El universo del “Universo”

0
327
El universo, luchador - xalapo.com
(De la serie de entrevistas: Como mejor actor de reparto. Año 2005. Personaje xalapeño)

Su nombre oficial es Jorge, Don Jorge para sus discípulos, y para sus seguidores: el Universo. Sus apellidos me pidió omitirlos porque nunca perdió la máscara.

El universo, luchador xalapeño - xalapo.com
Universo

Vengo a donde sé que es seguro que lo voy a encontrar; está sentado cerca de la taquilla, platicando con alguien del tema que ha dominado su vida por más de 35 años: la lucha libre. La Arena Xalapa, vacía, luce más grande, los sonidos se multiplican en el eco de sus rincones que parecen contener todos los alaridos del triunfo y la derrota. Le expongo a lo que vine, con cierta incredulidad me invita a subir con él al recibidor del gimnasio que atiende, y condescendiente se prepara a regalarme sus recuerdos. Mientras se coloca el micrófono lo observo discretamente, sus hombros son duros, su pecho amplio y sus brazos, aún rocosos, acusan al deportista disciplinado, su frente profunda se quiebra en un gesto que denota que está hurgando dentro de sus vivencias; se acomoda en la silla y empieza a contarme su vida.

Nació en esta ciudad el 14 de junio de 1945. Su infancia y su adolescencia transcurrieron normalmente en la apacible Xalapa de los años cincuenta, a los veintidós años, con 50 kilogramos de peso, un físico de lástima y cansado de responder a sus amistades que no estaba enfermo, se animó a preguntarle al novio de una vecina, un “gorila” de 90 kilogramos, cómo hacer para tener la apariencia atlética que él exhibía; el hombretón, que se llamaba Geiser Reyes, resultó ser un tipo muy amable y un orgulloso Mr. Veracruz de aquel entonces (El “Mr.” Es un título atlético que se les da a los que poseen los mejores cuerpos en un concurso de físicoculturismo) De este modo terminó invitándolo a entrenar en un pequeño gimnasio que tenía en el traspatio de su casa, y en donde también se ejercitaban otros dedicados atletas. Al principio se sintió intimidado por los cuerpos grandes y musculosos de los que ahí estaban, pero al cabo de un tiempo se empezó a mover como pez en el agua. En un año, entrenando de lunes a sábado, durante dos horas cada día, y bajo la vigilancia del “Mr.”, subió 20 kilos de puro músculo. Ante tales progresos y alentado por sus compañeros decidió inscribirse en los incipientes concursos de físicoculturismo, que en aquella época organizaba el comandante del Cuerpo de Bomberos de Xalapa, Ernesto Tlapa. Por cierto, el cuartel de éstos era el único lugar público en donde se podía encontrar un gimnasio público.

Los concursos se realizaban en el “Teatro Hidalgo”, hoy “Teatro J. J. Herrera”. En su primera participación y en un evento denominado “Mr. Azteca” ganó el tercer lugar. Corría el año 1969 y bajo el esquema con que juzgaban a los participantes se podía ganar, aparte del trofeo absoluto, alguna subdivisión, así pues, se premiaba la mejor espalda, las mejores piernas, los hombros más desarrollados etc., aquí Don Jorge fue un constante ganador del mejor pecho y de los mejores brazos. En 1970 ganó el Mr. Xalapa, teniendo rivales numerosos, pues el deporte de las pesas comenzaba a ganar adeptos y ya se empezaban a abrir más gimnasios. Siguió concursando y ganó el “Mr. Atlántico”, en el puerto de Veracruz; el “Mr. Atlético”, en Xalapa; el “Mr. Greco” en el año 1974, y se retiró de las competencias ganando el quinto lugar en el “Mr. México Centro”, en Poza Rica, Veracruz.

Por el año de 1969 algo cambió su vida; a iniciativa de su padre, que conocía a Heraclis Fenerly, promotor de lucha libre y luchador profesional, entró al apasionante mundillo del pancracio. Su padre consiguió que lo admitieran en los entrenamientos sin que él supiera nada. Cuando se enteró de esto trató de aclarar con su padre que su gusto por las luchas era solo como espectador y que le parecía un deporte muy rudo, sin embargo acudió a la cita.

