El día del niñito o ¡devuélvame mi Flipy!

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Se acerca peligrosamente el día del niño y con él los múltiples lugares comunes en los que todos caemos, llevados por la nostalgia de nuestras épocas infantiles, durante esta fecha. Recordamos los juguetes que solíamos tener, los juguetes que deseábamos tener, las golosinas que endulzaron nuestras tardes, las películas que vimos, los juegos en los que involucrábamos a los primitos, hermanos o vecinitos, y los programas de televisión y caricaturas que nos hicieron reír, gozar, y por qué no, hasta sufrir (¡que levanten la mano los fans de Remi!). A veces incluso parece una lucha generacional en defensa de cuál década fue la mejor para crecer, que si los ochenta, que si los noventa, que si los setenta. Estas batallas, que en realidad nadie gana, sólo exponen al mundo nuestra propia, inherente e irreversible chavorruques. Lo cierto es que estas oleadas nostálgicas no son un fenómeno particular que obedezcan únicamente a una fecha o a una generación. Obedecen quizá a otro tipo de asuntos interesantemente bien encausados por las industrias creativas. Explicaré el punto.

1-2Los seres de luz creemos (me apunto porque, debo confesarlo, también me gusta andar en estas cosas) que no hay cosa más importante que estar en paz con nuestro niño interior. Que hay que cuidarlo, escucharlo, atenderlo y sanarlo cuando algo lo lastima, o sea, cuando algo nos lastima en la vida real pero que podemos entenderlo mirando hacia nuestra infancia, así que… bueno, esa será explicación para algún post futuro lleno de luz y amor.
En este momento mi punto es señalar que en estos términos energéticos la figura del niño interior está siempre presente, y yo no sé si es por el creciente interés de la gente hacia estos temas o por qué razón, motivo o circunstancia, pero de pronto pareciera que las industrias televisivas y cinematográficas tienen una solución para mantener contento a ese pequeñín que todos llevamos dentro, sobre todo al de los más grandecitos. ¿O acaso el que regresen a la pantalla los personajes de Star Wars, o los superhéroes de Marvel que antes conocimos en los cómics es una casualidad? ¿Será de verdad una increíble obra del destino que las niñas que jugamos con las muñecas de Rosita Fresita, Ositos Cariñositos y Mi pequeño Pony ahora las veamos en caricaturas junto con nuestras sobrinas o hijas? ¿Acaso sólo fue una ocurrencia locuaz el llevar a la pantalla Dragon Ball Z con todo y las voces originales de su doblaje en español? Yo creo que nuestros niños internos se ponen todos locos ante tales emocionantes estímulos.

Bueno pero no vayan a creer que mi comentario está repleto de amargura contra el sistema, ¡al contrario!. La verdad es que hay algunas cosas que a mi 3506-MLM4443281169_062013-Oy a mi miniyo nos hacen muy felices, como el hecho de tener más de 30 y que no sea (tan) mal visto coleccionar chucherías de Hello Kitty. Y tampoco pienso negar que enloquecí de emoción al descubrir en un portal de Youtube todos y cada uno de los 115 capítulos completos de Candy Candy, ni que sufrí y me enojé y le grité al monitor cuando Terry prefiere a la primera maldita lisiada conocida, la tonta y ambiciosa Susana Marlowe (ejem, ejem… ustedes perdonen el exabrupto, fue mi niña interior que aún no ha superado tal ruptura amorosa). Pero eso no me quita el reflexionar sobre lo lucrativo que resulta devolverle a gente de nuestras pasadas generaciones todos estos recuerdos envueltos en boxsets maravillosos, como el de Robotec por ejemplo, o en juguetes coleccionables como los que solíamos tener, pero ahora con el poder adquisitivo propio, no el de nuestros padres, para consumir incluso más allá de lo que nuestras cuentas bancarias podrían permitirnos. Porque somos nosotros, los adultos con alma de niños, los que convertimos un producto en objeto de culto, del que deseamos poseer todo cuando sea posible, a costa de lo que sea. A veces eso cuesta mucho, basta ver programas como El precio de la historia para darse un ligero quemón. Tener contento a nuestro niño interior, de pronto,  sale bien caro.

1255466172354_fEn fin. Este 30 de abril, como todos los años, veremos ese sentimiento nostálgico en los festivales escolares en donde se escuchan todavía las rondas infantiles en voz de Tatiana, en las horas eternas en las que programarán los mejores momentos de El chavo animado, a Chabelo apareciendo en una incontable cantidad de memes, nos daremos el lujo de buscar el chiclocentro de sabor de las paletas Tutsipop, o quizá de comernos todas las gomitas de una Paleta Payaso; pero yo lo único que soy capaz de pedir, antes de cualquiera de estas cosas, es que Gamesa me devuelva mi golosina favorita de todo el mundo mundial y he aquí mi petición: por favor don Galleto, ¡devuélvame mis Flipys! ¡Atiendan mis nostálgicos ruegos infantiles! ¡Hagan feliz a mi pequeña Pochaquita interior que quiere bailar como un simpático delfín! ¡Plis Virgencita, plis!

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Así pues, dejémonos llevar por la nostalgia y los lugares comunes y celebremos como sea este 30 de abril, pero celebremos. ¡Feliz día del niñito interior a todos! 🙂

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