El otro duelo

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El otro duelo

Por Susana Córdova

Como cuando pierdes a alguien, pero no ha muerto. Cuando pierdes a un amigo, también es un duelo.


Hace tiempo escuché a un médico decir que el corazón no duele, pero lo que sentimos cuando enfrentamos la pérdida de un ser querido se asemeja mucho a un dolor profundo en ese órgano.

Cuando se muere tu esposo te conviertes en la viuda pero, ¿en qué te conviertes cuando pierdes a un amigo?

Gracias a las redes sociales nuestro lenguaje cambia, ahora hablamos y escribimos con #hashtags o solemos comentar en la oficina sobre los llamados Trending Topic, pero hay situaciones, escenarios, circunstancias que hasta ahora no han logrado tener un nombre, una etiqueta, ¿cómo denominar a ciertas pérdidas?, ¿cómo nombrar a la pérdida de un ser querido si no ha muerto?

No encuentro el nombre apropiado para la separación de un amigo, no se trata de un divorcio, es la ruptura de una amistad que en apariencia era entrañable, profunda, llena de secretos, risas, aventuras, viajes, fotos y miradas a juego.

Desde hace tiempo, cuando “perdí” a un “amigo” y años después a una “amiga”, tengo esa duda, jamás había tenido una sensación así, menos por un largo periodo, no sabía de que se trataba entonces.

“Perder a una amiga/amigo es también un duelo”, me dijo hace unas semanas una de mis mejores amigas, casi hermana, luego de que le contara sobre cierto distanciamiento con unas personas.

Cuando caí en la cuenta de que se trataba de un duelo todo lo vi más claro.

Esa extraña sensación, ese dolor en el corazón que, aunque digan que no existe, había persistido en mí desde hace mucho, ahora lo entiendo, jamás me permití pasar el duelo correspondiente, me centré tanto en la causal de los distanciamientos que no me detuve a pensar que estaba concretando una separación, una tras otra, no en el mismo año, ni por las mismas circunstancias, pero separaciones al fin y al cabo.

Fueron rupturas amorosas, porque, si lo pensamos bien, ¿qué nos mantiene en una amistad si no es amor?

¿Qué implica ser amigo de alguien?, es la constante en mi a veces inútil y atormentada mente. Me lo he preguntado los últimos 5 años, pero con mayor frecuencia en las últimas semanas tras concluir de tajo una amistad de varios años.

Y es que una traición no la olvido nunca, aunque aprendí a perdonar cuando cobré conciencia de que el rencor no debe guardarse porque “Guardar rencor es como sujetar un carbón caliente con la intención de lanzárselo a alguien más; es uno el que se quema.”, según Buda, no olvido porque olvidar una traición es también olvidar la lección, y generalmente las lecciones cumplen la función de forjar carácter, hacernos mejores personas y más fuertes.

Una vez aclarado en mi mente que, la “fórmula ganadora” es perdonar, pero no olvidar la causal de la separación, todo va mejor, aunque la pregunta constante sigue.

¿Qué implica ser amigo de alguien?

Una amistad incluye mantener secretos, escuchar historias sin fin, intercambiar regaños indefinidamente, quedarse hasta la madrugada tras reír y llorar juntos, compartir temores y gustos culposos, pero ¿qué más?

He leído infinidad de veces que a medida que uno va envejeciendo, es más selectivo en cuanto a las amistades, incluso éstas se reducen con el tiempo, no siempre es así.

Conozco a varias personas que tienen ese don de aumentar su círculo de amistades año tras año con total éxito, amor y lealtad impresionante. Yo soy todo lo contrario, apenas llegué a los 30 y ya me quedé con menos de la mitad, no es queja, los que permanecen sin duda son los mejores.

“Perder” a una amiga o amigo es algo tan surreal, recordar los buenos momentos que se pasaron con esas amistades que ahora ya no lo son es como aventarse a una dimensión paralela que deja una resaca de varios días cuando caes en la cuenta de que esas personas ya no pertenecen a tu realidad, no fue fortuito, fueron expulsados del paraíso por desleales, por no haber navegado con la bandera de la honestidad. O expresado de otra forma, que se vayan al carajo con sus mentiras.

Supongo que entre amigos se han dicho algunas de las llamadas mentiras piadosas, pero quien realmente me conoce sabe que “más vale que me digan todo, ya veré yo qué hago con eso”.

Entonces, ¿cómo superar la ruptura de una amistad, un duelo de amigas, de amigos? ¿cómo le llamo a eso? No lo sé, por el momento creo que el tiempo es la solución, porque “el tiempo cura lo que ya no importa”, dijeran los del Cuarteto de Nos.

Gracias a las amistades que se fueron, por la lección que me dejan

Gracias a las amistades que todavía están, por su lealtad infinita

Gracias a las amistades que vendrán, seguramente seré mejor amiga después de todo.

Su

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Susana Córdova
Xalapeña + aplana calles + fan del chipi-chipi + dueña de un unicornio + soñadora por convicción.