Escala de grises

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ADVERTENCIA

 

El siguiente texto podría causar incomodidad, comodidad, gusto, disgusto, alegría, tristeza, pero sobre todo, cuestionamiento (de un sinfín de cosas, incluyendo la capacidad/facultad mental de su servidor, Pepe Pecas)

El amor en tres números:

1.La cadencia en cada paso. Esa mujer destila encanto.

     Inevitable como muerte, tranquila como caricia. Resignado me dirijo al café, al restaurante, al parque, a aquél lugar clandestino, oculto a plena luz. El mundo nos esconde. Nunca fuimos, nunca somos, nunca seremos pero siempre estamos. Como cada viernes, miércoles o día del padre nos hallamos, rozamos nuestras manos y nos inundamos de amor. La mirada furtiva, la adrenalina corre, el placer de lo secreto, de lo prohibido, de romper las reglas.

   La Poesía nos une, música de las musas, un par de bailes y encuentros deliberadamente accidentales.

2.La escala de grises.

     Es lo que nos salva y a la vez nos condena y alimenta pero nunca nos abandona. No ocurre nada pero ocurre todo. Cuando se vive en la escala de grises existe un doble sentido en cada acto. Nada es puro ni inocente, pero a su vez, no puede condenarnos.

     El amar… Broma privada no permitida a nosotros. Debemos movernos entre las sombras, con la cautela de un gato. Tomando lo que nos sirve, lo que nos llega y no queremos dejar pasar.

3.Fumando espero a la mujer que yo quiero.

     Esperamos tontamente el día en que podamos dejar la escala de grises y pasar a disfrutar tantos otros colores, a escoger nuestra paleta, a volverla propia.

No este día, no esta noche. Hoy debemos hacer de tripas corazón, tal vez mañana, tal vez el día nacional del pambazo…

     Cuántos hemos pasado por esto? Querer pero no poder, poder pero no tener, tener pero no querer, y vuelve a empezar el ciclo. A veces el café sabe mejor estando solo. A veces solo hay porciones matrimoniales, como colchones. A veces nos quedamos con un montón de sábanas que no le quedan a la cama.

     “Enamorarse hoy no es lo que solía ser”, dicen los que nos llevan más vida, hablan a veces de devaluación de los valores familiares, del respeto a las instituciones, de la lealtad a lo que amamos o de lo que inherentemente somos parte.

     Creo que es válido, que a veces podríamos considerar tales opiniones. Aceptar consejos que no nos parezcan buenos. ¡Vaya! incluso a intentar algunos que nos sean completamente contradictorios o que vayan contra nuestra forma de ser o de actuar. El conformismo y la lealtad son dos cosas muy diferentes pero fácilmente confundibles y tristemente menospreciadas.

Nuestra generación ha sido afectada por la cultura desechable. El cambio es inevitable pero puede ser informado. ¿Y si le echamos un poco mas de seso al asunto y vemos que puede funcionar?

     ¿Para qué arreglar algo si no está roto? Ésta ha sido muchas veces mi frase decisiva entre tomar acción y dejar pasar las cosas. Sin embargo, ¿y si está roto y no nos damos cuenta? o ¿qué tal que nosotros rotos estamos y por eso mismo no podemos reconocer lo roto en el mundo.

     A veces pienso que deberíamos tener fecha de caducidad en nuestra ideología. Ya que, aunque el cambio en todos es algo natural, no siempre nos damos cuenta y algo tan sencillo como saber que pronto nos viene una “actualización ideológica” podría detonar nuestro potencial… Otras veces se me caduca este pensamiento y, como todo, se desecha aunque casi siempre termine reciclándose.

     Demasiada verborrea por ahora! Mejor quédese con algo de música y nos leemos después con más calma.

Pepe Pecas @mentedominguera

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