La belleza interior

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Audrey hepburn - xalapo.com

“La suerte de la fea la bonita la desea.” Refrán popular

“La suerte de la fea a la bonita le vale sombrilla.” Aforismo moderno

La naturaleza, en algunas ocasiones, no se anda con medias tintas. Dentro de todas las cosas que ha creado existen algunas con las que no se ha permitido resabios de moral ni ha ocupado criterios sentimentaloides. Simplemente ha tenido que hacer algo y lo ha hecho, porque era necesario o porque no hubo manera de dejar de hacerlo. Sólo así se explica la existencia de la sopa de col, la de los pobres sapos y la de las cucarachas. Y así como hay especies que no son nada agraciadas, también existen seres humanos que, ¡válgame Dios!, a ver si están feos.

Ser feo, sin embargo, tan solo es una cuestión circunstancial que no tiene nada que ver con la valía humana, moral y ética de las personas, por lo cual merecen todo nuestro respeto —y solidaridad—. No obstante, su condición se presta para el cotorreo y para dar rienda suelta al espíritu “fregativo” que todos llevamos dentro. Los feos, hablando del género masculino, son unos tipos a los cuales su poca galanura los impele a dar más de sí mismos en una relación, por lo cual son más atentos, más cariñosos, más fieles, etcétera. Es entonces, irónicamente, su misma fealdad lo que los hace buenos partidos. Pero, ¿qué sucede con las mujeres feas?, ¿son igualmente apreciadas como parejas por los hombres o por sus amistades? Creo que no.

La belleza en la mujer, hoy en día, está sobrevalorada, sus cánones son dictados por personajes que nadie conoce pero que deben ser unos malditos, pues son imposibles de seguir —a menos de que haya mujeres que puedan vivir comiendo sólo lechuga—. Esta imposibilidad, sin embargo, las mujeres pueden burlarla fácilmente, tan sólo tendrán que conseguirse una amiga más fea que ellas.

Las feas tienen muchas funciones sociales que la mayoría de las otras mujeres ignoran. Una amiga fea resalta la belleza de las otras. Sirve, contrario a lo que se pudiera pensar, como un imán para atraer posibles parejas; es decir, si una mujer está sola en un bar pudiera ser tachada de andar en busca de aventuras, en cambio, si estuviera acompañada de muchas otras, los galanes se podrían sentir intimidados, o, éstas le quitarían oportunidades si fueran igual de bonitas que ella; una sola amiga, y fea de pilón, le dará un aire respetable y será una especie de filtro social infalible —ante un acosador siempre queda la posibilidad de decir: “Es una noche de chicas, gracias” y despedir a quien sea con diplomacia—.

Las amigas feas nunca tienen plan, por lo tanto son excelentes para escuchar y para ayudar a una amiga durante alguna emergencia. No hay problema de que una bonita llore y se le corra el rímel frente a una fea, porque no existe competencia con ella, y tan no la hay que hay algunas bonitillas que no tienen empacho en recibirlas en sus casas sin haberse bañado. Una amiga así es excelente guardiana si la bonita se pone ebria, pues la cuidará, la protegerá de los buitres que la ronden, le agarrará el cabello cuando vomite y no descansará hasta haberla llevado a la mismísima entrada de su casa —si son estudiantes viviendo en otra ciudad, la meterá a la cama, incluso le quitará las zapatillas y le pondrá la pijama—.

Ciertamente tener una amiga fea tiene sus ventajas, sin embargo ser poco agraciada físicamente no es sinónimo de bonhomía, es más yo he conocido a algunas mujeres hermosísimas que son unas verdaderas arpías. Ya lo dijimos líneas arriba, la belleza es una circunstancialidad de la naturaleza; por eso, y esto nos debe interesar a todos, nunca debemos juzgar a nadie por su aspecto físico, pues hay gente bella por fuera pero horrible por dentro. Y si alguien, de los que se sienten hechas(os) a mano y se juzgan muy buena onda no me cree, que se saque una radiografía para que se conozca verdaderamente.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com

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