¡El valiente!

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Los Lagos Xalapa - xalapo.com

El Valiente.

(El preludio a lo que llaman la primera cita)

El domingo pasado aprovechando el calor que nos atormentaba en Xalapa, aproveché para sacar a mi perrijo Toby a pasear a Los Lagos y de paso sentir el solecito en mis pálidos brazos. Cuál fue mi sorpresa de ser testigo de un acto sublime, lleno de valor, coraje y fe.

Debido a que hace unos días rodé por unas escaleras, tuve que usar un bastón por varios días, pero eso no me impidió disfrutar de la caminata con mi peludo e inquieto acompañante.

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Toby y yo tardamos varios minutos en bajar por la rampa hasta llegar al primer lago, llevaba gafas para el sol, lo que me dio oportunidad de ver con mayor prudencia que, varios paseantes se me quedaron viendo como pensando “pobrecita, tan joven y tan jodida…de la pierna izquierda”. Poco me importó que me vieran como una maldita lisiada, seguí el camino lentamente, total a eso iba, a disfrutar del paisaje, sin prisa.

Lo primero que compré fue una botella de agua para mi crío, lo segundo fue una bolsa de churritos con harto chile en polvo pal antojo. Procedí a buscar un lugar a la sombra para sentarnos en lo que agarrábamos fuerzas para recorrer cada uno de los lagos.

Pasaron no más de diez minutos, cuando unas adolescentes, calculo menos de 17 años, se sentaron junto a mí, se reían, se tomaban selfies cada dos minutos y seguían riendo.

Toby estaba en su ambiente, olía todo, observaba a todos, tomaba agua, daba vueltas, se echaba, estaba tranquilo y tropical. Pasados otros diez minutos a lo mucho, se acercaron a las niñas unos morritos, quizá de la misma edad, pero con cigarro en mano como haciendo gala de que eran hombres de vicios… Yo solo reí a discreción.

Uno de ellos, el más valiente, se acercó y les preguntó a todas que qué estaban haciendo… Luego de unas risas nerviosas, una chica contestó que “estaban pasando el tiempo, nomás”, esto se va a poner interesante, pensé.

Mientras comía mis churritos con chile en polvo saboreaba la escena, el momento, ese momento que yo pasé hace algunos años y que al recordar se me vuelven las tripas de la emoción.

El morrito este, al que nombré en secreto “El Valiente”, siguió haciendo preguntas triviales, de esas que uno hace para romper el hielo y los nervios al querer conocer a alguien, pero la que más me llamó la atención fue: ¿Porqué tan solitas?, nooooooombre, casi escupo mis churritos, quería estallar en esa risa melodiosa que me caracteriza a 15 cuadras a la redonda, me contuve y clavé la oreja, entonces las chicas respondieron que “nada, solo paseando”, claro, la respuesta no podía ser más profunda ante filosófica pregunta.

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¿Hace calor, verdad?, ¿Tiene mucho que llegaron?, y otras más preguntas de ese tipo les hizo el valiente a las adolescentes mientras sus secuaces permanecían unos tres o cuatro pasos atrás de él, en calidad de escoltas, guaruras, cobardes o yo que sé.

La escena ya estaba perdiendo todo mi interés como observadora social, cuando de pronto escuché: ¿Cómo te llamas?, la pregunta no fue a cuatro chicas que estaba cuestionando, fue a una sola, la que le gustó desde que la vio. No logré escuchar el nombre por el ruido de un vendedor que pasaba, lo que sí noté fue un aire de pena, de nervio y de hormonas por doquier.

Las amigas de esa chica, “La Elegida”, no paraban de reír y mirar a los demás chicos. Parecía caricatura todo ese numerito. Mientras Toby hacía lo propio echándole ojitos a una chihuahua…

Total que todo mundo estaba ligando menos yo, lo único seguro de ese momento, era que lo tenía relatar de alguna forma.

 Después de atreverse a preguntar el nombre a la chica, le pidió directamente y sin escala su número de celular. Yo no daba crédito, pensé que eso ya no pasaba, en los tiempos de Facebook, Twitter, Instagram, Telegram y Tinder, ¿Quién jodidos pide de manera personal y directa el número de alguien?

La chica en cuestión, dejó de lado la risa nerviosa y cautiva y le dictó su número, pero los nervios del morrito lo traicionaron, dijo que lo esperara tantito porque se trababa su celular… Pasado ese instante, anotó bien el número.

-Luego te llamo o te escribo, ¿sale?, dijo “El valiente”.

– Sí, contestó esbozando una sonrisa, “La elegida”.

Después de varios churritos y una selfie que me tomé con Toby, el grupo de morritos se fue y las chicas también, cada quién por su lado.

Yo seguía riendo a discreción, mientras trataba de recordar cuándo fue la última vez que alguien me pidió mi número…

Muchos y muchas, acostumbran a agregarte a las redes sociales y a través de ellas romper el hielo, saludar, invitarte a salir, compartir publicaciones, etiquetarte, dar like a tus fotos, pero eso que hizo “El valiente” ya poco lo veo.

Los Lagos Xalapa - xalapo.comQuizá las formas y las preguntas no fueron del todo atinadas, pero qué importa eso si al final cumplió su cometido, el número de la chica en cuestión.

Me quedé pensando entonces cuanto tiempo tardaría “El valiente” en llamar a “La elegida” para acordar una cita. Luego volví en mi realidad y empecé lo que tenía haber hecho desde que llegué, la caminata con mi perrijo.

Al final del paseo recapitulé:

Toby coqueteó con varias perritas, pero a ninguna le pidió su número, terminé dándole varios churritos porque me puso cara de “No seas egoísta”, vi dos veces a un chico muy guapo que paseaba a su perro, pero tampoco le pedí su número, platiqué con una chava que llevaba a pasear por primera vez a su perrijo; terminé agotada, casi arrastrando el bastón, con más de 40 fotos tomadas, algunas publicadas en Facebook, otras más en Instagram.

Se ocultaba el sol y mis ganas de seguir caminando también, me enfilé con mi perrijo a tomar un taxi, ya no vi por tercera ocasión al chico guapo con su perro, ese que me hubiera gustado que me pidiera mi número como lo hizo “El valiente” con la adolescente.

Igual y el bastón que llevaba lo intimidó… Sí, yo creo que fue eso.

PD: Si les gustó compartan…

No sean gachos, síganme: @susanacórdova

 

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