Los recuerdos se le agolpan, me refiere que en ese entonces el gimnasio de lucha era un cobertizo montado en la azotea de una construcción, que se encontraba en el mismo lugar en donde hoy está la Arena Xalapa; riendo me cuenta que en el primer entrenamiento, después de tres golpes bien plantados en la boca del estomago, se tuvo que doblar sin aire, con el orgullo desbaratado y con unas cuantas lagrimas rodando por sus mejillas; al otro día, doliéndole hasta las orejas regresó por más. Y lo que no le gustaba le gustó tanto que se hizo luchador profesional. En la actualidad solo lucha ocasionalmente, sus 60 años parecen pesarle pero no lo rinden, practica rutinariamente lucha libre y pesas, forma nuevos valores locales, es entrenador de físicoculturismo y tiene una colección, nada envidiable, de lesiones que ha acumulado a lo largo de su práctica profesional; así pues, ostenta un desgarre en el bíceps derecho, fracturas múltiples en las costillas flotantes, en la clavícula y en los tobillos; tiene clavos quirúrgicos en las rodillas y un sinnúmero de cicatrices de guerra que nunca lograron mermar su gusto por el deporte de los costalazos.

Rememora con enorme nostalgia a muchos luchadores locales con los que alternó en apasionadas funciones; menciona emocionado al Dr. Crimen, al Júpiter, al Gavilán Ramírez, a Heraclis Fenerly, a Chucho Monroy, a Zenén Hernández, al Estrella Sureña, al Pantera Asesina; así también, recuerda que alternó con luchadores consagrados como el legendario Santo, el Dr. Wagner, Coloso Colosetti, los exóticos: el Bello Greco y Sergio el hermoso; y sobre todo, con el que siempre fue su ídolo y modelo a seguir: el impresionante Aníbal. Sentía tal la admiración por este personaje que buscaba que su mascara y traje se parecieran a los de él.

La Magia de la Lucha Libre - xalapo.com
La Magia de la Lucha Libre

Miles de anécdotas llenan su mente; me platica con emoción una que tiene muy grabada: En el año 1978, en una función en la ciudad de Puebla, haciendo pareja con el Angelito y peleando ambos por el bando de los técnicos, tras una serie de equivocaciones en el ring, terminaron dándose hasta con la cubeta entre ellos, sacando la peor parte el Angelito, en ese momento él decidió pasarse al bando de los rudos; se armó la cámara húngara con el público y como el Angelito era ídolo en ese lugar, los espectadores la tomaron contra él y lo siguieron tres pisos hasta los vestidores con navajas y cuchillos; armado con una silla resistió heroicamente hasta que sus compañeros llegaron a auxiliarlo. Tal es la pasión que despiertan los héroes del cuadrilátero.

Extraña la lucha de antes, el llaveo, el contra llaveo y la lucha a ras de lona; ve con recelo los vuelos acrobáticos de los ídolos de ahora y descalifica el uso de elementos externos como sillas, tablas y otros objetos; añora cuando los luchadores se rendían al contrincante por el dolor de una llave convenientemente aplicada y no como ahora, que se rinden por el dolor de un sillazo bien puesto.

Procreó tres hijos, dos varones y una mujercita que murió muy pequeña; sus dos herederos son profesionistas y también, por gusto propio, luchadores profesionales; siempre les inculcó el amor y la disciplina del deporte, del mismo modo que ahora lo hace con sus discípulos.

Se manifiesta en contra del uso de drogas en el deporte; trata de llevar una vida sana, no fuma, no toma, come con mesura y nunca se enferma; el único dolor que siente es el que le produce el entrenamiento y se considera más saludable que muchos contemporáneos suyos que nunca han hecho deporte. Jamás rehuye entrenar con los más jóvenes en el gimnasio, antes al contrario, ellos son los que le sacan la vuelta. Tiene conciencia plena que la lucha libre es un deporte espectáculo, pero sabe perfectamente que se debe estar muy bien preparado física y mentalmente para sobrevivir a sus exigencias. No le hace mucho caso a quien dice que esto es pura farsa, pues cuenta sus cicatrices y sus fracturas como colegiaturas de un aprendizaje constante. Ha apostado más de diez veces su capucha y nunca la ha perdido; ha sido un atleta ávido de instrucción y es un maestro dispuesto a transmitir su conocimiento.

Ésta es, pues, una pequeña semblanza de la sustancia de un hombre que, agarrándole gusto a lo que no le gustaba, hizo de su persona un personaje, al que ha nutrido con su propia vida, ha alimentado con su pasión, ha vestido de gladiador, al que le dio alas para volar por encima de la tercera cuerda, vigor para vencer a rivales imbatibles y, en este hacer, ha despertado el deseo oculto que tenemos todos de creer en los superhéroes. ¡Arriba los rudos!

Comentarios

comentarios