Espacios para el peatón, una recuperación fallida

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Espacios para el peatón, una recuperación fallida

Cómo vivir en Xalapa


Mi ciudad es, en la vía de la práctica, una ciudad agresiva con los ciudadanos de a pie. En el diario devenir de la vida peatonal el que camina se enfrenta a todo tipo de obstáculos: escaleras, rampas para autos, postes, casetas telefónicas, banquetas en mal estado, vendedores ambulantes y muchas otras cosas más. El peatón no puede estar a salvo en su “hábitat” natural y, mucho menos, en el terreno ganado por los autos al espacio público.

Esto, tan evidente, tan obligado a ser arreglado por una cuestión elemental de sentido común es, sin embargo, un asunto que en las llamadas ciudades emergentes, como la nuestra, se mira como algo sin importancia o como algo muy normal. Por todo esto parece algo muy novedoso que observadores internacionales, expertos en la materia, hagan sugerencias a los gobernantes para que recuperen espacios para que la gente no sólo pueda caminar sin problemas, sino que incluso sirvan como áreas para la convivencia ciudadana. Tal es el caso de los espacios ganados en la calle de Lucio y en la avenida Enríquez, del centro histórico de Xalapa, que a muchos les parecieron cosas aberrantes porque atentaban contra el status quo de la hegemonía del automóvil.

Bien que mal la gente de a pie se ha ido acostumbrando a usar los terrenos ganados en esta batalla cívica peatonal, sin embargo, no tanto como se ha ido acostumbrando a perder muchos, pero muchísimos más en aras del comercio informal principalmente. Por esto resultaría gracioso, si no fuera trágico reírse de un asunto tan serio, que el Ayuntamiento, con bombo y platillo, haya anunciado otras intervenciones urbanas en otros puntos de la ciudad en donde se busca recuperar espacios para el peatón. Y digo gracioso porque apenas a unos cuantos metros de donde ha comunicado que intervendrá isletas y calles para regresárselos a los ciudadanos que caminan, el espacio peatonal, las banquetas, se encuentra totalmente intransitable por tanto vendedor informal que lo ha invadido.

Hablemos de dos puntos principalmente, para poderlos analizar debidamente en este espacio: la zona de la Rotonda y la confluencia de las avenidas 20 de Noviembre y Clavijero.

En la zona de la Rotonda se pretende intervenir una isleta pintada que, a pesar de un letrero enorme que prohíbe el estacionamiento sobre ella, siempre luce llena de vehículos; ésta se pretende comunicar con algunos pasos peatonales, toda vez que tratar de atravesar de una acera a otra de ese tramo de la avenida Revolución es una verdadera proeza. Lo anterior parece razonable, y hasta sería plausible si todas las calles y banquetas que rodean ese lugar no estuvieran llenas de puestos, de huacales, de cajas de plástico llenas de pescados y mariscos, de charcos de agua apestosa por el deshielo de estos mismos, de camiones de pasajeros parados hasta en tercera fila, de taxis haciendo sitio, de camionetas con personas vendiendo todo tipo de cosas y de montones de basura. Una verdadera incongruencia sería rescatar un pequeño espacio, como el que se pretende rescatar, si antes no se mete al orden a todo el comercio informal que ha hecho de ese sitio una tierra de nadie.

En el otro espacio, la confluencia de 20 de Noviembre y Clavijero, en donde según los “renders” presentados por el ayuntamiento de Xalapa, se plantaran flores en un hipotético camellón y se harán pasos peatonales a nivel de banqueta, ha sentado sus reales un taquero conocido como Marquitos, el cual ha invadido ya una cuadra completa, con mesas, sillas, cajas de refresco, cubetas y basura, y por la cual, a la hora de mayor venta (por ahí de medio día), es imposible caminar sin verse obligado a bajarse al arroyo vehicular o, de plano, mejor pasarse a otra acera. Cabe hacer mención que, de cuando en cuando, el alcalde degusta de las mercancías del taquero en cuestión, lo cual no sólo agrega más incongruencia a las intenciones de recuperar espacios para el peatón, sino que ofende al comercio establecido que, día a día, se las ve para pagar impuestos, pagar servicios y dar empleo formal a muchos xalapeños.

Congruencia se llama el juego, estimado alcalde, congruencia.

 

Alejandro Hernández y Hernández

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