Estar en un cierre de campaña y vivir para contarlo

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“Vamos a ganar, porque tenemos la mejor propuesta”

-Todos, absolutamente TODOS los candidatos políticos.

Después de 60 largos, larguísimos, eteeeeernos días, el 3 de junio llegó el fin de las campañas electorales de este periodo, vimos dimes y diretes, spots, carteles photoshopeados y un desperdicio enorme de presupuesto, que si lo llegáramos a juntar, yo creo que pudo ocuparse en cosas mucho más beneficiosas para la sociedad, pero pues no quedó más que verlo gastado en cuanta pendejada se les pudo ocurrir a los geniales equipos de campaña de cada candidato.

La cuestión es que el mencionado día, salí temprano de mi casa a dejar a mi hijo a la escuela (pues la verdad espero que se prepare bien y no termine escribiendo pendejadas en internet, como yo, aunque creo que podría tener futuro como, no sé, presidente) y de casualidad empecé a notar movimiento en mi calle, después de dejar a mi hijo en el colegio, atendí unas cosas de chamba y al regresar ¡mocos!, estaban instalando una enorme carpa que cubría toda la calle, pareciera que el circo Atayde daría función en plena vía pública… mi pensamiento no fue tan erróneo. Resulta que el jefe de manzana, un ruco suuuper lambiscón de cierto partido político (el primero que les venga a la mente, ándenle, ese mero) se le ocurrió ofrecer la calle, sin consentimiento de los vecinos, nada más por sus huevotes, para realizar el mitin de cierre de campaña de la candidata a diputada por el distrito que nos corresponde y no es ninguna avenida de 4 carriles, para nada, es una callecita, tranquila en donde el mayor escándalo es el que hace el camión del gas con su soundtrack de cumbias. Entonces, como les iba diciendo, al chingado jefe de manzana le valió madres que los vecinos tuvieran bebés, que en una casa se encuentra una viejecita convaleciente, de muy avanzada edad, a la cual se le brinda terapia con tanque de oxígeno, que los vecinos no pudieran estacionar sus coches en sus casas durante todo el día, que nuestras mascotas sufrieran de pánico por el desmadre, nada le importó, la cosa era que quería quedar bien con su partido.

Lo que sucedió después fue el infierno mismo, desde las 4 de la tarde, el ritmo de la chunchaca, reggaetón y banda sinaloense tomaron posesión del lugar, los cristales de la casa retumbaban como si el Tiranosaurio de Jurassic Park estuviera jugando correteadas por el barrio, los acarreados llegaron en varios camiones, empezaron a regalarles gorras, camisetas y sombrillas del color institucional de partido, aparecieron unos güeyes en zancos, unos payasos y hasta un imitador de Juan Gabriel para amenizar el desmadre, lanzando gritos de apoyo a la candidata, mamaseándola a más no poder, elevándola a nivel de mesías. La banqueta, el único medio para poder moverse por el lugar estaba atascado de gente, tanto así que no pude ni siquiera ir a la tiendita de a la vuelta a comprar un cono de huevos, había unos tipos que decían si sale ya no puede entrar, a lo cual puse mi mirada de asesino con dos días de no cagar y les respondí déjense de pendejadas, yo vivo en esta pinche calle. No hacía falta más que ver los rostros de los presentes para saber que no tenían ni puta idea de lo que ahí hacían, les dijeron vamos, habrá desmadre, música y regalarán cosas, palabras mágicas que movilizan masas, que atraen rebaños;  la imperiosa necesidad de acaparar objetos a la llegada de las playeras, gorras, sombrillas, aplaudidores, como si el destino del universo dependiera de ello, ver a las personas reducidas a sus más primitivos instintos.

La calle parecía y olía a mercado parisino del siglo XVII (para los que estudiaron en CONALEP, eso significa 17), había vendedores de dulces, refrescos, elotes y cuanta chingadera pudieran imaginar, porque extrañamente, no hubo repartición de tortas y refrescos para alivianar a toda la gente que estuvo esperando por horas a que la candidata se dignara a llegar y después descubrí que todos esos productos venían de un mismo proveedor, ya que al término del evento, observé cuando subían todos los remanentes a una misma camioneta, negocio redondo.

La hora llegó, eran casi las 7 de la noche, los animadores empezaron a elevar sus vítores, se escuchó el sonido de una batucada que anunciaba y abría paso a la comitiva de la candidata, ahí venía ella, saludando hasta de beso a cuanta persona se ponía en su camino, así no la volviera a ver en su vida, llega al estrado, la gente aplaude como focas en orgasmo, la candidata trae consigo un equipo de producción que va tomando foto y video “pa’l feis”, toma la palabra la secretaria del partido, la cual desconoce el funcionamiento de los micrófonos, ya que con aparato en mano gritaba y gritaba frases de apoyo a la candidata, después, un desfile de personalidades políticas de añejo abolengo que nada más iban a levantarle el brazo, según para brindar su aprobación. Después, la candidata misma toma la palabra, agradecimientos, mucho bla bla bla y música, mucha música amenizando el evento, hasta que por fin, después de otra sesión de fotos con los brazos por lo alto, terminó el mentado mitin. La gente se comenzó a retirar, no sin antes buscar por debajo de las sillas y donde fuera, algún otro souvenir que otros hayan olvidado, porque cinco playeras, seis gorras y cuatro sombrillas nunca son suficientes. Ahora, el desmontaje de toda la instalación, hasta las 9 de la noche pude ir a comprar mi cono de huevos, la calle lucía vacía, los vecinos por fin pudieron acomodar sus coches frente a sus casas y pudimos ir a dormir en santa paz.

Al día siguiente repito la rutina, salgo de casa y encuentro cáscaras de pepitas tiradas frente a mi portón, confeti regado en el piso y al jefe de manzana solitario, barriendo un poco del desmadre del día anterior, al pasar frente a él, me mira con cara de anda, échame la mano, a la cual encontró respuesta con mi mirada de chinga tu madre.

 Sí, las campañas han terminado y hasta el último día demostraron ser no más que un circo, una pachanga, ir a bailes, buscar el regalo, la despensa, no contar con propuestas claras y reales, simplemente los clásicos argumentos de vamos a combatir la delincuencia, vamos a apoyar a la educación, vamos a crear empleas, vamos a generar más obra, las mismas frases trilladas de cada periodo de elecciones y también, siempre las mismas mañas.

 

Hasta la próxima.

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Mi Twitter: @eldoogie

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