaba visitando los cierres de campaña de los aspirantes a gobernadores de Oaxaca, Veracruz y otros lugares en el mapa.

Duarteland estaba en su era dorada.

Peña le dijo a Duarte que le daba su apoyo y que dependía de él elegir a su sucesor. Duarte sumió la panza y le dijo que fuera o no su amigo, elegiría bien. Ambos estaban de acuerdo en que “no se podía equivocar”.

Chong: Este vato... Duarte: dí que sí mi Peña... ándale. Peña: Ay, este... este jeje.
Chong: Este vato…
Duarte: dí que sí mi Peña… ándale.
Peña: Ay, este… este jeje.

Pero se equivocó. Y mi goldo cordobés no ha hecho otra cosa que equivocarse desde que, bueno desde que se le conoce.

Muchos supusieron como natural que el candidato pudiera ser Silva Ramos. -Silva es el que se va a quedar, por lo que, si yo lo sé, es que ya perdió- escuché decir en el café del centro de Xalapa.

Duarte no sólo toma decisiones mal, sino que es indiscreto, es volátil, mitómano, y tiene un conjunto de psicopatías que, si atendemos las recomendaciones de Jacques Lacan, tienen origen en su odio a su padre (bueno, de esto último no tengo ningún respaldo, pero a encaja con madre). En otras palabras, es manipulable.

"Tons qué mi Peñita bebé, ¿como quedamos no, sólo tengo que aguantar el último año y te libras y me alivianas?"
“Tons qué mi Peñita bebé, ¿como quedamos no, sólo tengo que aguantar el último año y te libras y me alivianas?”

Lo mismo le da negar que haya robado -como si eso fuera posible, el negarlo- que abrazarse con empresarios que amenazan periodistas, como dejarse la barba como cortársela. A Duarte le da igual lo que sea. Hay una buena razón para que su cinismo exista.

Se ha creado su propio mundo de ensueño con cimientos de huesos de veracruzanos y la sangre de los periodistas en uno de los lugares más peligrosos para ejercer periodismo. Se ha robado todo lo que ha querido -aunque bien es cierto que gran parte de eso ha tenido que darlo a otros a los que debe estar ahí-, ha destruido el estado, pues, para construir su Duarteland.

Empero ya el hechizo se ha ido desvaneciendo. Los invasores azules le hicieron contemplar, aunque desde su fortísimo castillo rojo, la realidad. Un bonito bitchslap mediático lo recibió apenas en la visita de Peña Nieto a Veracruz para la graduación de cadetes de la Escuela Militar Naval: en 112 fotografías no aparece ni por error, Javier Duarte.

Y esto es una lectura no tan simple: Javier es una víctima del aparato político mexicano. Así como lo leen. Es víctima de sí mismo por su increíble capacidad de ineptidud. Pero también de la pésima administración de Peña Nieto, que ha sabido aprovechar la caja china para desviar toda la atención posible hacia nuestro Gober, de manera que dejemos de hablar de los 43, de la casa blanca, la renuncia de Korenfeld de Conagua, el caso Murat, las compras de Videgaray y muchos más. Javier es el foco y es porque al PRI le conviene.

¡Mira Peña, ya puedo leer solito las columnas en mi contra!
¡Mira Peña, ya puedo leer solito las columnas en mi contra!

Sopesando los pro y contra, han preferido sacrificar un estado para tener una mejor posición mediática que, en estos tiempos, es una jugada sumamente arriesgada, y ya que no estamos en 1933, posiblemente no funcione a largo plazo. ¿De qué otra forma podemos explicar que a un priista se le pueda investigar y se le encuentren anomalías en la gestión? No sería posible si el mismo PRI no lo permitiera.

Hay incluso los que están diciendo que la terrible oposición pública ha hecho que esté en una profunda depresión que tiene preocupado no poco a toda su familia. Que toma chochos a cada ocasión y que sin ellos no puede aparecer en público. Que tiene miedo y sueña con el coco y, en más que menos, que está sufriendo.

¿Pero qué tanto puede estar sufriendo? No lo suficiente si me preguntan, que no lo hicieron, pero como gobernador al que todos le han dado la espalda y que se niega a abdicar pensando que hay formas de componer el rumbo cuando el barco ya está hundido y se sujeta a una tabla: soy un poco necio.

Absolutamente nadie le tiene ningún tipo de aprecio a Javier Duarte en el estado, sigue aquí porque simplemente puede. Dudo mucho que le apliquen un Elbazo, la correcta aplicación de la ley está muy lejos de poderle meter… las manos a su solapa. Se confió viendo la soltura de Herrera Beltrán y su “castigo” de irse de embajador. Y la tiene complicada. Es un juguete más del monstruo del PRI, lo sepa o no –aunque dudo que no haya estado de acuerdo en todo lo que ha ocurrido, sería aún más estúpido-.

Se los dejo de tarea.

@amolianelvein

Perdón por no haber estado escribiendo esta gustada y leída columna pero pues #Pobre y el trabajo se volvió prioridad para eso de comer y pagar las deudas.

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