El profe Chicho

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Enseñar es un ejercicio de inmortalidad.
-Rubén Alves.

El profe Chicho me enseñó muchas cosas, una de tantas es que la educación es igual para todos, desde el hijo del rico ganadero, al cual llevan al colegio a bordo de una gran camioneta, hasta el hijo del agricultor que camina hasta una hora sin zapatos desde su ranchería hasta la escuela.Todos tienen derecho a aprender y superarse.

Del profe Chicho aprendí que las matemáticas pueden ser divertidas y no el monstruo que nos devora con sus problemas y ecuaciones.

Del profe Chicho aprendí a ser responsable en el trabajo, siempre se despertaba todos los días a las 5:30 a.m., se bañaba con agua fría, se ponía las camisas con las mangas dobladas, lustraba sus zapatos y se perfumaba siempre con la misma loción, English Leather, salía de casa rumbo a la escuela a las 7:20 de la mañana y tardaba exactamente 23 minutos en llegar caminando. Era muy raro que faltara a trabajar en los más de 50 años que estuvo en servicio.

El profe Chicho me enseñó a ser firme en las decisiones, considerar las opiniones de los demás, pero una vez tomada la decisión, era inapelable.

El profe Chicho me enseñó a disfrutar de la vida sencilla, a cuidar lo que tanto esfuerzo costó trabajar, comprar lo necesario, pero siempre que había posibilidades, consentir a la familia, la cual siempre es el motor de todo. Cada tarde iba al solar a darle de comer a sus gallinas, recogía los huevos y alguna fruta de los árboles que ahí había sembrado y los llevaba a la mesa.

El profe Chicho me enseñó a investigar siempre sobre diversos temas, después de comer se ponía a leer el periódico y alguna revista de ciencias, resolvía crucigramas con palabras que hasta la fecha escapan de mi comprensión y veía programas que siempre dejaban alguna enseñanza.

El profe Chicho me enseñó a ayudar a los demás, desde regalarle un taco al mendigo que tocaba la puerta, dar tutorías vespertinas gratuitas a niños que lo necesitaran.

El profe Chicho me enseñó el respeto, era una persona muy seca en su trato, pero cada mes iba a casa de quien fue su maestro y lo trataba con suma veneración y lo llamaba “Mi General”, aquel viejo hombre, nada más asentaba con su cabeza, era como ver a Sócrates con Platón.

El profe Chicho me enseñó que una buena mentada de madre puede ser el mejor remate en una discusión acalorada.

El profe Chicho me enseñó lo duro que es ser maestro, ser responsable de educar a cientos de niños a lo largo de los años, intentando aportar algo a sus vidas que los conviertan en personas de bien. Trabajar en ocasiones en condiciones precarias, aulas sin muros y con pisos de tierra, poner dinero de sus bolsillos para darle mantenimiento al mobiliario y pasar por otras tantas carencias, pero trabajando con convicción.

El profe Chicho me enseñó que no existe arma más poderosa que la educación.

El profe Chicho me enseñó la humildad, a no sentirse más que otros, a respetar al prójimo y ayudarlo siempre que se podía.

El profe Chicho me enseñó a amar mi tierra, le gustaba comer un plato de zacahuil, los tacos de borrego, los tamales y todos los manjares de la huasteca.

El profe Chicho me enseñó la gratitud, corresponder a la gente que le hacía un favor, desde darle una buena propina a una mesera, hasta regalarle quesos frescos a las enfermeras que cuidaron de él cuando luchaba contra el cáncer en un hospital.

El día que el profe Chicho se fue, la gente no cupo en la casa para realizar su velorio, se tuvo que cerrar la calle, recibió un homenaje en su escuela y su cortejo fúnebre fue un desfile encabezado por una banda de guerra formada por varios maestros que en su niñez fueron sus alumnos, le rindieron honores al pie de su tumba. Hasta el último día, el profe Chicho me enseñó que la inmortalidad es posible. Gracias profe Chicho, mi abuelo.

Hasta la próxima.

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Mi Twitter: @eldoogie

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