La cocina: la última frontera del hombre

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Gastrosexuales - xalapo.com

Gastrosexuales


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Francisco del Piero

Quizá por necesidad, quizá por gusto o a lo mejor porque últimamente el oficio de chef ha venido a más, el caso es que cada día más hombres estamos cocinando y, lo que es mejor, no lo hacemos del todo mal. Pero, ¿obedece este repentino gustillo a una moda pasajera?, ¿por qué de repente los programas con hombres cocinando se han popularizado en la televisión?, y, lo que es más chistoso, ¿por qué las mujeres han hecho a un lado las recetas de la abuela para cocinar, a ojos cerrados, lo que estos modernos gurús les indican? Nadie lo sabe con certeza, pero el caso es que está ocurriendo y los que son dados a las clasificaciones ya tienen un nombre para este nuevo espécimen: “ gastrosexuales ”. Hombres que gustan de cocinar y que no lo hacen mal son ahora clasificados en un apartado diferente de los metrosexuales y de los machos alfa.

Yo aprendí a cocinar por necesidad y ahora lo hago por gusto; en casa éramos cinco varones y mi madre, que trabajaba, tomo la decisión de enseñarnos a cocinar lo básico; un arroz sin que se batiera, una sopa de pasta bien condimentada, huevos en todas sus modalidades y una buena torta de jamón con sus frijolitos, su mayonesa, lechuga, rebanadas de tomate y, por supuesto, sus buenos chilitos en vinagre, fueron cosas que aprendimos a hacer con dos finalidades: una, no morirnos de hambre si no había quién guisara, y dos, no vernos obligados a comer atún enlatado todos los días. Ciertamente, entre los sencillos platillos que aprendí a guisar en mi adolescencia y un estofado de ternera o un foi grass, hay sus diferencias abismales, sin embargo, tanto unos como otros son alimentos que hay que cocinar y ambos, si no se saben preparar no sabrán bien.

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Christian Petersen

Cocinar es, a niveles gourmet, un verdadero arte; a niveles un tanto más domésticos, un instinto básico. Difiero con aquellos —y aquellas— que dicen que cocinar es difícil pues, como todo en la vida, la cosa nomás es aprender el método primario y lo demás, como dice la sentencia bíblica, vendrá por añadidura.

Pongamos por caso que se trata de guisar un espagueti y lo único que hay en el refrigerador es un poco de jamón y unas manzanas. Pues bien, ponga a cocer el espagueti con un poco de consomé en polvo, unas dos hojas de laurel y un poco de pimienta; mientras éste se coce ponga un sartén al fuego con un poco de aceite, si es de oliva mejor, déjelo calentar —esto es básico, el aceite frío es una purga— y agregue dos manzanas rebanadas —sin el corazón— y sazone con pimienta, cuando ya estén un poco transparentes agregue un ajo fileteado, deje cocer un poco y agregue el jamón en trocitos, deje que se impregnen los sabores y póngale el espagueti escurrido cocido al dente —ni duro ni aguado, dicho en términos entendibles—, cocine unos tres minutos integrando los ingredientes y sirva con queso parmesano rallado. Sabe riquísimo y el mismo procedimiento aplica para hacerlo con carne molida, verduras, atún, pollo desmenuzado, sardinas o camarones. ¿Ven cómo no es difícil guisar?

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Adam Liaw

El caso es intentarlo, arriesgarse, ¿qué es lo peor que puede pasar?, quizá que se le queme lo que esté guisando, pero hasta eso tiene un componente de utilidad: aprenderá a qué temperatura los alimentos pasan de cocidos a quemados. Estimada lectora, no sea como esa mujer que, llevando ya un año de casada, le dijo al marido que la llevara, para celebrar, a un lugar que no conociera y éste la complació tomándola del brazo y encaminándola hasta la cocina. Intente platillos sencillos al principio y vaya por cosas más difíciles a medida que vaya progresando.

Apreciado lector, si usted es bien “machín” y es de los que asegura que cocinar es cosa de “viejas”, permítame informarle que está usted bien pasado de moda; lo de hoy es que los hombres cocinen, aunque sea unos huevos con frijoles pero que cocinen. Anímese y tome un sartén —por el mango porque si no corre el riesgo de quemarse— y cocínele algo a su esposa, novia o pareja; sorpréndala con unos chilaquilitos con queso y crema —que son muy sencillos de hacer— o agrade a sus hijos con unos hot cakes calientitos —que tampoco son tan difíciles de cocinar—. Le aseguro que sus bonos como pareja y padre de familia subirán hasta las nubes.

Ya para terminar no me queda más que parafrasear al famoso pintor que salía en la televisión, Bob Ross, el de las ardillas felices que viven en sus cuadros —que nadie nuca vio nunca, por cierto—, y decirles: hasta la vista y felices guisos.

Alejandro Hernández y Hernández

Comentarios: motardxal@gmail.com


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